Una breve fenomenología de lo imaginario – Luis Roca Jusmet
Overview
Una breve fenomenología de lo imaginario
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Una breve fenomenología de lo imaginario
Llamo «imaginario» a la red de imágenes que constituyen la realidad mental de un sujeto. Son representaciones porque no son percepciones de algo físicamente presente. Son los restos de antiguas percepciones, conectadas entre sí de manera singular. Quedan como restos porque son, en algún sentido, significativas desde el punto de vista cognitivo o afectivo. Restos productivos que dan lugar a nuevas imágenes. Imágenes ligadas a palabras e insertadas desde aquí a unas estructuras lingüísticas.
El «imaginario social» es una red de imágenes significativas que están contenidas en las creencias y las instituciones de una sociedad determinada. En las sociedades tradicionales hay un imaginario claramente dominante, mientras en las modernas coexisten muchos imaginarios sociales, aunque siempre alguno tiende a ser hegemónico. En el primer caso es absoluto y en el segundo, relativo.
El imaginario contiene imágenes significativas relacionadas entre sí. Que las imágenes sean significativas quiere decir que son signos que quieren decir algo para el que las tiene. «Algo» cognitivo o afectivo. Es un sustrato que nos condiciona en nuestros automatismos porque la mayoría de las veces opera de manera no-consciente.
El imaginario condiciona nuestra percepción porque nos permite significar lo que percibimos. Esto podemos hacerlo de manera no-consciente o consciente. Si es de manera no-consciente quedamos atrapados por un imaginario que se ha ido sedimentando con muchos prejuicios. Si es consciente podemos distanciarnos de estos prejuicios y buscar una significación más propia.
Cada cuerpo tiene su imaginario, que nos singulariza pero que es producto de todos los condicionamientos externos e internos que son incluso anteriores a nuestro nacimiento. Nuestro imaginario da un significado a las percepciones y determina la respuesta. Solamente si somos capaces de darnos cuenta de este automatismo y podemos distanciarnos para tomar decisiones que escapen al determinismo de su mecanismo
El imaginario individual ( muy condicionado por el social) nos hace vivir en un mundo de significaciones que, sin embargo, debe mantener una continuidad con los hechos y los procesos en que estamos inmersos. Si no es así perdemos «el principio de realidad» y construimos un mundo paralelo al de estos hechos y procesos que constituyen lo que podríamos llamar «lo real». Aunque siempre hay distorsión se debe mantener un límite que nos mantenga con este contacto con lo real.
Cuando el imaginario de un cuerpo va más allá de los límites aceptables ( mantener el principio de realidad ) cae en la alucinación o el delirio. La alucinación es una imagen de algo ausente que sustituye a la percepción, que es la imagen de algo presente. La alucinación nos hace entrar en la confusión de lo que es imaginario y lo que es real y tiene consecuencias graves en nuestra adaptación al mundo en que vivimos.
El delirio es un discurso, no una imagen. Ni siquiera necesita alucinaciones, aunque a veces lo acompaña. El delirio es una construcción simbólica en la que la interpretación distorsiona totalmente el principio de realidad. El mundo real es sustituido por un mundo imaginario en el que el sujeto queda atrapado.
La ilusión es compatible con el principio de realidad. Viene a ser una construcción imaginaria en la que proyectamos un deseo. Construcción imaginaria que funciona como algo real pero que no interfiere en nuestra percepción habitual del mundo. Pero a veces la frontera entre la ilusión y el delirio es muy tenue.
Vivimos en un mundo configurado por nuestro imaginario, que marca los significados de aquello que percibimos y lo transforma en una experiencia subjetiva. El imaginario da a cada cual una perspectiva que es en parte singular pero que mantiene un principio común que es el principio de realidad La ilusión la hacemos compatible con este principio, que cuando se pierde nos lleva al delirio y a un mundo que ya no puede ser compartido con los otros.
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Luis Roca Jusmet

