«De Exilio», de Favorino de Arlés – Traducción [por vez primera al español] a cargo de Santiago Blanco del Olmo / Edición crítica de Santiago Blanco del Olmo & José Miguel García Ruiz – II [Introducción]
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De Exilio, de Favorino de Arlés – Traducción [por vez primera al español] a cargo de Santiago Blanco del Olmo / Edición crítica de Santiago Blanco del Olmo & José Miguel García Ruiz – II [Introducción]
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De Exilio, de Favorino de Arlés – Traducción [por vez primera al español] a cargo de Santiago Blanco del Olmo / Edición crítica de Santiago Blanco del Olmo & José Miguel García Ruiz – II [Introducción]
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Introducción
1. Citas acerca de Favorino en autores de la Antigüedad
Galeno, el médico y filósofo, cita a Favorino en varias ocasiones y llega al extremo de refutarlo en un escrito titulado “περὶ ἀρίστης διδασκαλίας”, o “De la mejor enseñanza”, donde menciona varias obras de Favorino y especialmente una exposición de los principios de la escuela académica.
Suidas, la obra enciclopédica griega del siglo X, nos dice del de Arlés: “ἀντεφιλοτιμεῖτο καὶ ζῆλον εἶχε πρὸς Πλούταρχον τὸν Χαιρωνέα ἐς τὸ τῶν συνταττομένων βιβλίων ἄπειρον”, o sea “rivalizaba y tenía por modelo de imitación a Plutarco de Queronea por la infinitud de los libros que compuso”.
Plutarco fue persona unida por los vínculos de amistad con Favorino. Su relación se hizo posiblemente más estrecha en el marco de alguna estancia del Galo en Grecia. El escritor de los Moralia hizo frecuentes viajes en su juventud, pero en la madurez se estableció de forma casi permanente en Queronea, su ciudad natal, y sólo en raras ocasiones salió de Grecia, donde cumplía las magistraturas de su ciudad y participaba en las liturgias religiosas más importantes de la Hélade. Favorino fue muy probablemente uno de sus huéspedes en su suntuosa mansión de Queronea y lo cita en tres ocasiones dentro de sus Moralia, además de convertirlo en personaje de sus simposios. Finalmente le dedicó uno de sus tratados titulado περὶ τοῦ πρώτως ψυχροῦ, o De primo frigido, donde pretendía buscar el origen y la causa del frío.
Aulo Gelio, como ya he mencionado más arriba, sentía una grande admiración y respeto por Favorino, con quien compartió clases y magisterio en Roma. En su obra miscelánea titulada Noctes Atticae (Noches Áticas), compuesta en XX libros, son quince los capítulos en que Gelio refiere alguna anécdota, diatriba, controversia o arbitraje del Provenzal relativa a los más variados aspectos: gramática, arcaísmos, significado preciso de las palabras, problemas jurídicos, filosóficos y un largo etcétera. Parece evidente que las conversaciones y anécdotas referidas sobre su maestro tenían lugar en lengua griega, pero era usual en el romano tomar nota de las pláticas habidas con el orador y filósofo durante el día, para luego redactarlas por la noche en latín. En una charla en que se abordaba el tema del viento yápige, nuestro Favorino hace un comentario sobre el viento que sopla en Provenza al que los galos llaman circio; creo que es la primera mención conocida del hoy famoso y terrible mistral. Prueba de su familiaridad con el filósofo son las siguientes palabras de Gelio (XVI, 3, 1): “Cum Fauorino Romae, dies plerumque totos eramus tenebatque animos nostros homo ille fandi dulcissimus atque eum, quoquo iret quasi ex lingua prorsum eius apti prosequebamur.” “En Roma, acostumbrábamos a estar días enteros con Favorino y aquel hombre, de dulcísima elocuencia, aprisionaba nuestros espíritus y lo acompañábamos fuera donde fuera, como si estuviéramos pendientes de sus labios.”
