Cuando María Zambrano encontró a Baruch Spinoza – Luis Roca Jusmet

Cuando María Zambrano encontró a Baruch Spinoza – Luis Roca Jusmet

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Cuando María Zambrano encontró a Baruch Spinoza

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Cuando María Zambrano encontró a Baruch Spinoza

A primera vista sorprende que María Zambrano, la defensora de la razón poética, esté directamente influenciada  por la razón matemática de Spinoza. Entre el lenguaje poético y el matemático parece haber un abismo infranqueable. Pero si profundizamos en el tema podemos constatar dos cuestiones. La primera es que la propia evolución filosófica de María Zambrano le lleva de esta fascinación inicial a una cierta distancia cuando va materializando su proyecto filosófico. La segunda es que hay algo de poético en la obra de Spinoza, cómo tan bien expone Henry Meschonnic en su libro Spinoza, poema del pensamiento.  La misma María Zambrano hablaba de su paradójica mística de la razón.

María Zambrano pasó en 1927 una crisis que le llevó a afirmar, cuando ya tenía la licenciatura, que estaba a punto de abandonar la filosofía, pero  la lectura de la Ética de Spinoza (junto a las Enéadas de Plotino) le llevó a superar este momento. Decidió hacer en 1931 la tesis doctoral, bajo la dirección de Ortega y Gasset,  sobre “La salvación en Baruch Spinoza”. No la acabó aunque publicó un artículo con este título.

La salvación que propone Spinoza, como las escuelas antiguas, es a través de la ética. Para Spinoza, la virtud es el deseo adecuado de conservar la identidad singular, lo que nos hace ser lo que realmente somos. María Zambrano lo llamará destino. Para vivir bien hemos de tener las ideas adecuadas y para ello hemos de perfeccionar nuestra razón. Lo mejor para un ser humano son los otros seres humanos si se establecen relaciones desde el amor y la cooperación. La ética de Spinoza considera complementarios el cuidado de sí y del otro a través de las dos virtudes necesarias del coraje y la generosidad. Buscar estos buenos encuentros y evitar los movidos por el odio y la envidia. Políticamente esto se traduce, tanto en Spinoza como en María Zambrano, en la defensa de la democracia  Cuando las circunstancias nos son desfavorables e inevitables debemos  encajarlas con serenidad.

Afecto es, para Spinoza, la potencia de una idea. Puede ser, constructiva o destructiva y lo primero lleva a la alegría y al amor y lo segundo a la tristeza y al odio. Este planteamiento de la filosofía cómo terapia del alma, como forma de vida o ejercicio espiritual (cómo diría años más tarde Pierre Hadot) resulta muy atractivo a Spinoza.

Para Spinoza. el ser humano no es «un imperio dentro de un imperio» sino que forma parte de un orden natural que el sabio debe entender. Esta visión resulta también muy interesante a María Zambrano. Dios cómo la Naturaleza en el sentido amplio y el ser humano como parte de esta totalidad también le resulta muy interesante a María Zambrano. Lo que plantea radicalmente Spinoza es que la libertad viene de la beatitud, un estado en el que se supera la dualidad para llegar a lo que llama el Amor intelectual de Dios. No es una experiencia mística porque la vía es la que viene del poder del entendimiento a través de la intuición intelectual, pero es paralela a ella. Pierre Hadot la llamó siglos más tarde la experiencia unitiva: salir de uno mismo para abrirse a lo Absoluto. Esto lo hace afín , igual que a María Zambrano, a las vías no dualistas.

Pero la razón poética de María Zambrano la coloca en una alternativa diferente de la de Spinoza, que se basa en el concepto y considera que las imágenes y símbolos forman parte del primer nivel de saber, el imaginario. Spinoza, cómo filósofo, continúa el error iniciado con Platón. La via para llegar a la Verdad, que es la de la intuición, es radicalmente distinta en un caso y en el otro. De Spinoza dice que tiene una “claridad destructora». Para María Zambrano el camino de la Verdad no puede ser tan cristalino, tan transparente. La razón poética introduce el camino del símbolo y de la imagen, que Spinoza rechaza cómo elementos del orden inferior del saber, el imaginario. Las vías para llegar a la intuición, que para los dos nos abre a Dios, son entonces bien diferentes.

Por otra parte, para Maria Zambano el ser humano es substancia, persona. Con cuerpo, alma y espíritu. Un alma singular y un Espíritu que nos trasciende para abrirnos a lo Cósmico. Spinoza, en cambio, no acepta que somos Persona, porque para él solamente somos modificaciones de Dios, sin entidad propia. Y Spinoza tiene una influencia cartesiana, que María Zambrano nunca aceptaría, de reducir la tríada espíritu / alma / cuerpo al dualismo cuerpo / mente.

Seguramente para María Zambrano la obra de Spinoza es la culminación de la razón filosófica. Pone de manifiesto sus posibilidades, pero también sus limitaciones. Este es precisamente el reto de María Zambrano, el de superar la razón filosófica con la razón poética. Frente a la exposición geométrica de la Ética de Spinoza, Claros del bosque nos sumerge en un mundo de símbolos e imágenes bien diferente.

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Luis Roca Jusmet

Categories: Saldos & Retales

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