En época de rosas – «El sueño de la Primavera» [Primera antología breve de poesía] – XXIII – Gloria Jimeno Castro

En época de rosas – «El sueño de la Primavera» [Primera antología breve de poesía] – XXIII – Gloria Jimeno Castro

En época de rosas

El sueño de la Primavera – Primera antología breve de poesía – XXIII

 

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Sinuosidades

Reverberan rayos en mi ventana,
rayos opalescentes y brillantes,
que se cuelan morosamente ante
mis ojos dolientes. Observo entonces
cómo atraviesan los bordados, así,
caprichosamente, cincelando
en la pared inquietantes figuras,
escenas quizás, de mi ayer fugaz.
Se llenan las vacías oquedades
circundantes, calmando mi ansia vital.

Clavo mis heridas pupilas en ellas,
distingo perdidos recuerdos infantiles,
momentos fenecidos y felices
que no volverán, que se borrarán
bajo el implacable paso del tiempo.
Vislumbro la tenue faz del miedo,
las esbozadas sombras trémulas
que atenazan el corazón y el alma.
Oigo la melodía del silencio,
la sinfonía de la sinrazón.

Me hundo en mis fugaces remembranzas,
navego por subterráneas aguas
del alma. Floto, inconsciente,
entre los restos de aquel pasado,
atenta al eco de palabras desusadas,
a voces queridas ya acalladas.
Inmóvil, sin fuerzas quedo,
cavilando sobre cómo se escapa
la vida frente a mí, ya que rauda
huye, no mira atrás, no espera nada.

 

 

 

Se me quiebran las pupilas oteando
los hundidos restos del pasado,
la ingenua alegría de antaño,
los anhelados rostros de antepasados,
que ya volaron, que se disolvieron
como polvo en sinuosos caminos,
enterrados ya en la cruel memoria;
ocultos bajo la pesada losa
de los años transcurridos ledamente;
senderos por mí frecuentemente hollados.

Trato de ponerme en pie y proseguir
el itinerario de mi existir,
inefable, inextricable hoy por hoy.
Mas no puedo, férreas cadenas
me ligan al desánimo y la pena.
Cristales punzan mis frágiles venas,
doblegan mi irresoluto ánimo,
y la soledad fustiga con saña
mi cuerpo transido de encontradas
emociones, y trasmina temor.

De improviso, dos engoladas palomas
sin más, sobre el alféizar se posan.
Enigmáticamente escrutan mi
mirada inquieta, impávida, absorta,
De repente, serenan mi alma,
iluminan mi cristalina mirada,
al traer en sus picos un algo conocido,
un secreto mensaje ya sabido,
de familiar esencia, sugerido
y desentrañado prontamente.

Me miran, se miran, y retoman
el vuelo hacia el luminoso celaje,
dejando tras de sí la sensación
de lo ya conocido, de lo querido.
Me siento henchida de cálida fuerza,
protegida, reconfortada, sin pena.
Me levanto decidida a seguir,
a buscar mi sino, mi existir
en el mundo; en fin, sin más, a vivir.

 

 

 

***

Gloria Jimeno Castro

 

 

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