¿En plan de qué? ¡Desemplántate! – Gloria Jimeno

¿En plan de qué?  ¡Desemplántate! – Gloria Jimeno

¿En plan de qué?

De un tiempo a esta parte, no hago otra cosa que oír a mis alumnos una expresión que me resulta cansina, onerosa ya, de puro repetitiva: en plan.

La razón de mi lamento al detectarla en los diálogos de los alumnos, no estriba tanto en la alusión a la locución adverbial en sí, como en el extraño uso, que, a mi juicio, realizan, al socaire de cualquier tema. Cuando, pongamos por caso, pregunto en el transcurso de la clase a un alumno sobre asuntos literarios en estos términos: “–María, ¿a qué época o corriente literaria pertenece Garcilaso de la Vega?–”; ésta, sin pensárselo dos veces, me ofrece la respuesta siguiente, que concita toda mi atención:

“ –Pues, profe, al siglo XVI, en plan, al Renacimiento–”.

Deduzco, así pues, que, en ocasiones, esta expresión la utilizan los jóvenes como una locución conjuntiva, en el marco de lo que supongo podría ser una oración compuesta coordinada explicativa. Barrunto, entonces que, en realidad, ella estaría contestando lo siguiente: “Garcilaso pertenece al siglo XVI, es decir, escribió en el Renacimiento”.

Me parece oportuno traer a colación otro ejemplo que oigo a unos alumnos de una universidad privada de renombre, mientras espero el autobús:

“–Mi amiga Vanesa maquilla fenomenal, en plan, te da dos toques con la brocha y te deja fenomenal–”.

Como puede deducirse de estas palabras, es posible aventurar que se recurre a “en plan”, cada vez que se cree necesario aclarar un asunto, precisarlo o matizarlo, inclusive, con un ejemplo.

Sea como fuere, está claro que es un uso coloquial de los jóvenes, que me indican, es moderno, “pijo”, está de moda y les identifica con su nuevo concepto de ver el mundo. Esto me trae a las mientes el “o sea” que usábamos y se oía, cuando en nuestra época del cole frecuentábamos esas discotecas selectas del madrileño barrio de Salamanca.

Podemos colegir, de este modo, que en los ejemplos apuntados líneas más arriba, “en plan” se usaría como una locución conjuntiva de significado y uso parejo a “o sea”, “es decir”, “por tanto”…

El problema es que las más de las veces, los usos de mis alumnos no apuntan en esa dirección. En apoyo de esta tesis, ofrezco el siguiente ejemplo, que surge de modo inopinado, cuando un lunes, a primera hora, oigo a uno de mis estudiantes preguntar a su compañero, mientras estoy explicando, casualmente, el uso del vocativo:

“–Sergio, ¿en el fin de semana qué has hecho?–”

“–En plan, nos fuimos al cine y a merendar” –responde su compañero, haciendo caso omiso de mis explicaciones, obviamente, menos atractivas que las aventuras dominicales de su compañero.

Tras ello, y a modo de venganza, pido a Sergio que salga a la pizarra para que corrija el análisis sintáctico, y le pregunto por un sintagma de una oración. Él, con semblante pensativo, señala:

“–En plan, profe, es sintagma nominal–.”

A renglón seguido,  le pido a otro de sus compañeros que analice una oración, pero dice que no ha podido hacer los deberes, y se excusa en semejantes términos:

“–He estado fuera todo el fin de semana, y ayer regresé.  Se nos estropeó el coche, nos vino la grúa tarde, y en plan, se hizo de noche, y llegamos de madrugada. –

Y yo, ante semejantes explicaciones y contestaciones de mis alumnos, me quedo “en plan” atónita, dándole vueltas a la dichosa palabra, que oigo infinidad de veces durante la jornada escolar, y con tan diferentes valores. Puesto que parece ser que todo vale con esta palabra, y que puede emplearse también para sustituir al adverbio de tiempo “entonces”.

Hay que pensar, por lo dicho, que indefectiblemente, hemos llegado a un punto en que los alumnos emplean este vocablo como una muletilla, que deseo, ardientemente,  rogaría, incluso, no se consolide y perviva entre nosotros.

En las clases de Historia de la Lengua Española, que tanto me apasionaban en la época universitaria, los profesores nos aconsejaban, cuando nos asaltaran dudas sobre las acepciones de una palabra, consultar la inconmensurable obra de Joan Corominas, su Diccionario etimológico de la lengua castellana, para ahondar en su origen, toda vez que arroja mucha luz sobre los usos léxicos. Siguiendo los dictados de aquellos magníficos profesores, abro las páginas de este título de obligada consulta para un filólogo, y encuentro que  “plan” procede, en primer término del latín “planta”, entendida como “espacio que ocupa la base de un edificio, comparable con la planta del pie respecto de una persona”. De ello derivó luego, el uso de “planta” como “diseño de un edificio”, y por extensión, y, en francés, surgió un “plant” en 1569, que es el origen del vocablo castellano “plan”, documentado en 1737 con el valor de “escrito en que se apuntan las grandes líneas de una cosa”.

En el Diccionario de uso del español de María Moliner se registran ejemplos sobre esta palabra como “en plan de” (estar en actitud de hacer o estar dispuesto a hacer algo). Así, por ejemplo, es posible emplear “está en plan de echarnos una mano”; ahora bien, la locución lleva la preposición “de”, que no usan mis alumnos, con lo cual, aquí no hallamos una posible explicación a los usos comentados.

No soy capaz de entender muy bien la procedencia de esta expresión, pero estoy convencida de que no tardarán mucho nuestros ilustres académicos de la RAE en encontrar la razón de ser de este uso, y espero puedan precisarlo, e, incluso, censurarlo o rectificarlo, porque cada vez que resuena en las clases me resulta ya insufrible, “en plan”, me irrita y desespera.

 

Gloria Jimeno

 

 

 

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