En Roma también conoció a Marco Cornelio Frontón, maestro de letras latinas y amigo de Marco Aurelio, que alcanzó el honor del consulado (consul suffectus) en 149. Éste lo cita en dos ocasiones en lo que queda de su correspondencia.
Filóstrato, el intelectual griego, más conocido por ser autor de la Vida de Apolonio de Tiana, ocupaba un lugar privilegiado en la corte de Septimio Severo, y en especial en la de su mujer, la siria Julia Domna. Era posterior a la generación de los sofistas que retrató, mas alcanzó a conocer en Atenas a un filósofo que a su vez había conocido a Favorino: el cínico Demonacte. Escribió una Vida de los sofistas donde nos ofrece una semblanza de nuestro orador y la incluye en la serie de grandes personajes de aquel movimiento como fueron Dión de Prusa, Elio Arístides, Herodes Ático o Polemón.
Dice de la elocuencia de Favorino lo siguiente: “ὁμοίως καὶ Φαβωρῖνον τὸν φιλόσοφον ἡ εὐγλωττία ἐν σοφισταῖς ἐκήρυττεν”, “de manera semejante también a Favorino el filósofo, su fluida y bella palabra lo declaró sofista.”
Juan Estobeo, escritor del siglo IV de nuestra era, posiblemente originario de Stobi, en Macedonia, compuso una obra a partir de pasajes extraídos de multitud de obras y ordenadas en temas diversos, como prudencia, justicia, vejez, libertinaje, vicio, egoísmo, etc. Esta obra conocida como Florilegium (o Ἀνθολογία) y que tenía por finalidad la educación de su hijo Opimio, carecería de interés si no fuera porque los escritos originales se han perdido. En ella Estobeo utiliza fragmentos de Favorino.
Diógenes Laercio fue escritor de Cilicia de mediados del siglo III d. C., redactó unas Vidas y opiniones de los más ilustres filósofos. En esta obra hace un repaso de la historia de la filosofía centrándose en sus más conspicuos protagonistas. Cuéntanse en esta obra numerosas anécdotas y curiosidades que se hubieran perdido de no haber sido recogidas por él. En esta obra cita en varias ocasiones a Favorino de Arlés y emplea también ocasionalmente datos que pertenecieron a obras de Favorino hoy perdidas como sus Memorias o Ἀπομνημονεύματα. Por ejemplo, nos cuenta que “en el libro II de sus Memorias Favorino dice que Aristóteles compró los libros de Espeusipo por un precio de tres talentos” (D. L. IV, 5)
Luciano de Samósata (125-181 d. C.) es uno de los escritores más prolíficos del siglo II. En un breve diálogo titulado El eunuco creo que se puede desenmascarar la figura del sabio de Arlés. El argumento trata sobre una pugna en la Atenas del año 179 d. C. de dos filósofos peripatéticos que compiten ante un jurado de doctos varones por la obtención de una cátedra de filosofía, establecida por el emperador Marco Aurelio y dotada de un sueldo de 10.000 dracmas anuales. Los dos contendientes transitan entre la valoración de sus propios conocimientos y el insulto al adversario, en el que uno de los contendientes, Diocles, utiliza el razonamiento de que nadie que no tenga barba ni sea hombre puede dedicarse a la filosofía (Bagoas, el otro filósofo, resulta que es eunuco). En un momento dado de la diatriba dice uno de los presentes:
“Verdaderamente, señores del jurado, si a este barbilampiño, de voz afeminada, que en general parece un eunuco se le desnudara, os aparecería como un hombre completo. A menos que mientan los que hablan de él, incluso fue convicto de adulterio en una ocasión, con el miembro entre los miembros, como dicen las leyes de Solón. Pero entonces se refugió en el nombre de eunuco y al encontrar este santuario fue absuelto, ya que los jueces desconfiaron de la acusación ante su evidente aspecto.” (Eunuchus 10,2-11)
Se echa de ver fácilmente que Luciano hace referencia aquí a nuestro sofista. En efecto Bagoas dice en su defensa (y bien podría decir “philosophum non facit barba”) que también hubo mujeres que se dedicaron desde antiguo a la filosofía, y cita a Aspasia, Diotima, Targelia, y luego añade: “…καὶ τις Ἀκαδημαικὸς¨εὐνοῦχος ἐκ Κελτῶν ὀλίγον πρὸ ἡμῶν εὐδοκιμήσας ἐν τοῖς Ἕλλησιν”; en castellano reza “y cierto académico eunuco de la Galia que fue famoso entre los griegos en un tiempo muy cercano al nuestro.” (Eunuchus 7,8-10)
Por último tenemos también una mención de Favorino en la Vita Hadriani, biografía del emperador Adriano escrita por Elio Esparciano, historiador de fines del siglo III y comienzos del IV. En ella se nos cuenta lo siguiente: “in summa familiaritate Epictetum et Heliodorum philosophos, et (ne nominatim de omnibus dicam) grammaticos, rhetores, musicos, geometras, pictores, astrologos habuit, prae ceteris, ut multi asserunt, eminente Fauorino.”
