Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XLII – Carta de despedida – María Ángeles Rodríguez Marmolejo

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XLII – Carta de despedida – María Ángeles Rodríguez Marmolejo

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XLII – Carta de despedida

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Carta dedicada a los que tristemente se ha tenido que ir en la más terrible soledad a causa del coronavirus, y a sus familiares y amigos. Aunque no hay consuelo posible, que sean estas palabras la voz de los que no la han tenido para decir adiós.

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Queridos hijos:

Aún sigo aquí con vosotros, en ese espacio tan sagrado que me hicisteis nada más nacer, en vuestro corazón. Vosotros, el mío, lo ocupáis entero. Y, aunque ya no esté y no hayamos tenido la oportunidad de despedirnos, no quiero ver la tristeza en vuestro rostro. Si algunas lágrimas inundasen vuestros ojos, quiero que sean de alegría por el tiempo compartido.

Somos una familia y ese es el consuelo que ha de quedar en nuestras almas para seguir adelante. Seré testigo desde el cielo de vuestras risas y vuestros logros, también de vuestros pesares y abatimientos, pero siempre procuraré ser el soplo de fuerza que os levante ante cualquier contratiempo, para que seáis la tierra que siempre se sobrepone a la sequía y al diluvio.

Vuestras vidas han de seguir en calma y creciendo hacia el sol y la dicha, aunque vuestras raíces estén ahora heridas y no encuentren sentido a nada. Que no os puedan la rabia ni la desesperanza. Estoy en el mejor lugar donde se puede estar, y aguardaré, paciente y agradecido que, en otro tiempo, podamos abrazarnos de nuevo. Pero no tengo prisa, la eternidad ahora es mi tiempo y desde ella os guiaré y os cuidaré como siempre he hecho.

Escuchad el silencio que os habita y amadlo, porque en él sigo yo nombrándoos con furor, sigo yo vertiendo la luz en vuestra mirada, sigo yo dibujando un paisaje de ternura en vuestras manos, sigo yo temblando en vuestra voz con la dulzura de la brisa, sigo yo consolando con mi inocencia vuestras quejas más humanas, sigo yo rodeando de noche y de día vuestros sueños de magia, sigo yo resolviendo el misterio que plantean vuestros pensamientos, sigo yo inundando de flores y nubes vuestro universo para que sólo reine la felicidad, sigo yo borrando de vuestro camino la miseria y la injusticia, el temor y la impotencia, la frustración y el odio, sigo yo tragándome la soledad de vuestro dolor.

Lo invisible nos ha separado en cuerpo, pero no convertirá nuestros recuerdos en prisioneros de la aflicción. Ahora os prometo que todo es paz en mi respiración, que me he tenido que ir en la más tremenda soledad sin poderos dar un beso de despedida, pero ni el terror y la angustia de mis últimos momentos ha borrado vuestra sonrisa en mi mente.

Nos hemos despedido desde el amor. No olvidéis esto nunca. Ni la muerte impasible y venidera ha logrado cortar ese amor visible que nos llevará unidos para siempre.

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María Ángeles Rodríguez Marmolejo

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