El lugar natural – Acerca de «De la muerte y otros lugares exóticos», de Luis Serrano Lasa / «Luis del Gozo» – Rafael Guardiola Iranzo
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El lugar natural – Acerca de De la muerte y otros lugares exóticos, de Luis Serrano Lasa / «Luis del Gozo»
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El lugar natural – Acerca de De la muerte y otros lugares exóticos, de Luis Serrano Lasa / «Luis del Gozo»
Luis Serrano Lasa, conocido en el mundillo literario por el seudónimo de “Luis del Gozo” recibió no hace mucho las galeradas de su libro De la muerte y otros lugares exóticos (Granada,Baker St. Ediciones, 2022, 121 pp.) en el lugar apropiado: en la UCI. Abrazado por cables y artefactos médicos debido a un grave problema cardíaco, rozó las aguas del manso rebalaje de la laguna Estigia, perdió la memoria que custodia el yo, sintió el acre aliento de Cerbero en el cuello, pero asistió involuntariamente a varios espectáculos oníricos erigidos en su mente, que tuvieron lugar en un escenario gris, enfermizamente aséptico, en espacios cerrados y amplios, como de institución pública y de oficinas kafkianas, que me recuerdan los creados por los pinceles de Giorgio de Chirico. Pero, ¿por qué digo que la UCI era el lugar apropiado? ¿porque el tiempo estaba en suspenso? ¿porque la sociedad actual está francamente enferma de individualismo (suma de victimismo e infantilismo), casi agonizante? ¿es la muerte un destino exótico para nuestra existencia mortal?
Nos hemos vuelto a ver en el Ateneo de Málaga, en un encuentro titulado “Humor y muerte”, el jueves 20 de febrero de 2025, después de más de cuarenta años. Me dice que, a pesar de la riqueza simbólica de sus ensoñaciones en estado de coma, la atmósfera era opresiva, angustiosa, en la antesala del pánico, como si estuviéramos en una película de David Lynch –aunque con tonos menos teatrales y brillantes Recuerda haber escuchado: “este sueño ya lo has tenido, vas a tener otro diferente”. Y unos operarios misteriosos desmontaban entonces los decorados del sueño anterior y los carpinteros comenzaban su labor para crear los que pertenecerían al nuevo sueño: The Show must go on. Esperaba que me contara su ascenso por el famoso túnel en busca de la luz del que dan noticia muchas personas que han sentido cerca el hito de la muerte, ese momento en el que, en mi caso, se apagará la luz y alguna voz celestial me invitará a cambiar la bombilla.
Curiosamente, Luis –al que llamábamos cariñosamente “Luisillo”-, biólogo molecular de formación y empresario en la actualidad, era el encargado de la iluminación en las funciones del Grupo Experimental de Teatro “Grumo de Peyote” en el que nos conocimos, a finales de los años 70. En aquellos tiempos yo era el “Señor A” o, simplemente, Dios. Ambos estudiábamos en el Colegio madrileño de Agustinos Recoletos en el que nació ese grupo tan estupefaciente como el peyote, que nos dio tantas alegrías adolescentes –aclaro que me refiero al grupo, por si acaso. El teatro curó con eficacia nuestra timidez y recato y dio rienda suelta a la creatividad y a una rebeldía casi virgen. Tanto, que llegaron a prohibirnos el paso para ensayar por anarquistas, bohemios y promiscuos.
Y Luis estaba en la UCI, con sus metasueños, en el lugar adecuado, en el lugar natural al que se refiere Aristóteles en su Física, a pesar de los movimientos violentos de su corazón. Los cuerpos –asegura Aristóteles- tienden una tendencia natural a moverse (sea hacia arriba o hacia abajo), hacia sus lugares propios y a quedarse quietos en ellos. O, haciendo una extrapolación al sistema límbico, también en la Ética a Nicómaco, cuando el Estagirita dice “cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. Por cierto, esta es la cita con que Daniel Goleman abre su best-seller Inteligencia emocional. Ahora puede decir Luis, con conocimiento de causa, que lo que sus relatos muestran es cierto.
