Lamento y júbilo en «Preámbulo del largo insomnio», de Alba Navarro Herrera – Una reseña de Ana Herrera Barba
Overview
Lamento y júbilo en Preámbulo del largo insomnio, de Alba Navarro Herrera [Reseña]
***

***
Lamento y júbilo en Preámbulo del largo insomnio, de Alba Navarro Herrera
Preámbulo del largo insomnio es el nuevo poemario de Alba Navarro, publicado en la Colección Monosabio, 113 / Poesía, dirigida por Francisco Ruiz Noguera y Diego Medina Poveda, en una edición del Ayuntamiento de Málaga, Área de Cultura y Patrimonio Histórico, 2024.
Desde un inicio la lectura del título nos introduce en un mundo onírico de condición surrealista. Al leer la dedicatoria a su padre, José María Navarro Ortiz, nuestro espíritu igualmente se llena de ese aire al que alude la autora, impregnado de profundos sentimientos y, por otra parte, de una calidad poética extraordinaria: “Llena mis manos, padre, con el aire de tu cuerpo / y vacía de tiempo la tarde”.
Perfectamente estructurado en tres partes, de doce poemas cada una, el libro presenta el carácter unitario en su esencia, significado y contenido, del que hablaba Ruiz Noguera en el acto de presentación del MUPAM el pasado diciembre, y como decía Medina Poveda, cada uno de los epígrafes de esas partes es un poema en sí mismo:
I “El viento ahogado en esta noche / arrastra todas las voces que no he sido”.
II “Un silencio irreversible se despliega / sobre las remotas dunas del subsuelo”.
III “Busco en el desorden de mi espíritu / imaginar lo indescifrable de la vida”.
Fruto de sus incontables lecturas poéticas, la autora nos conduce a través de brillantes citas textuales por las voces de Vicente Aleixandre y de otros poetas a los que admira, entre ellos el propio Ruiz Noguera, y las poetas María Victoria Atencia y Rosa Romojaro, que han inspirado fuertemente su poesía. Entre los nacidos fuera de nuestro país encontramos a la estadounidense Elizabeth Bishop, al colombiano Álvaro Mutis y al filósofo alemán Walter Benjamin. Como signos esenciales del estilo poético de Alba Navarro predominan el versolibrismo y las asombrosas metáforas que nos hacen gozar de una belleza singular.
Es obvio que, al caminar por algunos de estos poemas, sentimos la presencia de Baudelaire en Las flores del mal. Hay una serie de elementos nominales que se aprecian desde el inicio de la escritura, y es la recurrencia a los pájaros, a los árboles, a la hoja caída, a la noche, al sueño, a los ojos, a las ruinas, a un esqueleto, a los cadáveres, a un suburbio, a los cementerios, a las fuentes, a las alcantarillas, a las ratas, a los insectos, a la niebla, al vacío, pero también a la flor. Este universo de reminiscencias románticas, de contradicciones existenciales que conforman el mundo de la escritora entre el día y la noche, la alegría y la tristeza, la vida y la muerte, nos deja entrever un conjunto de sentimientos relacionados con los recuerdos, la derrota, la esperanza y el amor, ese amor que fluye en casi todas las páginas y que no es, en definitiva, y por encima de su propio pesimismo, más que un canto a la vida en todas sus dimensiones: las ciudades que ha visitado, los espacios donde ha vivido y las personas que han formado parte de su entorno.
“El frío no se detiene”, primer poema del libro, nos habla del dolor, un dolor que transita por nuestra alma, que se suaviza con el tiempo, pero que nunca llega a desaparecer. La contemplación de la persona amada es fuente de otros tantos versos sublimes. En “La bondad de lo salvaje” el cuerpo que se desliza bajo el agua es capaz de inspirar metáforas sorprendentes, como aquella en que el amado es “soplo de otro mundo”. El deseo de establecer un reflejo entre la realidad y su ser físico y emocional es otro rasgo de la voz poética, como notamos al leer el bellísimo poema “Eclipse”: “Me intuyo en el trazo / de un eclipse que se aleja / incapaz de retener / en un mismo cuerpo / la sombra y la luz”. Es consciente de los límites que nos impone lo terreno: “Estoy dormida dentro de este sueño / y, en todos los sueños, yo: / un estado de inmortalidad limitada”. El paso del tiempo, Tempus fugit, tópico recurrente de la literatura universal y atemporal, destaca en su magnitud. Un segundo, un momento vivido, en su naturaleza de efímero, en su expresión de fugacidad, se convierte en eterno, en infinito, tan solo por el hecho de haber existido: “Todo queda y nada permanece”. La película Fresas salvajes (1957),dirigida por el sueco Ingmar Bergman, también es motivo de inspiración para la poeta. Es un canto onírico, imperfecto y maravilloso a la soledad que anida en la raíz del ser humano. Un eminente médico debe viajar a la ciudad para recibir un homenaje. Durante un sueño contempla su propio cadáver y decide viajar en coche y detenerse en la casa donde pasaba las vacaciones cuando era niño, un lugar donde crecen las fresas salvajes y donde vivió su primer amor. Esta historia conmueve al yo lírico que hay en Alba Navarro y le hace componer el extraordinario poema “Evanescencia”, que comienza así: “Al mirar en sus sueños presencia la renuncia / del tiempo ante la nada, del ruido ante lo eterno / […] / Aquel niño absorto en la infinitud del juego / descubre en un instante su cuerpo envejecido”. La composición “Cordelia” se asoma al nombre escrito sobre una tumba, en la “Lápida desnuda” de un lugar lejano en sus viajes por Europa: “Cordelia, escrito está tu nombre /─sombra de tu cuerpo confundida─ / bajo el musgo de una losa”.
