Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – LX – Como las abejas – Heliodoro Fuente Moral

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – LX – Como las abejas – Heliodoro Fuente Moral

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – LX – Como las abejas

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Como las abejas

Como las abejas,
yo esperaba también la venganza de las flores,
el borbotón de los hondos veneros de la vida,
la insurrección del alba,
la floración del gozo en el árbol de la noche,
el yunque de los silbos en todos los picos de las aves,
y la risa del sol en todas las aldabas
y esperanzas.

Pasó abril.
Y llegó un mayo ajeno y prisionero.
No llegó la luz
que refulge en las pupilas de los púberes,
ni las abejas libaron el néctar del pantone,
ni la aldaba del sol urgió el paso en el portón.

Y el borbotón de los frescos manantiales
lo fue de muerte. Y el yunque de las voces
fue campana de un adiós mudo,
ignorado, minusválido,
holocáustico…

Y el dos de mayo un millón de madrileños
se echó a la calle libre, eufórico, exultante,
como si otra vez el francés robara el dos de mayo;
y fue Valencia y Sevilla y Barcelona
termómetro de un gozo fulgente en las pupilas
y las voces, ajeno a la verdad:
veinticinco mil cien voces apagadas
en veinticinco mil cien urnas cinerarias.

Y volvían alegres, airosos, exudados,
tonificados, ajenos, liberados,
y triunfantes.
No hacen daño las cifras, por ellas no se sangra:
no duele lo invisible.
Lo importante es el aire y pensar en mañana.

En tanto, era dos de mayo,
-por mayo, era por mayo-,
de veinticinco mil cien muertos;
de aplausos y de olvido;
y de suma y sigue.

Era dos de mayo y no quedaba hueco en el reloj
para un minuto más,
para un solo minuto de silencio,
de recuerdo para ellos,
que sin flores,
ocuparon silentes como abejas la noche de sus celdas
columbares,
ignorados de lágrimas,
tan muertos…

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Heliodoro Fuente Moral

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