«Azorín»: un género en sí mismo [Con motivo de la jornada literaria organizada por la Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de Cultura en la Fundación Ortega-Marañón, bajo el título «Azorín: la Historia como prisma. 150 años del nacimiento de Azorín»] – Juan Luis Calbarro

«Azorín»: un género en sí mismo [Con motivo de la jornada literaria organizada por la Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de Cultura en la Fundación Ortega-Marañón, bajo el título «Azorín: la Historia como prisma. 150 años del nacimiento de Azorín»] – Juan Luis Calbarro

Azorín: un género en sí mismo [Con motivo de la jornada literaria organizada por la Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de Cultura en la Fundación Ortega-Marañón, bajo el título «Azorín: la Historia como prisma. 150 años del nacimiento de Azorín»]

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Juan Etxebarria Zurikaldai / Juan de Echevarría Zuricalday – Azorín, con la ciudad de Ávila al fondo [1922 – Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía – Madrid – España]

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Azorín: un género en sí mismo [Con motivo de la jornada literaria organizada por la Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de Cultura en la Fundación Ortega-Marañón, bajo el título «Azorín: la Historia como prisma. 150 años del nacimiento de Azorín»]

La Dirección General del Libro, el Cómic y la Lectura del Ministerio de Cultura ofreció ayer en la Fundación Ortega-Marañón una jornada literaria magnífica bajo el título «Azorín: la Historia como prisma. 150 años del nacimiento de Azorín». Ofició de moderador José Luis Villacañas, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense, y fueron ponentes dos expertos en la vida y obra del escritor del 98, la filóloga María Dolores Dobón Antón y el historiador Francisco Fuster García.

Villacañas introdujo el evento con la oratoria sabia y dulcemente persuasiva que es su prenda; recordó la importancia de Schopenhauer y Nietzsche en su obra y señaló que podía acordarse vivamente de la muerte de José Martínez Ruiz en 1967 como un acontecimiento que la cultura oficial interpretó como el final de una época. «Azorín», afirmó, «constituye una forma completamente propia de hacer literatura española y una de las formas más precisas de estilo».

Lola Dobón, doctora en Filología Hispánica y en Filosofía, profesora de la Universidad Europea de Madrid e investigadora especializada en la influencia de los pensadores de finales del siglo XIX en los escritores del 98, comentó diversos aspectos de la peripecia vital y el carácter del levantino («fue un autor muy prolífico, con 140 libros y más de 5500 artículos y, sin embargo, se quejaba con frecuencia de su abulia»), de sus relaciones con otros miembros de la generación del 98 y de su evolución ideológica del anarquismo más radical a un conservadurismo que le permitió recibir el reconocimiento de los escritores falangistas en el Madrid de la posguerra. También recordó, a propósito de un epistolario inédito entre Azorín y Baroja que editó en 1995, que, en aquel momento de efervescencia generacional, varios escritores del grupo intercambiaron textos y notas que se incorporarían a la obra de sus respectivos receptores: una especie de escritura colaborativa sorprendente y explicable en el contexto de una generación que compartía con solidez formación, intereses y amistad. Es, por ejemplo, el caso de El mayorazgo de Labraz, de Pío Baroja, que fue rematado gracias a las aportaciones de Azorín.

El doctor en Historia Contemporánea y profesor de la Universidad de Valencia Francisco Fuster proporcionó varias claves de la biografía de Azorín que está próximo a publicar. Puso de manifiesto las diversas contradicciones sobre las que cabalgó el autor de La voluntad: entre su declarada abulia y su notoria grafomanía; entre sus protestas de desinterés por la política de la Restauración y su desempeño como diputado cunero durante cinco legislaturas –y sus aspiraciones a ser ministro–; entre su liberalismo en el sentido más noble y su relativa connivencia con el régimen de Franco; entre la excelencia de algunos de sus libros y la medianía de otros. «Su mejor obra está en los periódicos», dijo; «hizo descender la literatura al periodismo». Fuster habló del escaso eco del teatro experimental de Azorín y denunció –y el resto de la mesa coincidió con él– el abandono que la obra del autor alicantino sufre actualmente por parte de la cultura oficial en la comunidad autónoma que lo vio nacer: no existe una Cátedra Azorín, ni se promueve su estudio ni su publicación. El factor político (se trata de una persona conservadora y de un valenciano que escribió en castellano) levanta una barrera para su reconocimiento en la España de hoy.

Los ponentes recordaron que Mario Vargas Llosa, como antes Benjamín Jarnés, ha afirmado que Azorín, más que clasificable dentro de los géneros clásicos, constituye un género en sí mismo. Autor de una obra muy prolífica en la que caben lo mejor y lo no tan bueno, señalaron a instancias de miembros del público algunas de las obras más adecuadas para iniciarse en su lectura. Coincidieron en que La voluntad (1902), siendo excelente, requiere una considerable formación filosófica a la hora de abordarlo con garantías. La profesora Dobón elogió una breve novela de juventud, Diario de un enfermo (1901). Francisco Fuster recomendó obras como La ruta del Quijote (1905) o Un pueblecito (Riofrío de Ávila) (1916).

Los asistentes al evento disfrutaron del alto nivel de las intervenciones y del entorno libresco: las estanterías atestadas de libros legados por Ortega y Gasset –quien, por cierto, fue responsable del concepto de «generación del 98» que popularizó Azorín, a quien se suele atribuir–. A la salida, una tormenta con fuerte alarde de truenos recibió en la calle a un público más que satisfecho. José Martínez Ruiz habría empleado su peculiar puntuación, sus adjetivos dispuestos de tres en tres y sus reflexiones sobre el eterno retorno para eternizar la caída de esa tarde.

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Algunas imágenes fotográficas del evento y de la biblioteca de la FOM

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Fotografías tomadas por el autor.

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Juan Luis Calbarro

Categories: Crítica Literaria

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