Visitando el estudio – taller de José Manuel Cabra de Luna – Sebastián Gámez Millán

Visitando el estudio – taller de José Manuel Cabra de Luna – Sebastián Gámez Millán

Visitando el estudio – taller de José Manuel Cabra de Luna

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Visitando el estudio – taller de José Manuel Cabra de Luna

Frente al río Guadalmedina, cerca del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, se encuentra el estudio-taller del abogado, escritor y artista José Manuel Cabra de Luna, Presidente de la Academia de San Telmo de Málaga. Acostumbrado al caótico desorden de otros estudios-taller, lo primero que me llama la atención es el sereno orden que impera en él, a pesar de que anda trabajando en distintos espacios del mismo. Otro aspecto que resalta es el color o, mejor dicho, los colores, intensos y vívidos, casi siempre delimitados o liberados dentro de una severa geometría. Hay quienes a través del arte expulsan sus fantasmas y hay quienes a través del mismo armonizan el interior. Creo que Cabra de Luna pertenece a esta segunda estirpe. En cualquiera de sus manifestaciones el arte complementa y sublima la vida: nos ofrece aquello que esta no nos proporciona.

De un extremo a otro de una balaustrada cuelgan diferentes banderas, algunas en cuyos símbolos e ideologías no cree José Manuel Cabra de Luna, pero seguramente están allí por sus colores, por sus luces. Se diría que el estudio-taller es una prolongación de su arte y de su personalidad, pues el orden, la geometría y el color adquieren una innegable similitud con su presencia. Al fondo hay librerías repletas: ¿libros que no caben en el hogar o para despertar los sueños de la razón mientras trabaja y aguarda a la inspiración?

El escritor y crítico Guillermo Busutil ha sostenido que el verdadero taller de un artista se encuentra en su cabeza. Es evidente que es en la conciencia donde se iluminan las ideas, pero los artistas, a diferencia de los artesanos, caminan a tientas, sin saber a ciencia cierta adónde se encaminan. Por ello pueden descubrir mundos que no existían antes de llevar a cabo la obra, innovar. Parafraseando a María Zambrano, el secreto se revela durante el proceso de creación, no antes. En este sentido el estudio-taller de un artista es una extensión de las ramificaciones neuronales del artista, y aunque la inspiración le sorprenda mientras pasea o riega las plantas, es en el estudio-taller donde de manera habitual se pone manos a la obra y va surgiendo la creación, al menos con ligeras diferencias a como fue concebida inicialmente en una representación mental. Basta con observar cómo experimenta con los colores José Manuel Cabra de Luna. Él no lo sabe de antemano, lo va conociendo a medida que experimenta.

En algunas de las mesas hay esculturas a pequeña escala y maquetas y diálogos intertextuales e inter-figurativos con otros autores, como Por la secreta escala (la ascensión de San Juan de la Cruz); Casimiro en su jardín (Un homenaje a Kazimir Malevich); Adónde te has ido, Agnes Martin? Como sucede con no pocas de sus esculturas, sueñan con ser materializadas a otras escalas, aunque en estas también funcionan, nos emocionan e interpelan. Incluso como juguetes son atractivas estas piezas. El artista es un niño que sigue jugando. Sin embargo ¿qué niños tienen a estos poetas y artistas como héroes o heroínas? Uno piensa que su conocida Fuente de colores debió surgir tal vez de una maqueta como las que hay por aquí. El estudio-taller es un espacio de creación y una creación de espacios; mundos que no son de nuestro mundo pero que se pueden incorporar a nuestro mundo, haciéndolo más habitable, humano, civilizado.

Hay otro rincón que me alcanza. Uno no sólo sueña con ser artista por admirar la belleza que otros han engendrado; también por aquello en lo que se han transformado gracias a sus obras. Al fin y al cabo el artista no es menos creación de la obra que la obra del artista: se crean recíprocamente. Una serie de fotos en blanco y negro de Joan Miró, Paul Celan, Walter Benjamin y Samuel Beckett, entre otros, miran mientras Cabra de Luna juega y crea geometrías y conjunciones de colores inéditos. Como refugio o ritual donde se sujeta en los momentos de incertidumbre hay sobre una pared esta sabia confesión de Hokusai:

“A la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50, había producido un gran número de dibujos. Con todo, ninguno tuvo un verdadero mérito hasta la edad de 70. A los 73, finalmente, aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, hierbas o árboles. Por lo tanto, a la edad de 80 habré hecho un cierto progreso. A los 90 habré penetrado el significado más profundo del mundo. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional. Y a los 110, cada punto y cada línea de mis dibujos poseerán vida propia”.

Es la edad por la que anda el artista, la edad de la inocencia y el aprendizaje sin fin; es la vida que aguarda José Manuel Cabra de Luna.

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Imágenes fotográficas

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Sebastián Gámez Millán

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