Agorafobia [Fotografías] – Josefina Martos Peregrín
Overview
Agorafobia [Fotografías]
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Agorafobia
Encuentro fotografías tomadas tiempo atrás, y me pregunto por qué habiendo tanto mundo exterior, campos, almendros, rambla, montaña y calles y gentes, pasaba horas fotografiando en casa y en el cuarto oscuro de revelado… Vaya pregunta tonta, cómo si no supiera la respuesta: me aquejaba una enfermedad grave pero invisible. Recuerdo y me digo que es buena señal haber olvidado por un momento aquella pesadilla que me invalidó durante más de diez años. Si no la curación total, conseguí mantener el trastorno dentro de unos límites tolerables.
Solo quien lo ha padecido puede comprenderlo, pero quiero expresarlo, quiero favorecer una mínima comprensión: Sentir la puerta de tu casa como una frontera, salir con los pasos contados, atada por una cadena invisible que te impide llegar más allá, sentir miedo al miedo y no poder contárselo a nadie porque si tú misma no lo entiendes, cómo lo van a entender los demás.
Una cadena recia, cada día más corta, te sujeta a tu nicho, te mantiene encerrada entre cuatro paredes, impidiéndote incluso asomarte a la ventana. No comprendes las razones del pánico, pero está ahí, intenso, insufrible: ahogo, visión nublada, temblor y el corazón que escapa y las piernas que fallan; y no vale que te digas “No pasa nada” porque basta bajar las escaleras del metro, escuchar el fragor de trenes y voces o subir al autobús para perder el control.
Pánico que se desata y te domina con más facilidad cada día y si al principio surgía ante un abismo, ahora basta una escalera. Si empezó en andenes siniestros, ahora se desencadena en una calle cualquiera, incluso en las más tranquilas, porque te ha ido devorando y ya no eres dueña de tus movimientos.
Imposibles los transportes públicos, imposible conducir, imposible cumplir cualquier obligación fuera de casa, y nadie lo entiende.
Te ha costado meses admitir que esta sinrazón es real, que no es casualidad ni desmayo por falta de alimento ni enfermedad cardiaca, que el miedo vive contigo, dentro de ti, que lo despiertan situaciones antes triviales y cotidianas. Has debido armarte de valor durante días para confesarlo a quien más amas, a aquel en quien confias, y encuentras que no le da importancia, comenta “¡Pobrecita!” y sigue viendo la televisión.
Te hundes, disimulas cuanto puedes, pero llega un momento en que ya no puedes más: todo estalla, tu vida estalla porque gritas, por fin gritas, y a tu alrededor exclaman “¿Por qué, por qué? Si todo iba bien”. Loca, lo temías, lo sospechabas. Loca.
Se suceden psicólogos y psiquiatras y parece que tampoco comprenden; te cargan de medicación, excesiva farmacopea que algo alivia, pero sigues aterrorizada, sin dejar de percibir la sentencia ajena, “Nunca ha estado bien de la cabeza, pero esto ya es mucha tontería, pocas ganas de trabajar”. Huyes de la ciudad, de andenes, muchedumbres, vecinos y tráfico. Ilusionada, arribas a la aclamada “tranquilidad del campo”, esa que no existe, porque una cosa es la naturaleza y otra muy diferente un pueblo, y ya se sabe “Pueblo pequeño, infierno grande”.
Cierto que ves el cielo y disfrutas del silencio; te enamoras de los olivos y de las cumbres, pero sigues sin poder salir sola, limitada, siempre limitada por tu agorafobia. Miedo al miedo y a que los demás se enteren de tu trastorno; te ronda la locura, vives en continuo vértigo; no hay asidero ni apoyo, y da igual que la familia te quiera si niega tu enfermedad, te culpa y te malinterpreta.
Sigues encadenada, pero te domina la necesidad de expresarte, acudes a las imágenes y te vuelcas en fotografías extrañas realizadas en el encierro de tu casa. Cuando te sacan de paseo, es decir, cuando te acompañan al campo, cortas ramas, cazas insectos, para luego, en tu recinto, jugar con lo recolectado y con pañuelos, flores, telas, vasijas… Creas una escenografía de elementos presos, en un intento de control que compense tu doloroso descontrol.
Y hoy encuentras unas cuantas fotografías, solo unas pocas, de aquel tiempo de tortura, ocultación y silencio.
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Imágenes fotográficas
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Josefina Martos Peregrín