Es decir, “trató con la mayor familiaridad a los filósofos Epicteto y Heliodoro, y también (por no decir el nombre de todos) a los gramáticos, oradores, músicos, geómetras, pintores y astrólogos, y principalmente, como muchos aseveran, a Favorino por encima de todos los demás.”
2. El destierro
El destierro de Favorino de Arlés es un asunto controvertido para los estudiosos. No se ha logrado un acuerdo entre todos acerca del motivo o motivos del mismo. Hay incluso quien niega que éste haya tenido lugar, pues es bien cierto que la reseña que Filóstrato hace del Provenzal en sus Vidas de los sofistas no menciona nada parecido.
No obstante, el argumento ex silentio no tiene fuerza suficiente como para negar que haya habido un destierro en la isla de Quíos entre 130 y 138 d. C.; en primer lugar porque sabemos que hubo una ruptura entre el sofista y el príncipe cuando dice el primero, no sin orgullo, que una de las tres paradojas de su vida era “βασιλεῖ διαφέρεσθαι καὶ ζῆν”, es decir, “haberse enfrentado a un emperador y estar vivo”. Ahora bien, el príncipe del que parece haber perdido la confianza es Adriano, y sabemos por la Vita Hadriani que Favorino era muy estimado por él. Pero el emperador Adriano era un hombre muy vanidoso y pagado de sí, que pretendía dominar todas las disciplinas muy por encima incluso de los sabios de quienes acostumbraba rodearse. Un ejemplo extremo de ello es la condena a muerte del gran arquitecto Apolodoro de Damasco en 133 d. C. por una disputa, por lo demás, no demasiado importante según nos refiere Dión Casio. El mismo Elio Esparciano en el capítulo 15 de su Vita Hadriani nos habla de una disputa habida entre Adriano y Favorino en donde el príncipe insistía en que un vocablo empleado por el sofista era inusitado; Favorino, aunque sabía perfectamente que ese vocablo había sido empleado por los autores arcaicos, guardó silencio para no continuar discutiendo. Como sus amigos le reprocharan su actitud, éste respondió: “Non recte suadetis, familiares, qui non patimini me illum doctiorem omnibus credere qui habet triginta legiones.” En español, “no me aconsejáis bien, amigos, si no me dejáis que considere que aquel que tiene treinta legiones es el más sabio de todos.”
Los datos que obtenemos de la lectura del περὶ φυγῆς (De exilio) corroboran también la existencia de un destierro que tuvo lugar presumiblemente en Quíos, si bien es cierto que algunos de los datos que en este discurso se nos ofrecen en primera persona y que aparentemente son autobiográficos, no dejan de tener algunas aristas. También son importantes, para conjeturar que este destierro tuvo verdaderamente lugar, los ejemplos que atenienses y corintios nos proporcionan cuando decidieron echar abajo las estatuas que se le habían erigido en sus respectivas ciudades. La remoción de la estatua de Favorino en Corinto es el motivo principal del Discurso Corintio, o Κορινθιακὸς λόγος, en donde el orador se queja en un discurso dirigido a los ciudadanos de esta ciudad, si bien es cierto que se cuida mucho de revelar los motivos de ruptura con el príncipe.