El pájaro se convierte en protagonista de muchas de las trovas. Pájaros que caen, vuelo abatido, aves heridas, hojas caídas, la nada proyectándose entre ellos, el viento que los enlaza. La nada y la muerte aparecen como el destino irrefutable de todo ser vivo mientras que el dolor “se aferra a la carne” en una envoltura de miedo: “Un pájaro enlazado al viento / que se eleva sobre el miedo a caer”. Sin embargo, la esperanza se yergue entre los versos de “Aurora boreal”, poema que hace referencia a Mari Boine, cantante noruega que despliega su voz en la frialdad de la tundra anunciando la llegada de la aurora boreal: “Cuando la huella del caribú se derrite en la tundra, / cuando se pierde esa huella en la tundra, / cuando es hostigada la huella en la tundra, / suena una canción de Mari Boine / que anuncia la llegada de la aurora boreal”. Por encima de cualquier derrota triunfa el impulso de la vida. Es por ello que, más allá del desastre o la pérdida, la voz poética confía en un renacimiento victorioso, triunfador, que nace de las profundas entrañas del universo y cubre el vestigio más pequeño de vida. Y seguimos nadando en el silencio como la omisión de todo testimonio y de todo interrogante, en lo indescifrable y el vacío. Siguen apareciendo las flores muertas y los pájaros que buscan donde arrojarse. El silencio y la nostalgia se apoderan de una casa vacía donde “No quedará nadie”. Este poema toca gravemente mi sensibilidad (haciendo uso ahora de la primera persona), pues esa casa es mi casa de la infancia donde por los pasillos deambulan mis recuerdos y las figuras y rostros de tantos seres queridos que nos han dejado atrás. Mi emoción se enciende cuando Alba habla de la trenza de su madre, mi trenza, la trenza que su abuela (mi madre), guardó en un cajón de la cómoda liada en un paño blanco y que el paso del tiempo no ha sido capaz de destruir: “Cuando esta casa sea solo las ruinas que quedaron / […] / Me llevaré la trenza de mi madre / liada en un trapo / las cenizas de los muertos / […] / no quedará nadie / en este lugar estremecido / que recuerde nuestra historia”. Y en el patio de esa casa, ella misma, la futura poeta, aprende entre libros: “Entre los robustos muros de cal y piedra / donde juntas crecieron la niña y la palabra”. Siempre el recuerdo está presente cuando vislumbra la silueta entre brumas de la gente que ha perdido, el ladrido de algún perro y las canciones cantadas.
“Proclamo”, una composición de carácter barroco en palabras de Ruiz Noguera. De nuevo, el sujeto lírico proclama lo irremediable de la muerte, la huida del tiempo, las cenizas que seremos (recordemos las cenizas de aquellos inolvidables versos barrocos del gran Quevedo: “Serán ceniza, mas tendrá sentido; / polvo serán, más polvo enamorado”.), el camino hacia la eternidad. La descripción en “Entelequia” nos muestra los aspectos más sórdidos y surrealistas de una ciudad invadida por la nocturnidad: “Pasajeros de los trenes de la noche/ […] / os muestro mi cuerpo, / una entelequia”. Trata de definir el tiempo, la ventura, el gozo, la fiebre. Encuentra la utilidad de la poesía, del poder del amor, de la firmeza de la hoja vacía a la que entrega sus palabras. La ciudad se convierte en un elemento relevante de estas hojas vacías por donde, en medio del caos, también pasea el amor y los momentos inolvidables de sus estancias en el extranjero. “Mi cuerpo es todo líquido”, en este asombroso poema el cuerpo adquiere diversas dimensiones. La escritora se ve transformada, caudalosa, fluida, ondulada, desbordada e irreal: “Irreal. / En planos acuáticos / queda eternizada / esta mutación onírica”, y de nuevo, cambio, eternidad, surrealismo. Encontramos en esta última parte un recuerdo cariñoso a la ciudad sueca de Västerås donde vivió días de esplendor: “La belleza en esa pequeña flor agitando / la helada primavera de la vida”. Se va cerrando el libro con un poema maravilloso, sublime: “Ciudad de paso”: “Fueron tres meses / de desayunos al borde la almohada”. Los aspectos más bellos de las estancias, del río, de los parques y bulevares conviven con los más lamentables y, en medio, un caudal de sentimientos y emociones intensas como “El vértigo que nos causaba / seguir andando entre la multitud / […] / Y todo el esplendor que vivimos / fue arrastrado por los hondos canales”. Y llegan los últimos versos en “Leer un poema”, y no podía ser de otra forma que dedicar sus palabras finales a la palabra y al acto de leer, a esa obra escrita, pequeña en sus dimensiones físicas, pero grande y eterna en su dimensión poética, esa obra que contiene la dimensión de la vida: “Leo un poema escrito en noches lejanas a la muerte”.
Damos la más grande y sincera enhorabuena a la poeta Alba Navarro por hacernos transitar por lugares y emociones intensas a donde sin sus versos nos resultaría imposible llegar.
***
Ana Herrera Barba
____________________
Nota
Alba Navarro Herrera. Preámbulo del largo insomnio. Ayuntamiento de Málaga [Área de Cultura y Patrimonio Histórico] / Colección Monosabio, 113 / Poesía, Málaga, 2024. ISBN: 978-84-09-67527-2 .
About Author
Related Articles
Alejandro Bhér: inquisiciones sobre un singular pseudónimo literario finisecular y una historia de modernidad femenina – Gloria Jimeno Castro

