Duchamp à bicyclette – Francisco Molina González

Duchamp à bicyclette – Francisco Molina González

Overview

Duchamp à bicyclette

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Julian Wasser – Marcel Duchamp With His Bicycle Wheel [at the Duchamp Retrospective 1963 – Pasadena Art Museum] [today Norton Simon Museum – Pasadena – California – USA] [Source: https://hiltoncontemporary.com/marcel-duchamp-with-his-bicycle-wheel-1963/?v=692e8df1db82]

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Duchamp à bicyclette

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Marcel Duchamp & Man Ray jugando al ajedrez
en los tejados del Théâtre des Champs Elysées – Fotograma de Entr´acte [1924 – René Clair]

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¿Por qué fascinó la Rueda de bicicleta a Duchamp?

Las ambigüedades y medias verdades que el autor de Rueda de bicicleta manifestó a Pierre Cabanne en su ya clásico Conversaciones con Marcel Duchamp señaló que disfrutaba al mirar dicha Rueda girar de la misma manera que le fascinaba contemplar el fuego de la chimenea, negando con ello cualquier intención o pretensión intelectual al respecto. Resulta llamativo que el artista rechazado del Salón de los Independientes y transformado en anti-retiniano disfrutara estéticamente con la mirada. Increíble.

Pero vayamos por partes. Para intentar entender el trabajo de Duchamp habría que destacar el origen de los conceptos más frecuentes de su obra, sus motivos constantes, los cuales surgen por primera vez a partir de sus dibujos de los jugadores de ajedrez, El rey y la Reina, etc. Por lo tanto, es de interés poner de relieve de forma sintética lo común de ambas actividades, el arte y el ajedrez.

2. El ajedrez, como los juegos de palabras, lleva a la imaginación por otros derroteros. Duchamp hizo varios dibujos sobre Le Roi et la Reine traversés par des Nus vites (Neully, 1912) donde vites (rápidamente) se confunde con bites (penes) que recuerda al sistema de los juegos de palabras (contrepéterie) de Raymond Roussel, donde el cambio de una letra cambia el sentido de toda la frase. Dentro de este conjunto de dibujos, dicho término se fue modificando desde un fort et un vite, a otro como travérses par de Nus vites (penetrados por desnudos (vites) rápidos o (bites) con pene) y a un posterior travérses par des Nus en vitesse [2]. El concepto de erotismo (bites) y velocidad (vitesse,) que tiene un origen común, se va a propagar por toda su obra.

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Marcel Duchamp – Le Roi et la Reine traverses par des Nus en vitesse [1912]

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Este breve artículo tratará, sobre todo, acerca del concepto de imaginar el movimiento, como le dijo a Pierre Cabanne. Al final de su vida, y ante el encasillamiento de su obra en distintas vanguardias, ya fueran Dadá, Surrealismo…, que ponían de relieve el valor del inconsciente en el arte, junto con la incomprensión que suponía su trabajo para el público, decidió sacar a la luz sus Notas de la Caja Blanca para aclarar que, efectivamente, sí había una intención intelectual en su trabajo. Así pues, en la recopilación Duchamp du Signe, cita a algunos matemáticos tales como Henri Poincaré y Élie Jouffret [3].

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Dos ejemplos de polícoro o politopo flanqueando la Roue de bicyclette.

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El segundo ready-made, cercano a la Rueda, es el Portabotellas (Porte-bouteilles, 1914), con forma de pseudo-esfera con ganchos exteriores para colgar los frascos. Como se puede ver en la imagen, el conjunto de este “poliedro” esta compuesto por círcunferencias ensambladas con radios exteriores, pedunculados, que también participarían en el imaginado único giro para generar un volumen resplandeciente. Este interés por las formas luminosas lo representó por primera vez pictóricamente en Portrait du Dr. R. Dumouchel, de 1910, donde la mano milagrosa tiene un halo de luz. Su atracción por la pseudo-esfera lo mantuvo hasta el final de su vida cuando diseñó una chimenea en Cadaqués, donde curiosamente mezclaba la geometría con el fuego de la chimenea como, supuestamente, había hecho con la Rueda.

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Porte-bouteilles [1914] – Pseudo-esfera – Portrait du Dr. R. Dumouchel [1910]

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Entre finales del siglo XIX y principios del XX hubo matemáticos y autores de ciencia-ficción que pretendieron demostrar que era posible visualizar la cuarta dimensión; uno de los más relevantes fue Charles Howard Hinton, que publicó en 1904 The Fourth Dimensión, un sistema de cuadrados y cubos de colores que tenía dicha finalidad. Duchamp, testigo de su tiempo, se interesó a lo largo de su vida por la manera en que percibimos las dimensiones de la realidad. En la década de 1920, construyó una serie de discos (Disques avec spirales, 1923) que contenían dibujos y textos que facilitaban dicha labor. Poco tiempo después realizó una película con Man Ray, en 1926, titulada Anemic cinema o, también, Anémic Cinéma, que tenía por meta desarrollar nuestra capacidad de visualizar el paso entre dimensiones espaciales y también verbales. Todo esto, quizá, con la intención de acomodar, interpretar e incluso, construir un sistema visual para “ver”, uniendo de otra manera la imagen y la palabra con el movimiento, característica esencial de su obra. Esto era ir un paso más lejos que la utilización de la imaginación para visualizar la cuarta dimensión.