Consta que a la muerte de Adriano, habiendo llegado a la cabeza del imperio Antonino Pío en 138 d. C., nuestro filósofo y orador se encuentra de nuevo en Roma donde protagoniza un buen número de charlas y anécdotas que Aulo Gelio recoge en sus Noctes Atticae.
Por último sólo nos falta saber cuál fue la causa de este destierro. También en este aspecto hay opiniones encontradas, pues algunos dicen que el motivo fue la concesión del cargo de flamen o sacerdote (ἀρχιερεύς) por parte de sus paisanos de la Galia Narbonense y que nuestro sofista no quiso aceptar en un primer momento, aunque luego, para no enemistarse con el emperador, cambió de opinión so pretexto de que había tenido un sueño en el que se le había aparecido su maestro Dión de Prusa quien le habría recomendado aceptar aquella liturgia. El cargo de sacerdote suponía por un lado un cuantioso dispendio, e implicaba al mismo tiempo su estancia en Provenza durante ese período.
Otro de los motivos aducidos por los estudiosos fue el juicio habido en Roma por adulterio con la mujer de un consular. Nuestro sofista, es bien sabido, se vanagloriaba de ello en sus palabras “εὐνοῦχος ὢν μοιχείας κρίνεσθαι”, “ser eunuco y al mismo tiempo ser juzgado por adulterio”; alegó su naturaleza hermafrodita para demostrar, y salió exculpado, que tal adulterio no habría podido cometerse nunca. Sin embargo hoy se le identifica generalmente la enfermedad o síndrome de Reifenstein con criptorquidia, lo que no impide la erección aunque es causa de esterilidad. Esto se acompasa muy bien, por otro lado, con lo que sabemos a partir de Filóstrato, quien decía que el sofista era muy ardoroso en el amor. A esta explicación se suma el profesor Leofranc Holford-Strevens en su artículo titulado “L’éxil de Favorinos eut-il réellement lieu?”.
Por último, también se suele achacar la causa del destierro a su rivalidad con el sofista Polemón, que hubiera podido causar graves desórdenes ya en Esmirna, ya en la propia Roma, donde ambos sofistas enfrentados contaban con seguidores acérrimos y partidarios entre los miembros de la clase senatorial. Parece sintomático que fuera precisamente su rival Polemón quien se alzara con el honor de pronunciar el ya citado discurso inaugural del Olympieion.
Desde mi punto de vista creo que no era necesario que mediara juicio alguno (ni hay tampoco noticia de ello) fallado ya fuera por el emperador, ya por algún otro tribunal, para que un individuo fuera desterrado. Bastaba simplemente con verse privado de la amistad del príncipe, verse alejado de forma evidente del círculo de amigos del príncipe, para que nuestro rhetor interpretara paulatinamente esta frialdad y este silencio en su entorno como una petición o tácita demanda de que partiera de Roma. Los súbditos del Imperio captaban rápidamente este alejamiento y (más papistas que el papa) procedían a deshacer los honores que previamente le habían concedido, como remover estatuas, para ganarse así la benevolencia del César. Me inclino a pensar que el destierro de Favorino fue una especie de relegatio voluntariamente aceptada.
3. El estilo
Favorino es ante todo un aticista de época del emperador Adriano, pero muy influido por las corrientes de la koiné (κοινή) literaria de su tiempo, muy impregnada de latinismos y sin renunciar a muchas expresiones o locuciones idiomáticas de carácter post-clásico. Esto fue más tarde objeto de reproche, por ejemplo por parte de Frínico. Un estudio específico sobre el estilo de Favorino realizó el filólogo Martin Hallig, aunque sólo referido al Discurso corintio y al De la fortuna. El propio Favorino afirma en el Discurso corintio que se le erigió allí una estatua “porque siendo romano se helenizó como vuestra patria, de fuentes atenienses, porque es ática en su voz (tanto Favorino como Corinto adoptaron la lengua ática a partir de su latín primigenio), de fuentes lacedemonias, porque gusta de la educación física, de todos al fin, porque filosofa y ha llevado a muchos griegos a hacer filosofía con ella, y ha atraído también a no pocos bárbaros (como Favorino, no olvidemos que era galo).”
