Dos poemas de Ioana Catsigyanis
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Dos poemas de Ioana Catsigyanis
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Dos poemas de Ioana Catsigyanis
I
Lo que se escucha cuando no se ve
Los ojos vendados,
se tensa el oído
¿por qué el pizzicato de un violín
introduce a un bosque?
Entre el negro absoluto, que perforan las notas,
vienen unas mujeres
cantando polcas, un brillo entre las ramas,
las mejillas
carcajadas enloquecidas
un puerto ahora
y una fanfarria
debajo de los faroles
los bronces estallan,
se arremolinan las voces de las mujeres,
hilos se entretejen,
se van alejando,
se desintegran poco a poco,
de nuevo
silencio,
pero una cuerda
queda vibrando,
un recuerdo que flota,
al llegar al puerto,
acá también anocheció sin luna, pensó,
y el otro, al otro lado
del Atlántico,
sólo escucha la puerta de barrotes
que se abre, que se cierra,
la cuerda
y su doble,
sube y baja,
punzante, la oscuridad es profunda,
¿hasta dónde llega el sonido
de la cuerda tensada
y dónde
comienza a ser memoria?
Crepita
un monte de otros tiempos
cada vez más calor,
el calor es el guía
hacia dónde dirigir los pasos.
La fogata se agiganta, la temperatura
aumenta. Sólo se escuchan las ramas,
se desmorona todo un
bosque.
No lo vieron venir.
Hay quienes cantaban, los ojos hacia las estrellas,
caminando entre cadáveres, y casandra
deportada en una isla,
aullaba al viento.
Es belleza
los sonidos de una orquesta desordenada
afinando
en el exacto momento previo
al silencio que antecede al concierto,
el desconcierto o promesa de lo que está por venir.
Vamvakaris podría haber muerto en la Boca,
pensó y bajó de la autopista,
las cuerdas de un bouzouki golpean como gotas
en el parabrisas que suda,
o llora,
después del trabajo, sólo puntadas de bouzouki,
la niebla conurbana no deja ver más allá.
(Inédito)
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II
Le cri et l’écrit
No hables,
trabaja
Una mujer doblada
sobre el campo busca
hierbas salvajes
para alimentarse
sus gestos son sus únicas palabras
un hombre en un campo
de trabajos forzados
levanta el pico
cava la tierra
¿su tumba?
entre las rocas
reluce
la palabra que estaba necesitando
Aúlla la gaviota
y sobrevuela el mar
en círculos
mientras busca comida
¿por qué no se puede cantar
mientras se trabaja la tierra?
En la fábrica,
en el hotel, se canta
la canción que ayude
a transitar las 8
o 10 horas
sin mirar el reloj.
La medusa
muda murmura
con todo el cuerpo,
su gesto es su palabra
Imposible ir más lejos
llegar hasta la piedra más lejana
pero tan cercana también.
Las palabras que se busca yacen,
en la caverna donde se teme entrar:
una roca que canta,
un grito transmitido en el tiempo,
la voz de un dios susurrada al oído.
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Ioana Catsigyanis
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Nota biográfico-literaria
Ioana Catsigyanis (Buenos Aires, 1976) estudió Letras Clásicas en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de París IV. Fue profesora de Literatura y de Griego Clásico, investigadora y correctora de estilo en diversos sellos editoriales. En el año 2006 se radica en París para especializarse en literatura griega contemporánea bajo la dirección del Profesor Henri Tonnet. Actualmente se desempeña como profesora universitaria de Lengua y Culturas Hispánicas en Francia. El paso del equilibrista es su primer libro de poesía. Las hilanderas, Ruta 197 y Grandes Ecoles son tres nuevas series de poemas, todavía inéditas.


