El eco de una voz [Breve relato inspirado en el texto inscrito, en escritura jeroglífica egipcia, en la Estela de Taimhotep] – Ana Herrera Barba

El eco de una voz [Breve relato inspirado en el texto inscrito, en escritura jeroglífica egipcia, en la Estela de Taimhotep] – Ana Herrera Barba

Overview

El eco de una voz [Breve relato inspirado en el texto inscrito, en escritura jeroglífica egipcia, en la Estela de Taimhotep]

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Taimhotep Stela [Detalle en el que se aprecia a Taimhotep, a la derecha, según se mira, orando devotamente bajo el disco solar alado ante Seker / Sokar-Osiris, Apis, Isis, Neftis, Horus, Anubis y un símbolo de Oeste] [EA147 / British Museum – London – UK] [Source: https://www.britishmuseum.org/collection/object/Y_EA147]

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El eco de una voz [Breve relato inspirado en el texto inscrito, en escritura jeroglífica egipcia, en la Estela de Taimhotep]

Ya te siento en mi vientre, hijo mío, y veo en ti al varón que traerá la dicha a nuestras vidas.

Cuando mi padre me entregó al gran sacerdote Pasherienptah III, aquel verano del año XXIII, yo era todavía demasiado joven. Según cuentan, hijo mío, nací el día noveno del cuarto mes de la inundación, en el año IX, bajo el reinado de Ptolomeo XII. Abrí mi corazón de doncella inocente a las puertas del amor y acepté con humildad los designios de los dioses. No hubo otro afán, desde entonces, en mis horas, que contentar el alma agradecida de mi esposo, tu padre,  con el nacimiento de un varón. Mi primer alumbramiento fue una hija. Y tres veces concebí y nacieron niñas. Mi espíritu se debatía entre  el cariño que sentía por ellas y el  deseo de que tú nacieras. Crecía el dolor del sacerdote y crecía mi propio dolor. La felicidad dejó de reinar en las estancias, antes alegres, de nuestro hogar, y mis súplicas al dios bienhechor Imhotep, hijo de Path, se hicieron cada vez más fervorosas. Todo el mundo se regocijó cuando te concebí, por fin, hijo mío. Y aquí te llevo en mis entrañas, mientras espero gozosa el momento en que veas la luz de la vida por primera vez y todos nuestro desvelos se vuelvan alegría.

Después de varias lunas, hoy, hijo querido, te puedo arropar con pasión entre mis brazos. Es tanta la felicidad que me embarga, que dejaré constancia de este tiempo en una losa de piedra abierta a cabalgar los siglos. Y estas serán para la eternidad las palabras de gloria de la Estela de Taimhotep.

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Ana Herrera Barba      

Categories: Amaranto

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