Impresiones de Egipto [Fotografías] – Josefina Martos Peregrín

Impresiones de Egipto [Fotografías] – Josefina Martos Peregrín

Impresiones de Egipto [Fotografías]

***

***

Impresiones de Egipto [Fotografías]

Volví hace pocos días de un viaje que me ha permitido asomarme al Egipto clásico, faraónico, para comenzar a comprender una civilización brutalmente resumida en los textos escolares, por disculpables imperativos didácticos: una civilización que comienza hacia el 3200 a. C. y acaba cuando es absorbida por Roma (se da la fecha convencional del año 31). Más de tres mil años, con sus reyes, jerarquías, administración, arquitectura, artes plásticas, literatura… no entran en la cabeza del estudiante que ha de asimilar la historia universal; necesariamente, al enseñar hay que simplificar, y así, muy simplificados eran mis conocimientos sobre el mundo egipcio. Algo de sus monumentos y el nombre de sus reyes más notables, que si Amenofis, que si Ramsés, que si el “místico” Akhenaton… sin olvidar al extraordinario arquitecto Imhotep o el “bombazo” llamado Tutankhamon.. Más la visión de Hollywood, deformada pero de innegable atractivo, con sus multitudes de esclavos, sus analogías imposibles, sus amores hondos y desdichados. Y las momias, esas momias egipcias siempre ansiosas de abandonar sus espléndidos y sucesivos ataúdes para acceder a una edad nueva donde hostigar a sus habitantes.

Comencé a vislumbrar un Egipto más cierto cuando me acerqué a su literatura, al Cuento del Náufrago, al de Los dos hermanos, al de Sinuhé (base de la novela de Mika Waltari); en ellos afloran modos y gentes imposibles de imaginar atendiendo solo a los datos históricos. Una vez más, la literatura se volvió el mejor vehículo para mis viajes en el tiempo; por poner un ejemplo, estas frases de Sinuhé ayudan a imaginar la concepción egipcia de la muerte: “Has pensado en el día del embalsamamiento en que serás conducido a la eterna bienaventuranza. Te será consagrada una noche con aceite de cedro, y las manos de Tait (‘Señora del lino’, diosa del arte de tejer) te colocarán las vendas. Se hará tu comitiva el día del entierro; tu envoltura de momia será de oro, la cabeza de lapizlázuli, y habrá sobre ti un dosel. Serás puesto en el sarcófago, tirarán de ti unos bueyes, te precederán cantores, se ejecutarán las danzas rituales y a la puerta de tu sepultura se recitarán las invocaciones de sacrificio y se matarán para ti víctimas”. Pero no solo disponemos de literatura, realmente no había aspecto de la vida ─material o trascendente─ que no consignaran por escrito; los escribas dejaban constancia de transacciones, pertenencias, rezos, himnos, poemas, burocracia…

Se calcula que solo un uno por ciento de la población sabía escribir, pero ese mínimo porcentaje se empleó a fondo, legando al futuro un filón de documentos que nos informan de múltiples aspectos de la vida egipcia.

Viaje en el tiempo que gana infinitamente si combinamos los testimonios escritos con la visita a los hipogeos, pirámides, templos, poblados, con sus esculturas, columnas, salas, patios, pilonos, relieves y pinturas. Arte admirable concebido de una manera muy diferente a la nuestra, porque pretende la perfección, entendida como fidelidad a fórmulas consagradas y consolidadas por los siglos (milenios), sin intervención consciente de la personalidad individual.

Sabroso de aproximación, de inicio, que me ha provocado la multiplicación de preguntas, pues cuanto más sé de algo, más crece la conciencia de cuánto ignoro. Nos pasa a todos y en todos los campos, aunque por fortuna, en egiptología los conocimientos aumentan sin cesar y cada día un buen número de egiptólogos bien preparados y entusiastas excavan, escrutan, descubren, traducen, confrontan y publican. Esta ha sido una de las partes más gozosas del viaje, la de conocer ─directa o indirectamente─ a arqueólogos entregados a su trabajo, en el que unen ciencia y pasión. Un privilegio el visitar yacimientos en proceso de excavación y proyectos en curso. Y una suerte tratar con los socios de la Asociación Española de Egiptología (AEDE) a los que cariñosamente llamo “egiptomaniacos” por su dedicación casi exclusiva al mundo del Egipto clásico.

Sin embargo yo, que no soy egiptóloga ni egiptomaniaca, vibro con este ayer sobrecogedor, pero no me impresiona menos el hoy, el Egipto actual, con sus gentes (ciento siete millones de habitantes), sus niños, su transformación imparable, aldeas, turistas, campos de un verdor esplendoroso lindantes con el más árido de los desiertos ─por cierto, solo al contemplar este contraste brusco entre fertilidad y desolación, he comprendido en todo su significado la frase de Heródoto: “Egipto es un don del Nilo”.

Y los burros tan chiquitos, y los perros sin amo, y ciclomotores, motocicletas automóviles… que no dejan de pitar. Pero también el pan delicioso, el falafel, la caña de azúcar, la fruta bienoliente. Y de nuevo el Nilo, siempre el Nilo, inmenso y generoso. Y el sol que muere, atraviesa las tinieblas en su barca pero se sobrepone a ellas, las vence y logra renacer. Porque todo renace, todo sigue su ciclo, de eterno adiós y eterno retorno.

*

Imágenes fotográficas

*

Josefina Martos Peregrín – 1 – Mastaba escalonada de Saqqara; con la AEDE he aprendido que no se trata de una pirámide, sino de una mastaba escalonada, obra del arquitecto Imhotep.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 2 – Pirámide de Jafra (Kefrén), en primer término, con el revestimiento original de piedra caliza que todavía conserva, y la de Jufu (Keops) en segundo plano.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 3 – Las mismas pirámides desde otro punto de vista: la de Jafra (Kefrén) a la izquierda; a continuación, una de las pirámides de las reinas, y la Jufu (Keops, a la derecha.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 4 – Restos de un templo en Saqqara.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 5 – Niños, niñas… Florecen en abundancia en Egipto.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 6 – En todo lugar surgen los niños, contentos de ver turistas.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 7 – El Nilo a su paso por Luxor, a la hora en que se pone el sol.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 8 – Orillas del Nilo en Minia, al amanecer.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 9 – Caricia fértil del Nilo (con perdón de la cursilería).

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 10 -El límite de la caricia.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 11 – Típico borriquillo egipcio, diminuto y fuerte.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 12 – Estas tortas están buenísimas (y los gorriones lo saben).

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 13 – Una de las pinturas de la tumba de Seti I, padre de Ramsés II, en el Valle de los Reyes. Completamente cubiertas sus estancias de bajorrelieves pintados en muy buen estado y de enorme belleza. Además es una de las tumbas más espaciosas y profundas.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 14 – Reflejos en el Museo de Saqqara.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 15 – El Nilo, por la zona central de El Cairo.

*

*

*

Josefina Martos Peregrín – 16 – El río Nilo, a punto de caer la noche sobre El Cairo.

*

*

***

Josefina Martos Peregrín

___________________________

Recomiendo a quien sienta curiosidad por el Egipto faraónico que indague en la web de la Asociación Española de Egiptología; ofrece charlas, vídeos, cursos, viajes, etc. – https://www.aedeweb.com

About Author