Galeno, en su De optima doctrina (“De la enseñanza mejor”), περὶ ἀρίστης διδασκαλίας I, 41, 18-19, se sorprende de que Favorino utilice las palabras καταληπτόν, ἡ κατάληψις, ἡ καταληπτικὴ φαντασία y sus antónimos, porque no está de acuerdo con la lengua ática, aunque elija de forma habitual expresiones apropiadas al dialecto (εἰς τὴν τῶν Ἀττικῶν φωνὴν εἰωθὼς μεταλαμβάνειν ἕκαστα τῶν ὀνομάτων).
Frínico, aunque muy crítico con estas desviaciones del dialecto ático de Favorino, dice de él: “ἀνὴρ λόγου ἄξιος” y “ὁ πρῶτος δόξας τῶν Ἑλλήνων”, es decir, “varón digno de mención” y “el más famoso de los griegos”.
Son muy numerosas las palabras de Favorino que no forman parte del léxico ático clásico. Podríamos decir del Arlesiano que su elección supone una μέση ὁδός, o “camino medio”, avant la lettre, entre los aticistas puros y los hablantes cultos de su propio tiempo.
Fruto de la vasta cultura de Favorino son las paráfrasis de pasajes clásicos y la utilización de palabras y expresiones poéticas. Usa de las citas mucho más que su maestro Dión, Elio Arístides, Polemón o Luciano. Sus autores preferidos en las citas que hace en toda su obra son Homero, Eurípides y Hesíodo, (80 pasajes poéticos en su obra que aportan dulzura a su prosa, γλυκύτης). Hay guiños al historiador griego Heródoto materializados en jonismos o modos jónicos de la lengua. A veces también deja caer dorismos en su prosa. Hay pasajes en los que se evidencian calcos del latín.
En general se observa una preferencia por la voz activa, mediante el uso de más pronombres, que por la voz media. También es evidente una limitación en el uso del optativo.
Probablemente la exclusión de Favorino de los corpus de oradores áticos se debió a que no representaba, desde el punto de vista lingüístico, un modelo ejemplar de estudio.
En opinión de Filóstrato el estilo de Favorino de Arlés era fragmentado, articulado, incisivo y musical. Hay un predominio en las obras pseudo-dioneas del ritmo epítrito-yámbico en la forma — — u x (especialmente en el De exilio), y — uu x en las demás obras conservadas. En el De fortuna y el Corintio hay predominio de crético más troqueo – u — — u (con diversas soluciones). A veces el crético se substituye por un coriambo – u u – o por el moloso — — —
A veces también aparece con frecuencia el dicrético – u — — u – que en ocasiones se presenta bajo la forma de coriambo más crético y viceversa, o con el espondeo en la primera posición.
Son numerosos así mismo los ditroqueos – u – u. El cuidado por el uso de cláusulas métricas es más evidente en los dos discursos públicos, donde resalta la habilidad del orador.
En las peroraciones o finales de los discursos se pone de manifiesto la dicción cantarina, donde se mezclan la prosa y el verso: dos citas poéticas están presentes al final del Discurso corintio y del De fortuna. Hay una esticomitía en Fortuna 15-16 que acerca el discurso a una obra dramática. En Fortuna II hay una construcción fragmentada, subrayada por trozos de versos diseminados un poco por todas partes, que aproxima el estilo del rhetor a la corriente asianista o barroca.
Se evitan las secuencias de tres vocales breves, salvo excepción. Un rasgo propio del estilo de Favorino consiste en citar elementos extraídos de su extensa cultura, de no importa quién o de qué, y compone así con espontaneidad y gran facilidad largos y complicados períodos con profuso uso de participios, enriquecidos a veces por paréntesis y digresiones que no perjudican, no obstante, a la claridad del discurso.
