«Judith Shklar y el liberalismo del miedo», de Fernando Vallespín – Luis Roca Jusmet
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Judith Shklar y el liberalismo del miedo, de Fernando Vallespín
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Judith Shklar y el liberalismo del miedo, de Fernando Vallespín
Hace ya unos años, en el paquete de libros que me enviaba la revista El Viejo Topo para hacer reseñas, llegó a mis manos un libro de la editorial Herder, de una autora desconocida para mí, Judith Shklar, que se llamaba El rostro de la injusticia. El libro me pareció apasionante y así lo hice constar en mi reseña. Partía de un planteamiento antiplatónico, que era que el sentimiento de injusticia es algo primario en el ser humano y que a partir de él elaboramos las teorías sobre la justicia. También hacía una buena aproximación hacia la figura de la víctima, entre otras cuestiones interesantes. La misma editorial publicó su libro fundamental, El liberalismo del miedo, con una valiosa introducción de Axel Honneth, que me pareció revelador. Posteriormente Roberto Ramos, desde su imprescindible editorial Página indómita, publicó una serie de libros de la autora, que él mismo tradujo de manera impecable : Vicios ordinarios, Sobre la utopía, los derechos en la tradición liberal y nuevamente El liberalismo del miedo (que incluía otro texto importante : “La teoría política y el gobierno de la ley”).
Fernando Vallespín, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid y reconocido ensayista y publicista, que ya había hecho un buen prólogo de la edición española de Los rostros de la injusticia, nos presenta una rigurosa y clara introducción a la obra de Judith Schklar. Una presentación de la autora, tan poco conocida en nuestro país y en los países de habla hispana, que me parece imprescindible, justo ahora que, como he comentado antes, la editorial Página indómita nos da la oportunidad de leer en español la producción más importante de la autora.
Nacida en Letonia en 1928 y de ascendencia judía, aunque de familia no practicante. Pero como decía Jean Améry, en aquellos tiempos ser judío era algo obligado para los que eran reconocidos como tales y a los que se les señalaba para determinar su mortífero destino. De esta forma, la familia Nisee ( su apellido original y su nombre Judita), aunque no sufrió directamente el genocidio por su condición judía, si tuvo que huir primero a Canadá y luego a EEUU. Finalmente allí se instaló definitivamente y Judith tuvo en Harvard una brillante carrera académica, más meritoria por su condición de judía extranjera y mujer ( fue la primera catedrática del Departamento de Ciencias Políticas).
Como bien señala Vallespín hay que volver a Judith Shklar porque su liberalismo es hoy más necesario que nunca. Lejos de las idealizaciones comunitaristas ( de Charles Taylor, Michael Waltzer o el hoy tan reconocido Michael Sandel), de los formalismos de una supuesta racionalidad inexistente ( como los de Rawls y Habermas) ella nos lleva al terreno de lo concreto y de la política real. Discrepando también de Hannah Arendt y su republicanismo de una vida activa que existió para pocos en la polis griega y que hoy es inviable. Debatiendo también con ella por su elogio de la Revolución americana como paradigma emancipatorio. Lo cierto, le recuerda Judith Schklar, es no hay que presentarlo sin hacer referencia al que también fue su fracaso : esclavitud, racismo y guerra civil. Y también polemizando con ella por considerar un elogio que fuera una revolución política que no estuviera contaminada por la cuestión social. Porque la cuestión social cada vez está más presente en la propuesta de liberalismo de Judith Schklar, es para ella fundamental, actitud que la lleva hacia posturas coincidentes con la socialdemocracia.
Su liberalismo tiene mucha influencia de Maquiavelo, de Montaigne y de Montesquieu. De Maquiavelo aprende que ningún sistema político acabará con los conflictos, lo importante es cómo gestionarlos favoreciendo a los más desprotegidos. Porque “el liberalismo del miedo” es el que entiende que lo que debe hacer la ley y las instituciones es protegernos del miedo a la crueldad, es decir a la crueldad y al miedo originado por el peligro de ser víctima de ella. La crueldad es para ella el único vicio absoluto. Que oportuno es recordarnos todo esto en este momento, frente a la violencia arbitraria de Donald Trump. Porque, en contra de Hobbes, el Estado no es solo el que nos protege de la violencia de los otros, ya que puede ser su peor agente. Por esto admira a Montesquieu y su defensa de la separación de poderes. De Montaigne hereda un moderado escepticismo ( que nunca lleva al nihilismo) , la defensa de la tolerancia y la del pluralismo. Porque el liberalismo, tal como ella lo entiende, no es una cosmovisión sino una propuesta de gobierno de mínimos, que evite lo peor y que permita a los ciudadanos una vida en condiciones dignas en la que puedan elegir su camino. Recoge aquí dos cosas de John Stuart Mill : la diferencia entre lo público y lo privado y la crítica a un Estado paternalista que te diga cómo vivir (la biopolítica en el lenguaje de Michel Foucault). Pero también algo de Rousseau en su defensa de las víctimas. Nada que ver, por supuesto, con el neoliberalismo. Todo lo contrario.
Un libro, en definitiva, que es una buena invitación a la lectura de una teórica política ( como ella se definía) que nos da una buena caja de herramientas para el análisis y para articular propuestas razonablemente emancipatorias de este convulso mundo en que vivimos. Sin caer en las ideologías, estos sistemas cerrados que llevaron al totalitarismo, ni en la identificación con los partidos, que solo conduce, como no podemos hoy dejar de constatar, al sectarismo y a la polarización. Su manera de entender la democracia liberal nos permite protegernos contra populismos de todo tipo en defensa de un auténtico Estado de derecho.
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Luis Roca Jusmet
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Nota
Fernando Vallespín. Judith Shklar y el liberalismo del miedo. Editorial Trotta [Colección Mínima], Madrid, 2025. ISBN: 978-8413643113.

