Gabinete de curiosidades léxicas – I – La morada de la melancolía – Nicanor Gómez Villegas

Gabinete de curiosidades léxicas – I – La morada de la melancolía – Nicanor Gómez Villegas

Overview

Gabinete de curiosidades léxicas – I – La morada de la melancolía

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Kunstkabinet [Anoniem – Stedelijk Museum Wuyts-Van Campen en Baron Caroly – Stadsmuseum Lier – Lier (Antwerp / Anvers) – Koninkrijk België / Royaume de Belgique]

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Gabinete de curiosidades léxicas – I

La morada de la melancolía

Hace años tuve un blog que llevaba este título. Era el de un artículo que publiqué en la revista Rinconete. Aquel artículo y aquel blog tenían como título un sintagma que contiene dos palabras que siempre me han encandilado. Para Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Jesús en religión, la palabra morada tenía un significado especial y profundo. También para mí. La palabra melancolía, la enfermedad negra, siempre regida por el sol negro, la enfermedad europea por excelencia tenía para mí desde hace muchos años un significado muy especial. Muchas de las entradas de aquel blog, dedicadas sobre todo a la etimología y a la historia de las palabras, fueron escritas bajo aquella melancólica advocación.

La palabra abdomen procede del verbo latino abdere, “ocultar”, que en este caso puede significar tanto “que oculta las vísceras” como “lo que es ocultado por la vestimenta”. Al abdomen en griego se le denomina hypochondrion, neutro de hypochondrios, “lo que está debajo del cartílago”, las costillas falsas. Chondros, “cartílago”, procede de la raíz indoeuropea *ghrendh-, “aplastar”. De esta raíz tenemos, a través del griego, hipocondría, y a través del latín: freno, fresa y refrán, derivados del verbo frendere, palabras en las que se conserva la noción de “aplastar” de la raíz indoeuropea. Hipocondríaco designa en nuestra lengua al que padece hipocondría: “afección caracterizada por una gran sensibilidad del sistema nervioso con tristeza habitual y preocupación constante y angustiosa por la salud”, según la definición del DRAE, en claro homenaje a la teoría médica grecorromana que ubicaba en el abdomen o hypochondrion los órganos que producían o determinaban los diferentes caracteres. 

Para los antiguos griegos y romanos las vísceras que se hallaban debajo del esternón (noción griega) y eran ocultadas por el abdomen (noción latina) constituían la morada de la melancolía, etimológicamente la “bilis negra”. Un exceso de este fluido corporal o bilis, según las teorías de los cuatro humores de Hipócrates y Galeno, traía consigo un carácter melancólico. Los otros tres humores eran, recordemos, el flemático, el colérico y el sanguíneo. El nombre latino de la melancolía es atra bilis, “bilis negra”, un evidente calco semántico del griego. La glándula que segrega esta bilis es el bazo, y su nombre en francés y en inglés, spleen (del griego splen), hace referencia a estados de tristeza pensativa; una manera más de denominar a la melancolía, en este caso nombrando al órgano que la genera.

En nuestra lengua, de acuerdo con la 1ª acepción del DRAE, atrabiliario significa «de genio destemplado y violento»; sin embargo, su etimología es la misma que la de melancólico: «relativo a la atrabilis», esto es, la bilis negra o melancolía. Es interesante este deslizamiento semántico desde la noción de «tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada» a la de «genio destemplado y violento». Pocos son los que asocian un carácter «atrabiliario» con la melancolía en vez de con la irritabilidad.  

Otra manera de denominar a la moradora del abdomen es acedía (se puede escribir también acedia), palabra procedente del latín acedĭa, que a su vez viene del griego akedía (“sin cuidado o preocupación”). Este concepto denota en español “pereza, flojedad” y “tristeza y angustia”. El campo semántico de la melancolía en nuestra lengua es, como podemos ver, rico y complejo: melancolía, atrabilis, acedía, las tres siempre residentes en las entretelas inferiores.

Durero en su grabado alegórico titulado Melencolia I no representa a ésta como una aflicción depresiva, sino como un estado de espera de la inspiración, tal vez una señal del creciente culto literario que desde la Reforma se ha rendido a la melancolía. El personaje emblemático en la literatura europea de esta nueva visión de la melancolía fue el príncipe danés Hamlet. Desde la Reforma a Baudelaire y su Spleen de París un nuevo fantasma recorrió Europa, pero siempre encastillado en el abdomen.

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Albrecht Dürer – Melencolia I [Kupferstich – 1514 – Kunstsammlungen der Stadt Nürnberg – Nürnberg – Deutschland]

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Nicanor Gómez Villegas

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