Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XXXVI – La blanca flor y el gorrión – Gloria Jimeno Castro

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XXXVI – La blanca flor y el gorrión – Gloria Jimeno Castro

Poesía Ặntiviral – Poemas para la vida [Una acción poética urgente con motivo de la excepcional situación ocasionada por la pandemia del Covid – 19] – XXXVI – La blanca flor y el gorrión

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Atada al grisáceo amanecer de un extraño
y doliente día primaveral me encuentro.
Contemplo el caprichoso maridaje
del negro y del blanco en el nublado cielo,
cómo la naturaleza bajo su influjo,
melancólica y anhelante se torna.

Unas delicadas flores blancas apenas
logran enderezarse, hacia la tierra
se inclinan, dobladas por el peso
del dolor, de la impotencia y del
ansia de sentir el sol, de ver un cielo
límpido, puramente celeste, claro .

El aire que todas las estancias
orea, las mece, las agita,
las doblega aún más, a riesgo
de quebrarlas, de vencer su fragilidad.
Unos pájaros de ceniciento plumaje
en círculo vuelan, con sus trinos
atronadores parecen al mundo
despertar, invitar a aprovechar
el nuevo y regalado día de tonalidad
apagada, triste, nostálgica.

Fijo la mirada en unas rojas
flores, que, arrebujadas entre geranios,
se desperezan y se yerguen presurosas,
no parece detenerlas el gris reinante.
Un gorrión se posa a su lado,
las observa, admirado de su altivo
porte, y parece contagiarse de su
risueña actitud, y con pequeños saltos
recorre el balcón escrutándolo
todo, disfrutándolo todo.

Olisquea el espliego y el romero,
picotea las rosáceas dalias,
las blancas petunias. Todo lo
saborea, todo es una oportunidad nueva
que el día le brinda y no desaprovecha.
El grácil gorrión me mira curioso,
se pregunta por el porqué de mi desazón,
de mi dejadez grisácea y de mi melancolía.

Mis retinas reflejan aún los negros senderos
que vislumbro en la lontananza,
las negras veredas de flores y frutos azabache
que oteo desde mi verde atalaya,
pero el gorrión con su risueña mirada,
me contagia de su alegría,
sacude sus alas de cromático plumaje,
y de improviso borra las lóbregas estampas.

Su modo de indagar me alivia,
me permite desasirme del gris,
de la melancolía, de mis nublados
días, y sacar provecho del regalo
de una primaveral jornada plomiza,
pero de suaves y delicados aromas,
de acariciador calor, de aire
envolvente y fragante, dulce.

El gorrión levanta su vuelo y
va dejando tras de sí una estela multicolor,
cincela un arcoíris de esperanza,
un lumínico y dorado sendero,
al que trato de asirme, de aferrarme.
En el gris del celaje, el blanco
venció al negro en su pugna,
la luz emerge sobre la oscuridad,
y yo con él me sobrepongo y resurjo,
esperando que el mundo, como mi gorrión,
emprenda un esperanzador vuelo
de triunfo, de vivaz y alentador resurgir.

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Gloria Jimeno Castro

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