En todo parece Favorino un estudioso profundo de la retórica y un trabajador incansable, lo que hace que pueda permitirse la improvisación de discursos pronunciados de una sola tirada. En cuanto al hiato, hemos de decir que no es muy respetado por Favorino en su obra, a pesar de que oradores áticos como Isócrates y Demóstenes pusieron mucho celo en sus obras por evitarlo.
4. Obras
Eugenio Amato elabora un completo catálogo de sus obras en su edición de Belles Lettres de 2005. Las más importantes de entre ellas parecen ser unas Memorabilia (Ἀπομνημονεύματα) y una Historia Varia (Παντοδαπὴ ἱστορία o ὕλη) que utilizaron profusamente en sus obras Diógenes Laercio y Ateneo de Náucratis. En los Discursos Pirrónicos, en X libros, se exponen las doctrinas escépticas de Pirrón; a esto podemos añadir escritos donde se habla de la filosofía de la Academia y otros escritos como el paradójico Elogio de la Cuartana o el Elogio de Tersites, verdaderos juegos retóricos donde se hace gala de una poderosa oratoria defendiendo causas aparentemente indefendibles, como hiciera Gorgias en su Discurso a favor de Helena. De todos estos textos no restan sino citas y fragmentos.
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Obras conservadas:
Discurso Corintio (ΚΟΡΙΝΘΙΑΚΟΣ ΛΟΓΟΣ)
El Discurso Corintio ha pasado a engrosar el número de los discursos atribuidos a Dión de Prusa, el maestro de Favorino, tal vez porque hay un Discurso a los rodios de temática parecida. Sin embargo parece evidente que ni por el estilo ni por los detalles personales que afloran en el texto puede atribuírsele al de Prusa: en efecto, el protagonista de este discurso a los corintios es un orador y filósofo aticista de origen galo que ha conseguido por amor a la lengua y literatura griegas hacerse con un nombre en Grecia, hasta tal punto que fue el mismo Consejo de Corinto el que, en ocasión de la segunda visita del sofista a la ciudad, decidió erigirle una estatua en la biblioteca para estimular la emulación de los jóvenes amantes de los estudios humanísticos. Pero a consecuencia de un libidinosum flagitium protagonizado por nuestro personaje en Roma, algunos corintios decidieron proceder a la remoción de la estatua. Todo el discurso supone una laudatio de la historia de la ciudad de Corinto y a la vez una defensa de su propia persona que pone sobre la mesa el asunto hoy tan de moda y tan cotidiano de la cancelación. Si el Consejo de una ciudad ha decidido alzar una estatua honorífica de una persona, ¿quién tiene derecho a derribarla o removerla? ¿En qué condiciones sería lícito llevar a cabo dicha remoción? Además los estudios humanísticos son presentados en el discurso como una adquisición personal que es ya universal e independiente de las marcas fronterizas de los estados o de Oriente y Occidente. Estos estudios son una nacionalidad en sí mismos, una especie de preámbulo de aquellos diálogos que presentan por ejemplo las Saturnales de Macrobio en el final casi del Imperio. Esa patria de los estudios, heredera de ese Imperio de pretensiones ecuménicas de la última etapa de la Antigüedad y que fue legada a los humanistas del Renacimiento, eso que el marsellés Marc Fumaroli llamó República de las letras. Se trata de aquella vieja paideia griega que es válida para griegos, romanos y bárbaros sin distinción. Porque ser griego es una cuestión de cultura, no de raza, y en ese sentido también escribió el poeta Nikos Engonópulos en su poema “Bolívar”: “Bolívar es hermoso como un griego” (ὁ Μπολιβὰρ εἶναι ὡραῖος σὰν Ἕλληνας).
En el discurso Favorino hace hablar como testigo a la propia estatua removida, el recurso conocido ya por Aristóteles como “ἕτερος λέγων”, que pretende otorgar mayor objetividad al asunto de que se trata, y que ya utilizó Cicerón en su Pro Caelio resucitando ni más ni menos que a Apio Claudio el Ciego.
