En el cielo de una página, un pájaro que vuela – A propósito de «Cuando los pájaros», de Rosa Romojaro – Una reseña de Alba Navarro
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En el cielo de una página, un pájaro que vuela – A propósito de Cuando los pájaros, de Rosa Romojaro [Reseña]
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En el cielo de una página, un pájaro que vuela – A propósito de Cuando los pájaros, de Rosa Romojaro
Leer a Rosa Romojaro es mirar el mundo a través de unos ojos rebosantes de franqueza, honestidad y sabiduría. Su visión detallista sobre la vida y la sutileza con la que dibuja las palabras son cualidades ampliamente merecedoras de todos aquellos reconocimientos que colman su dilatada trayectoria como poeta, escritora y ensayista.
Siendo el más reciente de todos sus galardones el XV Premio de las Letras Andaluzas «Elio Antonio de Nebrija», hemos decidido dar un pequeño paso atrás en el tiempo y detenernos en la clara belleza de los versos que contienen una de sus obras más emblemáticas, el poemario Cuando los pájaros (Hiperión, 2010), el cual gozó del favor de los jurados del XIV Premio Internacional de Poesía «Antonio Machado en Baeza» (2010) y del XVII Premio Andalucía de la Critica (2011).
Cuando los pájaros nos presenta un paisaje cargado de anhelos cotidianos y emociones profundas. Un espacio por el que se extiende el vuelo, a veces, preciso y, a veces, nervioso de mirlos, gorriones, tórtolas, zorzales, pinzones y vencejos. Y es que vivir es, de algún modo, arriesgarse a volar, sortear la nostalgia, enfrentar la incertidumbre a la que nos lleva la caída y abrir las alas para, de nuevo, subir a lo más alto de los cielos.
También el cuervo, símbolo que toma prestado de la poesía de Edgar Allan Poe, aparece representado en las líneas de este libro, concretamente, en el poema «Atrapada en la sombra del cuerpo», una composición sobre el dolor, el desconsuelo y el desgarro que sobreviven al paso del tiempo convirtiéndose en una sombra de la que es difícil desprenderse:
Sí, el cuervo, los cuervos esta noche,
los cuervos que llegaron cuando aún el calor
se aferraba a los muros, y ahí siguen estando
ahora que el invierno se demora en el frío.
Hay árboles que crecen en las páginas escritas por Rosa Romojaro: el ficus benjamina, la palmera, el arce rojo, la acacia o el roble. Diría Antonio Machado en uno de sus poemas «Yo voy soñando caminos / de la tarde. ¡Las colinas / doradas, los verdes pinos, / las polvorientas encinas!…» y Rosalía de Castro cantaría a «prados, ríos, arboledas, / pinares que mueve el viento, / pajarillos piadores / casita de mi contento». En Cuando los pájaros también el aire mueve las hojas de los árboles haciendo que las palmeras tiriten o que el ficus movilice sus facciones:
De pronto se abren bocas en la copa del ficus.
De pronto, el viento
moviliza facciones: labios, ojos,
cabello verde ensortijado…
Es Rosa una gran observadora de todo lo que ocurre a su alrededor y, en sus propios poemas, reconoce esta característica que la define. Así, pondrá gran atención en sus versos a la presencia de lo que es visto a través de los ojos, pues es la mirada aquello que le permite conocer mejor el mundo. «Los ojos en la escena, / desde la gradería de guijarros, / dan fe de lo que ocurre bajo el acantilado», «es el valle y los ojos» o «los ojos ven el mar en el poniente» son algunos ejemplos.
El mar, la orilla, las olas, la arena o la playa forman parte de un paisaje natural siempre visitado por la autora. En él, el color cumple la función esencial de describir las horas del día o presentar las estaciones del año. Si Jorge Guillén nos anunciaba la llegada del verano con sus versos («Solo al fin, en la tarde / Venida a un amarillo / Propenso ya a los rojos / Que adelantan estío»), Rosa Romojaro nos complace en la lectura detallando el color de la luna («si roja en esas tardes, parecía en la noche / un volcán que arrojara su lava hasta la orilla») o las tonalidades del día:
Ahora. Desde aquí,
se puede ver la vida aún no cerrada
como en un abanico que se abriera
─blancos, verdes, magentas, amarillos─
a ciento veinte grados.
Es la voz de la poeta también una voz comprometida, que denuncia la violencia en cualquiera de sus formas y el sufrimiento que esta causa a quien la padece. En sus palabras encontramos afirmaciones de gran rotundidad: «El mal recorre el mundo. No hay lugar / para el bien. No lo hay. Al menos, no lo he visto». Ahondando en esta temática, resulta destacable el uso de la metáfora de la jaula en el poema «Fin de una especie»:
Alguien ha decidido que quiere poseer
una jaula con pájaros.
Elegir las especies. Cruzarlas. Comerciar
con colores y plumas.
Y manda hacer la jaula.
Y coloca la jaula tras la tapia.
Frente al mal, el bien es «el frescor de la brisa en tu cara», «entrar en el azul / de la tarde de otoño» o «el viento / despertando la piel con su mensaje…». A estas ideas, se suman otras no menos relevantes. Para la autora, los momentos pasados se desvanecen («Pero ayer ya no existe») frente al fulgor de lo vivido en el presente («Todo contra este instante. / Pero este instante es mío»). Lo más valioso que poseemos es el ahora, el ahora y la palabra escrita. En esta última depositamos todo aquello que merece sobrevivir al paso del tiempo («Cosa escrita, para que no se pierda / en el recuerdo»).
Cuando los pájaros es, sin duda, una obra excepcional, escrita con esmerada pulcritud, y dotada de gran ritmo y armonía. Rosa Romojaro nos invita, con este libro, a volar por los amplios cielos de la poesía, cielos poblados por altas cumbres hechas de palabras, en las que siempre encontraremos un lugar privilegiado donde mirar el mundo.
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Alba Navarro
Universidad de Málaga
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Nota
Rosa Romojaro. Cuando los pájaros. Ediciones Hiperión [Poesía Hiperión – XIV Premio Internacional Antonio Machado en Baeza], Madrid, 2010. ISBN: 978-8475179759.
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