La Catedral de Milán y yo [Fotografías] – I – Josefina Martos Peregrín

La Catedral de Milán y yo [Fotografías] – I – Josefina Martos Peregrín

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La Catedral de Milán y yo [Fotografías] – I

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La Catedral de Milán y yo [Fotografías] – I

Obedece el título no a egocentrismo, o no solo, sino al comprobado hecho de que cualquier viaje supone una experiencia subjetiva, cada uno ve lo que quiere ver, o lo que puede, acto que se cumple también en la vida cotidiana, pero se acentúa a la hora de los viajes.

La cruel hechura de san Bartolomé inicia mis recuerdos, por su efecto de bofetón a la sensibilidad y por el modo en que demuestra que la conciencia altera la percepción, pues la primera vez que la vi, en mi primer viaje a Milán, me pareció simplemente un hombre musculado portando una extraña capa; pero la segunda, sabiendo ya que el echarpe que le cuelga de los hombros es su propia piel -su piel de mártir desollado vivo- sentí la angustia de pertenecer a la especie humana y la impiedad de que semejante horror se represente en nombre de la piedad religiosa.

Meritorias son las figuras y arquitectura del interior catedralicio, pero para aliviar la angustia, nada como el aire. Aire de cubiertas abiertas al cielo y flanqueadas de filigranas y santos de piedra.  Precisamente mi fascinación ante la catedral de Milán comenzó al ver la secuencia de Alain Delon y Annie Girardot en Rocco y sus hermanos (Luchino Visconti, 1960), me sorprendió que se pudiera subir a las altas terrazas y deseé poder hacerlo alguna vez. Cumplí mi deseo en el 2007 y en el 2023; entre una y otra visita casi quince años, con sus cambios. Comprobé que Milán sigue siendo la ciudad rica y orgullosa que reviste de elegancia sus firmes engranajes capitalistas, nutridos antaño por familias pobres del Sur y ahora por desheredados de todo el mundo.

Plagada de turistas, pero… ¿acaso queda algún sitio libre de esta plaga? Ni una palabra más, a qué denostar el turismo si  todos somos turistas, aunque nos disguste y procuremos diferenciarnos, pero en la muchedumbre de forasteros, cuesta distinguir a turistas de viajeros.

Desde la cumbre de la catedral, entre pináculos, disfruté de la puesta de sol, con su portentoso aparato cromático, y de la música de un grupo de cámara que toco allí mismo, en el centro de las terrazas. Numerosos oyentes, pero bien avenidos, felices y en silencio. Momento perfecto y extenso, engalanado por la ausencia de mosquitos.

Y es que los mosquitos milaneses son tremendos. Tremebundos, ubicuos, tigrescos, voraces, incansables. Presentes en los parques, en las calles, casas, cafeterías, restaurantes; en interiores y exteriores, de noche y de día. En italiano, le zanzare;  Mediolanum, la ciudad romana de la que derivó el posterior Milano, se asentó en una zona de ciénagas, plagada de mosquitos; por eso, los milaneses dicen Quando sono arrivati le zanzare stabant cui (“Cuando llegamos, los mosquitos ya estaban aquí”). Obviamente, como legítimo pueblo originario, los mosquitos no están dispuesto a renunciar a sus derechos.

Más materia de alegría: el  Museo de la Catedral. Creo que se cuenta entre los más bellos que he recorrido en mi vida, pues a las magníficas  obras (escultura, pintura, orfebrería, tejidos…) se suma una acertada distribución, más la iluminación que convierte cada obra en hallazgo y la visita entera en aventura.

Unas 3500 esculturas y 135 agujas, de mármol blanco rosado. Gótica, renacentista, barroca, ochocentista, neogótica: sucesión y fusión de estilos con características propias de la arquitectura lombarda. Unas cuantas fotografías del museo, del interior, de cubiertas, agujas y figuras exteriores; de la fachada con sus turistas (se mueven, pero son un elemento fijo de la plaza).

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Imágenes fotográficas

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 1. San Bartolomé. En la base consta la inscripción: Non me Praxiteles sed Marco finxit Agrat (“No me hizo Praxiteles, sino Marco de Agrate”). En 1561, añado.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 2. Gigante. Escultor lombardo del ámbito de Jacoppino de Tradate. Principios del s. XV.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 3. En primer término, de perfil, Padre eterno, Beltramino de Zutti. 1416-1425.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 4. Anunciación. Escultor desconocido, tercer cuarto del s. XV.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 5. Ángel con corona de espinas. Escultor lombardo. 1480-85.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 6. Santa Lucía. Maestro de San Paolo Eremita. H. 1470.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 7. Santa Inés, Briosco Benedetto. 1491

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 8. Padre eterno bendiciendo, de Giovanni Battista de Corbeta, h. 1554.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 9. Bustos relicarios, de San Sebastián y Santa Tecla.

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Josefina Martos Peregrín – La Catedral de Milán y yo – 10. Gárgola vigilante.

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Josefina Martos Peregrín

Categories: Pasadizos secretos

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