Lecturas – XIX – Rafael Massa
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Lecturas – XIX
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Lecturas – XIX
Saul Bellow
El legado de Humboldt
2025-01-18
Umberto Eco, a quien ningún tema le fue ajeno, nos dio a los lectores un sabio consejo. Decía, que a la hora de elegir un libro a leer, dejaba pasar diez años de su aparición. Y que si resistía esa década, entonces, adelante. De El legado de Humboldt han pasado casi cincuenta. Claro, Saúl Bellow describió su época, de la que casi no quedan rastros. El protagonista, Charlie Citrine –en realidad, hasta desembarcar sus antepasados en Ellis Island era Tsitrine, judío- cuenta su vida, entre Chicago y New york, desde fines de los treinta, hasta los setenta del siglo pasado y su vínculo con su maestro, Humboldt, otro judío, ya muerto. Ambos escritores, a su manera, lidian como pueden con la fama, el amor, la locura ante la incomprensión, el dinero, al fin con el deseo de trascendencia ante lo inevitable. Del legado del título, que conocemos luego de cuatrocientas páginas –la novela tiene seiscientas; desearíamos más-, es inevitable, al llegar al final y cuando Charlie abandona su vida anterior para incorporarse como extra en una producción cinematográfica de bajo monto, no recordar a Karl Rossman y su incorporación al Gran Teatro Integral de Oklahoma. Ambos, a su manera, fugan. Karl continúa desaparecido; Franz Kafka lo abandonó en América. Lo mismo hace Bellow con Charlie, aunque esta vez con intención. Aunque si al final de América, lo que resta, luego de leer la obra, es angustia y pena por el destino de Karl, que tanto ha padecido, cuando la obra de Bellow culmina, la sensación es de alivio ante la paz que Charlie finalmente ha conquistado. Pasarán más décadas, no importa cuántas; pero cuando se desee saber cómo era América –la de Bellow, la de los “americanos”- en el siglo pasado, El legado de Humboldt será una lectura recomendable.
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Rafael Massa

