Cinco poemas de «Ítaca bajo el mar», de Ángel Antonio López Ortega – César Rodríguez de Sepúlveda

Cinco poemas de «Ítaca bajo el mar», de Ángel Antonio López Ortega – César Rodríguez de Sepúlveda

Cinco poemas de Ítaca bajo el mar, de Ángel Antonio López Ortega

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Cinco poemas de Ítaca bajo el mar, de Ángel Antonio López Ortega

Ángel Antonio López Ortega es un poeta madrileño, filólogo de formación y especialista en literatura oral centro-africana. Ha publicado el libro de relatos Los elefantes son holandeses (Ediciones Libertarias, 2013) y los poemarios La luz y el cobre (Vitruvio, 2009), Brazos de Ananké (Valparaíso, 2020) e Ítaca bajo el mar (Mahalta, 2023).

En Ítaca bajo el mar, libro en el que alternan verso y prosa poética, vuelve a explorar algunos de los temas que recorren toda su poesía: el viaje como fuente de conocimiento y de felicidad, la difícil descodificación de los signos, la soledad y la muerte. El libro es un diálogo literario con Homero y Kavafis, entre otros autores, en torno a la figura de Odiseo, con sus luces y sus sombras. Otra vuelta de tuerca a uno de los más importantes personajes de la literatura universal.

*

Poemas

I

Mares y espejos

A fuerza de mirarlo ya no existe
solo la irritación de los ojos.

Por el espejo del mar
entran y salen los recuerdos
fuego que no quema
herida que no cierra.

Por el oro vertido del ocaso
se derrite en las aguas
el plomo de los sueños
y el resplandor mismo
dormido se amorata y verdea
en la pureza vacía de la noche.

Pero no viene otra aurora
al paso del estrecho
que antes recorrió con la mirada
la mirada anhelante
agrietada de estrellas fugaces
mientras hienden morosas las aguas
y los ojos se hacen inmensos
en la pupila de la noche.
Y por un instante es el corazón latiendo
y por un instante la llegada solemne de la muerte.

*

II

Hécuba y Odiseo

Vosotros los amos del mundo
Nosotras vuestras sombras
las sombras que os acompañan
que incluso en las noches sin luna
proyectan su mancha de sangre
su rastro de lágrimas.

Vosotros el mar proceloso
las naves cóncavas sajando las playas
las naves que hicieron cóncavo nuestro mundo
y nosotras los vientres estériles
el polvo de los templos abatidos
las urnas pisoteadas de nuestras casas.

Vosotros los raptores de sombras
quienes repudiaron nuestros cuerpos avejentados
quienes abandonaron cautivas en Tracia
y en la soledad de islas sin nombre
quienes lanzaron nuestros cuerpos de mujer
y la historia ancestral de nuestro pueblo
al vacío tembloroso de las ruinas
para que entremos como mendigas en el Hades.

Vosotros señores del mar
que os cubríais los oídos
para no escuchar mi llanto
vosotros que no habéis perdido vuestros hijos
y nosotras convertidas en perras por los dioses
por dioses que también nos han abandonado.

¿Qué nos queda Odiseo
en este mundo de bruma
en este mundo sin luz?
¿Qué luz despertará aún nuestros ojos enrojecidos?
¿Adónde irán nuestras almas extraviadas?

¿Y qué os queda a vosotros Odiseo
qué rincón del mundo aún no habéis sometido?
¿Cómo viviréis de ahora en adelante
qué relieve tendrá para vosotros la vida en la tierra
en qué isla esconderéis vuestra soledad
vuestra tristeza
vuestra violencia?

*

III

El otro mar

Nunca sale todo el veneno de las palabras
tras ser proferidas.
En el silencio laceran todavía
se remueven
agitan
su trazo y su eco
anhelan una paz imposible en la conciencia.

Lisonjas que fueron preludio de la sangre
efímeros propósitos de amor
fogonazos de arengas y discursos.
Mil vocablos que surgieron de mi garganta
como estrellas lanzadas al firmamento
dulces y certeras como trampas
para levantar un vuelo ligero
al desprenderse de los labios
pesadas sin embargo al atravesar el ponto
aves cansadas de sus plumas
que apenas pueden batir las alas.

Con razón, algunos me odian al oír mi voz
pues fue mi sino herir con la palabra
y con ellas también me sublevé contra los dioses.
Quizá desconozcan que
aún más que a nadie
me lastimaron a mí
en lo más profundo
a este vagabundo de los mares
siempre adheridas a mi piel
siempre al acecho

en este otro mar en que navego
donde nada es aparente
pero está
sin oleaje
sin espuma
sin salitre
con remolinos invisibles
abisal en sus colores estancados o disueltos
donde no llega apenas la luz
ese otro mar de las palabras

*

*

IV

Sueño breve

Sueñas que la muerte vendrá en forma de águila (no de pájaro humilde) al mediodía de todas las islas, pues en todas será anunciada. Un águila a la altura de tu orgullo, no inferior al del titán encadenado. No de pájaro sencillo, no de ave canora, porque te recuerden la falsedad de tus palabras, ilusorias al fin, como el canto de las sirenas.

                        Y sueñas que así eludes a tu hijo habido con la hechicera que vendrá un día a conocerte y a darte muerte, siguiendo el texto atroz de un hado oscuro, y a casarse con Penélope y a enseñorearse de tu hacienda, tu cama y tus armas, quizá empleando tus mismas palabras.

                        Sueñas que morirás en el mar, sosteniendo tu remo, feliz de apagarte en tu verdadera patria, lejos de cualquier tierra, bajo el sol del mediodía, un día sin nubes, un día sin brisa. El olor de la sal nada más y la estrofa repetida de las aguas.

*

V

Viaje a Poniente

Esto que Tiresias Homero y Borges
y otros bardos ciegos te anunciaron
esto es lo que yo te suplico.

Embarca hacia donde muere el sol
y no vuelvas la vista hacia tu isla.
Evita los amaneceres y el sol rubio en su cenit.
Mejor no hagas promesas
ni proyectos siquiera
en el vaho de los vidrios
ni en la arena mojada
o en la clepsidra enloquecida por la navegación.
Irás hacia tu ocaso también
mientras encuentras gentes que no conocen el mar
pero recuerda que para ti es más fatídico el orto del día
que las anaranjadas llamas del ocaso.
Tu ocaso está en ambos mares
antes de cerrar los ojos
con un remo en las manos
porque hacia donde vas solo te espera
una vejez de aventura y el Hades nebuloso.
No este ocaso que te marchita cada día
y la hiel que te abrasa el hígado
más que la piel del centauro al hijo de Alcmena
y el hogar extremo ardiente del verano y húmedo en invierno
donde solo afilas cuchillos y extraes las habas de sus vainas
o cuentas espigas en busca de su grano.

Cuántas islas habrá donde se oculta el carro solar
cuántas ninfas bañándose de sus fuentes
cuántas dulces hechiceras
cuántos islotes desconocidos de los dioses.

Perdiste la inmortalidad en la isla de Calipso
mas aún podrás lograr el viaje más plácido
la más dulce navegación
el más sereno pasaje a las nieblas del Elíseo.

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César Rodríguez de Sepúlveda

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Ángel Antonio López Ortega. Ítaca bajo el mar. Mahalta Ediciones [Colección Adivinos], Madrid, 2023. ISBN: 978-84-126916-8-9. .

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