De Exilio (ΠΕΡΙ ΦΥΓΗΣ)
Esta obra apareció en el año 1930 en un texto papiráceo hallado en Egipto; y, con la salvedad de la primera y la última columna del papiro, se encuentra en relativas buenas condiciones. Es la obra más extensa de cuanto conservamos del rhetor provenzal y trata de una consolación específica sobre el exilio desde la propia experiencia del orador. Es también una exhortación a la filosofía, un protréptico, entendiendo ésta como único bien no perecedero con el que cuenta el hombre. Tenemos también varios precedentes en cuanto a la temática, el primero de ellos en un escrito helenístico de un escritor llamado Teles, que redactó una consolación sobre el exilio de la que sólo quedan fragmentos. También Plutarco tiene un escrito sobre el exilio, que guarda un elemento común con el de Teles, y es que ninguno de los dos hubo de sufrir destierro en carne propia. En cambio Musonio Rufo, en un tratado titulado “El exilio no es algo malo”, hoy desaparecido, y Dión de Prusa en “A Atenas, sobre el exilio”, sí tratan del tema y sí experimentaron la cólera del emperador en forma de destierro.
Favorino organiza su discurso en cuatro partes, que son las carencias específicas que todo desterrado siente (la pérdida de la patria, la pérdida de los padres y amigos, la pérdida de las riquezas y honores y la pérdida de la libertad). Estas cuatro partes en que se divide el cuerpo del discurso están vinculadas con un aliento agónico o competitivo propio de los atletas que se enfrentan en el estadio. Todo ello está lleno de menciones a personajes históricos o mitológicos de ámbito griego y latino, algunos de ellos de difícil identificación. Son también de reseñar las metáforas marineras que hacen referencia a la nave en la tormenta. Además del consuelo que el oyente obtiene al escuchar este magnífico retablo, hay una idea que subyace en el texto y que es probablemente de raigambre cínica o estoica, y es concebir la humanidad como una raza de emigrantes todos, y pone por ejemplo a los focenses que embarcando en las naves abandonaron sus lares y construyeron una segunda y nueva patria en el sur de la Galia. Cuando dice que un desterrado puede hallar gente buena y hospitalaria en cualquier lugar donde se establezca, parece dar razón al viejo latino “ubi bene, ibi patria” (Donde estés bien, allí está tu patria). Es así mismo notable la consideración que hace sobre los padres exiliados cuyos hijos han nacido en el país de adopción: los padres siguen considerando patria a aquella que perdieron, pero sus hijos no conocen otra patria que aquella en la han nacido y se han criado.
Consideraciones todas ellas muy actuales, sobre todo ante la evidencia de que también ahora está el mar lleno de exilios, “plenum exiliis mare” (Historias I, 2, 13), en palabras de Tácito.
De Fortuna (ΠΕΡΙ ΤΥΧΗΣ)
Los discursos 63, 64 y 65 del corpus de Dión de Prusa tienen por título Sobre la fortuna o “De fortuna”, como se conocen en latín. Se desconoce la autoría del primero de ellos, que más que discurso, es un ejercicio retórico que probablemente nunca fue pronunciado. El 64 pertenece a Favorino de Arlés y en él se trata de la Fortuna y al mismo tiempo se intenta honrar a una ciudad de la Magna Grecia cuyo nombre no se especifica (podría ser Nápoles, aunque hay problemas en la adjudicación). La diosa Fortuna, la de muchos nombres, tuvo su momento culminante en el período helenístico; de ella trata Menandro en su Comedia Nueva, Polibio y Demetrio de Fálero. Es también tema muy querido de Plutarco, que le dedica varias obras. El de Arlés nos presenta a la Fortuna, pero sin ceñirse a ningún movimiento filosófico concreto. Algunos estudiosos piensan que Favorino no llega a concretar el nombre de la colonia griega a la que dedica su discurso para así poderlo emplear indistintamente en varias ciudades del sur de Italia o de Sicilia.
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Santiago Blanco del Olmo
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