‟Montevideo” y dos poemas más de Iván Suárez Santana
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Montevideo y dos poemas más de Iván Suárez Santana
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Montevideo y dos poemas más de Iván Suárez Santana
I
A-9
La jeringuilla no calma las trémulas llagas,
El humo me ahoga de tanto tragarlo,
Tantas venas que sangran son un rito en la noche ceniza,
Un espejismo que me nombra y se identifica con mi cuero,
Como el mescal con la piel del sibarita.
La isla destroza mi soledad,
Ciega mis ojos,
Se vende como una puta de pesetas.
Es la memoria un nido de tumbas extranjeras,
De bocas borradas del paisaje,
De manos borrachas entre rejas,
De lunas solas,
Sueños almacenados,
Ociosos recuerdos naufragando en el mar,
Asesinos que retornan como héroes abrasando mujeres,
La cadencia de una palabra no dicha,
El salto del pez entre la espuma de los ojos que mueren,
La casa que me habita y nadie vio su interior,
El invitado me venderá luego de tomar mi sopa.
Los vicios caen sobre nosotros como las moscas sobre la mesa,
Como la noche al ciego,
Como la sarna al perro.
Soy la ausencia y el ausente.
[de El ocaso del suicida, inédito]
*
II
MONTEVIDEO
A Daniela.
El dolor de la eternidad es insoportable.
Ver llover es como estar llorando.
Amor mío,
Puta mía:
La mano que hoy brinda contigo
Mañana comprará el más avispado de los puñales.
El que pierde la Fe
Tiene que vivir como un Dios.
[de Memoria del Infierno]
*
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*
*
III
A Ella
La memoria es una trampa, María,
Una red sedienta que no merece el sacrificio del pez,
Lo que el perro calla,
Los ojos del profeta al nombrar al traidor,
El cigarro de un loco que se sienta en la guagua,
Lo que Dios esconde.
La memoria es una trampa y yo no seré el tigre que caerá en ella.
No para mí ese último cáliz,
Esa herencia de todo lo vivido,
Esa visión que nos manda a la muerte,
Ya no hay olvido,
Ya no hay recuerdo,
Ya nada espero…
Soy todo ese libro que anuncia el caos,
Esa trampa tejida con la sangre,
Esos tristes y solitarios ojos que no volverán.
La mesa donde bebió el traidor antes de vender al hombre.
Y la muerte llegará con mis manos,
Como llega el día ahogando todo el misterio,
Todo lo que somos,
Ahora nadie te oye,
Nadie te mira,
Sólo yo sé la verdad de tu nombre,
La historia que fui creando,
Porque tú no existes,
Yo te inventé.
El era un poeta;
Ella una puta.
[de El ocaso del suicida, inédito]
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Iván Suárez Santana