Luis Serrano es un necrófilo confeso, pero no tiene pinta de depravado. Es más, por poco que lean su admirable colección de veintidós relatos, se darán cuenta de que su humor negro es bastante blanco. La escenografía que proyecta en ellos, con el motivo de la muerte individual o la desaparición del mundo es amable y, sobre todo, tierna, muy tierna. Gracias a él podemos meditar sobre si existe una confabulación por parte de los enanitos para asesinar a Blancanieves, valorar las consecuencias de que quede vacante el puesto de Anunciador de decesos, asistir a la repetición festiva del fin del mundo o calibrar las consecuencias afectivas en la vida social de la muerte del único marciano conocido, ferretero de profesión. Es uno de los mejores libros para agonizantes que todavía puedan leer un rato, antes de expirar.
Pues Luis Serrano tiene la habilidad y las tablas como escritor para convertir la vida en un relato agridulce, sin aristas, donde todo sucede con naturalidad, en su “lugar natural”, en una realidad recreada y revestida de oropel y de la materia de la que están hechos los sueños, una realidad que pugna por acompañarnos durante toda la eternidad. Con el paso del tiempo, y a través de los testimonios de la literatura, la filosofía, la historia del arte, el cine, el teatro y la vida cotidiana, Luis y yo nos hemos dado cuenta de que la comedia es inmortal, porque es indisociable de la condición humana. Y como decía Platón de la belleza, pensamos que lo cómico es difícil, el “más difícil todavía”, casi una quimera inabordable con el instrumental del teórico. Solo nos queda el recurso a la ostensión.
También nos hemos dado cuenta de que la felicidad no existe, si bien hay personas infelices capaces de hacer infelices a los demás. Es posible que, como dice Woody Allen, entre otros, la comedia no sea más que tragedia más tiempo. En cualquier caso, defendemos que una vía excelente para la solución de conflictos es la transformación radical de la tragedia en comedia, porque la risa nos pertenece y un arma –con perdón- de construcción masiva, aunque tenga que ver con lo feo.
Como nos recuerda Hans Blumenberg en su libro La risa de la muchacha Tracia, la filosofía comienza su andadura histórica con un chiste: Tales de Mileto cae en una zanja porque no mira por dónde pisa: camina ensimismado, elevando sus ojos al cielo, intentando desentrañar sus secretos. La doncella Tracia que le acompaña en el paseo se ríe a carcajadas cuando Tales se precipita en el pozo (seguramente, porque, como dice Hegel, los filósofos andamos con la cabeza y tomamos distancia de lo que valora e interesa la gente común). ¿Quién o qué es ridículo en esta historia? El filósofo o científico, por estar pensando en cosas universales, lejanas, sin ver lo que tiene delante; la doncella tracia, por burlarse de Tales, cuando ella es incapaz de ver otra cosa que no esté delante de sus ojos (cuando hay tantas cosas importantes invisibles en nuestra vida). Pero también hay una tercera posibilidad: la razón no solo se burla del sentido común, sino que es capaz de burlarse también de sí misma, dado vacaciones pagadas a las emociones y los sentimientos.
Para Aristóteles, la comedia es laimitación de gente ruin o débil centrada en “lo ridículo”. Y lo ridículo es un error o deformidad “que no produce dolor o daño a otros” (por ejemplo, la máscara que emplea el actor es fea, pero no expresa dolor). Se trata de no hacer daño, de no producir dolor individual ni social. Aquí está la clave, el lugar natural, los ansiados “límites del humor”. También sabemos que Mark Twain tenía razón cuando recomendaba escribir para vivir bien. Por eso, en la tumba de Molière se puede leer: “Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto, y de verdad, qué bien lo hace”.
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Rafael Guardiola Iranzo
Presidente de la Asociación Andaluza de Filosofía
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Nota
Luis Serrano Lasa / «Luis del Gozo». De la muerte y otros lugares exóticos. Baker St. Ediciones, Granada, 2022. ISBN: 978-8419274298.
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