El trabajo mental es imaginar, el equivalente a calcular en una partida de ajedrez. Hay que considerar el funcionamiento de las obras de Duchamp como si fueran proyectos de poliedros porque, al fin y al cabo, las Notas de la Caja Blanca giran en torno a especulaciones sobre la cuarta dimensión. Una de las representaciones quizás más enigmáticas es la Broyeuse de chocolat, de 1914, supuesto aparato que vio en un comercio y que guarda bastantes similitudes con la Rueda. Si las comparamos las dos, podemos apreciar cómo el pedestal de dicho objeto es una mesa equivalente a la banqueta y la Rueda convertida ahora en tambores cilíndricos tridimensionales, donde aparecen representados los radios de los círculos y las generatrices laterales insinuando que, con su movimiento alrededor de sí mismas y del eje, tendríamos una representación escalar superior a la hiper-esfera y, tal vez, aventurándonos a imaginar, un prototipo de máquina del tiempo [7]. Herbert George Wells, con su novela The Time Machine, había popularizado dicho artefacto ya en 1895 y este proyecto había seguido anidando en la imaginación de muchos artistas y científicos, como puede comprobarse, en nuestro caso, atendiendo a los libros recomendados por Duchamp en la Caja Blanca [8] El modelo de velocidad circular de la Rueda se utiliza hoy día en el anillo del CERN a la búsqueda de nuevas partículas, Algo que también podría tener lugar en el haz giratorio continuo de luz de Ronald L. Mallett y, de un modo más utópico, en el modelo cilíndrico de Frank J. Tipler, que consiste en una máquina giratoria que arrastra el espacio-tiempo para generar agujeros de gusano.

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Rotorelief Oeuf à la coque/Lanterne chinoise [1953 – 1965] – À Bruit secret [1916] – Broyeuse de chocolat [1914]

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Los hilos, ejes, radios, líneas generatrices aparecen por primera vez como protagonistas solitarios en los 3 stoppages étalon, de 1913 – 1914. Son hilos dejados caer a un metro de altura sobre tres planchas con barniz para que queden fijos, atrapados, congelados sus movimiento, “azar en conserva”, como decía el propio Duchamp, y que, efectivamente, aparecerán posteriormente representados unidos en otras obras como en los réseaux des stoppages, de 1914. El título hace mención a un patrón de medida, en este caso, concebido como posible metáfora de las limitaciones del espacio convencional. Pero, si – como hemos venido exponiendo – dichos hilos son los radios de un “esqueleto”, como los de la Rueda, de un poliedro que se mueve y se deforma al azar por la gravedad y el movimiento de la tierra, como si fueran péndulos de Foucault, recrearían una escultura blanda parecida Pliant… de voyage, de 1916. Conviene recordar que la idea de «esqueletos» aparece también en el Grand Verre, en la Mariée y en la zona de los célibataires, como en el Cimetière des uniformes et livrées 1 [1913] y 2 [1914], en este caso, llenos de gas. En los 3 stoppages étalon sólo es posible visualizar la lentitud de un cuerpo que mueve sus radios, líneas generatrices, cayendo al azar.

Similar al ready-made de los 3 stoppages étalon, Duchamp, realizó en 1942, en Nueva York, una instalación llamada A mile of string para la exposición del surrealismo organizada por André Breton. Dicho proyecto consistía en una enorme telaraña de cordel como una celosía que impedía o dificultaba la visión de las obras allí expuestas. Como en À Bruit secret utiliza una sola cuerda desplegada que lo envuelve todo, en este caso sin ningún orden, al azar, como una metáfora geométrica del caos, del que sólo podemos vislumbrar los luminosas radios y aristas.

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3 stoppages étalon [1913 – 1914] – A mile of string [1942]

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Por último, cuando se cuarteó el Grand Verre, como consecuencia de su rotura parcial durante un traslado, Duchamp se alegró, pues consideró que el azar, esa mano invisible de la cuarta dimensión, había terminado su obra, la había firmado. También pudo haberse alegrado porque dicha rotura había provocado hilos de luz, similares al efecto de la cuerda de A mile of string, pero equivalentes a los destellos de los radios, en su giro, de la Rueda que, como decíamos al principio, fue el origen de su obra.

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Mark Kauffman – Marcel Duchamp detrás del Grand Verre en el Museo de Arte de Filadelfia, en retard... [1965]

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Francisco Molina González

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Notas al texto

[1] Pierre Cabanne. Conversaciones con Marcel Duchamp. Editorial Anagrama, Barcelona, 1972. ISBN: 978-8433904065.

[2] Jean Clair. L’oeuvre de Marcel Duchamp. Catalogue. Musée National d’Art Moderne – Centre Georges Pompidou, Paris, 1977. ISBN: 978-2858500215.

[3] Marcel Duchamp. Duchamp du Signe. Écrits. Flammarion, Paris, 1976. ISBN: 978-2080607720.

[4] Élie Jouffret. Traité élémentaire de géométrie à quatre dimensions et introduction à la géométrie à n dimensions. Gauthier-Villars, Paris, 1903.

[5] La idea del esqueleto es esencial en su obra como se puede ver en el apartado de «La Mariée squelette» en Marcel Duchamp. Duchamp du Signe. Écrits. Flammarion, Paris, 1976. ISBN: 978-2080607720.

[6] Élie Jouffret. Traité élémentaire de géométrie à quatre dimensions et introduction à la géométrie à n dimensions. Gauthier-Villars, Paris, 1903.

[8] John William Dunne. An Experiment with Time. A. & C. Black – Faber & Faber, 1927.

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