En época de rosas – «El sueño de la Primavera» [Primera antología breve de poesía] – VII – Tomás Gago Blanco

En época de rosas – «El sueño de la Primavera» [Primera antología breve de poesía] – VII – Tomás Gago Blanco

En época de rosas

El sueño de la Primavera – Primera antología breve de poesía – VII

 

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Rosas de piedra, como restos de un naufragio…

 

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El viejo mar

El mar es un niño caprichoso me dijiste
El mar juega con los guijarros como si del tesoro del rey salomón se tratara
Y acaricia los cuerpos y mece las algas y empuja los peces hacia la luz de la mañana
El mar es un niño que se enfada y la espuma de su boca dura un instante
Como un llanto monótono, desganado
Yo seguía con atención tus palabras y tus dedos señalar misterios desvelados hace generaciones.
Luego vi tu cuerpo caminar erguido para abrazar su azul y su misterio
Y el mar ocupó tu figura y te llenó de sal y de deseo
Y vi un viejo astuto con ojos de pasión que te acunaba cadencioso
Con voz monocorde mientras sus brazos filamentosos se mezclaban con tu pelo
Vi el turbio ardor de sus aguas poner luz a tus labios heridos de amor
Y sus ojos azules acariciar tu sexo
Con lágrimas de olvido y abandono venció tu voluntad mientras te llevaba de la mano
Hacia el horizonte hacia los reinos marinos que habitan las sirenas
Los navegantes ahogados y los piratas valerosos
Hacia simas de tesoros donde tú serás reina y diosa y mujer marchita
Desde entonces busco tu figura en los restos de naufragios que llegan a la costa
Donde mi corazón se deposita como una fruta madura
Una rama cortada una esperanza rota

 

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El viejo mar

 

*

Sé que el mar…

Sé que el mar está ahí, detrás de las casas achaparradas de los pescadores, con la arena dorada esperando la huella de mis pies, con gotas de espuma salpicando los cuerpos desnudos, con el incesante movimiento de mostrarse y ocultarse bajo la arena.

Sé que aquí solo se oyen las cigarras, los coches con ruido de música repetitiva. Los mirlos saltando entre las agujas de los pinos buscando algo imaginario, por el mero placer de la existencia.

Sé que el viento que agita las ramas del chopo con sus raíces al aire, en un alarde de equilibrio, es el anuncio de la fresca brisa de la orilla. Que los gorriones en bandada recuerdan las gaviotas sobre el agua.

Sé que tu cuerpo dorado recibe el sol de la tarde, la caricia de mis manos transformada en luz, el beso de mis labios en tu pecho apenas anunciado.

Sé que me esperas y me buscas en los cuerpos de todos los que miras, que sueñas mi cabeza en tu hombro, mi sonrisa satisfecha en tu piel delicada, en tu boca sensual y definitiva, en tus ademanes de mujer madura.

Sé, que pronto abrirás la puerta, se concentrará en tu cuerpo dorado la luz del crepúsculo, el mirlo buscará su nido, el viento quedará suspenso, los coches circularán en silencio, todo se llenará de tu presencia, tu sonrisa saldrá por las ventanas y será nuestra la tarde.

 

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Tomás Gago Blanco

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