Luces & sombras – Luis Roca Jusmet
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Luces & sombras
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Luces & sombras
En mi trayectoria bío-filosófica tengo una sombra que se llama René Guenón. La tengo desde hace más de cuarenta años. Desde entonces voy leyéndolo puntualmente, comprando libros suyos y esperando el momento de profundizar en su obra. Guenón me atrae y me interpela aunque representa lo contrario de lo que han sido mis intereses. Es la tradición, el dogma, la revelación, la certeza. Pero me llama siempre al diá-logo, que al final siempre es con lo más diferente para que sea fecundo. Pero Guenón es una sombra, casi un tabú, para el pensamiento contemporáneo. Está totalmente excluido de lo académico, es casi un tabú. Aunque fundó una escuela, la del esoterismo tradicional, de la que formaron parte pensadores sí reconocidos desde un punto de vista académico, como Ananda Coomaraswamy. Es interesante que escritores tan alejados de lo que representa se sintieran impactados por su lectura: André Breton, André Gide, Simone Weil, María Zambrano…
Otra de mis sombras es Cioran. Me niego a seguirle en su nihilismo radical. Me niego a caer en su desesperanza. Pero desde hace décadas me acompaña con esta lucidez que derrumba todos los ídolos. Su estilo fragmentario, sus verdades incómodas me interpelan y vuelvo a él de vez en cuando. Pero lo administro siempre en pequeñas dosis.
Ernst Jünger me ilumina. Hace casi cuarenta años descubrí sus Tempestades de acero, su diario escrito en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, cuando tenía veintipocos años. Luego fui leyendo sus novelas (Heliópolis; Los acantilados de mármol; Las abejas de cristal ), sus ensayos (La emboscadura; La tijera) y, sobre todo, su de diarios de la Segunda Guerra Mundial (Radiaciones). Jünger, con todo lo que pueda discrepar de él, es para mí un referente ético imprescindible y su lectura siempre me resulta estimulante.
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Nietzsche es a la vez una luz y una sombra que me ha seguido desde la adolescencia y lo ha hecho de diferentes maneras. Con el tiempo he rechazado muchos de sus planteamientos, como la propuesta del super-hombre, que tiene algo de delirante. También esta actitud antiigualitaria y antidemocrática y esta negación de la compasión hacia el otro. Pero hay fragmentos que me resultan muy lúcidos y estimulantes, sobre todo sus matices antes que sus grandes temas. Aunque su visión de la Muerte de Dios y la aparición del nihilismo es tremendamente lúcida. Y hay algo de él que me parece una búsqueda interesante de algo sagrado que se ha perdido en la modernidad. Y esta apuesta radical por la vida como experiencia radical.
Hablar de Spinoza es hablar de mi luz. Esto no quiere decir que sea un seguidor de Spinoza, ya que no quiero pertenecer a ninguna escuela. Quiere decir que la compañía que he tenido durante décadas de la Ética de Spinoza me ha iluminado en muchos sentidos. Es un libro que he leído y releído, sobre el que he pensado y repensado. No hay para mí otro libro de filosofía que tenga esta importancia. Y todo esto reconociendo el rechazo que me produce a veces su orden geométrico. Pero siempre ha tenido para mí una función transformadora: de la manera de ver el mundo y de verme a mí mismo, de mi manera de plantearme la vida.
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Luis Roca Jusmet

