«Carpe Diem» y cinco poemas más de Tomás Salas

«Carpe Diem» y cinco poemas más de Tomás Salas

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«Carpe Diem» y cinco poemas más de Tomás Salas

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Tiziano Vecellio – Il Baccanale degli Andrii [1523 – 1526 – Museo del Prado – Madrid – España]

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«Carpe Diem» y cinco poemas más de Tomás Salas

I

Carpe Diem

Antes que el tiempo muera en nuestros brazos
Epístola moral a Fabio

Antes que el Calentamiento Global agote
el aire que queda en mis pulmones;
o que la crisis humanitaria
de alguna guerra lejana nos arrastre
como a pulgas en un torrente;
antes de la próxima subida del petróleo
y de la inminente quiebra
del sistema de pensiones;
antes que el Fisco termine de estrujarme
como a la tierna ubre de una vaca;
antes que nos invadan los infieles
de una lejana tribu de barbados;
y que ocupen los okupas
mi sillón favorito;
antes que los bárbaros instalen para siempre
sus chozas en el ágora
y los carbones de sus hogueras rituales
tiznen nuestras sábanas,
pido al dios de los sucesos cotidianos
-o a alguien que tenga competencia en este tema-
me permita tomarme este café
y leer mi periódico, aunque sólo
traiga deporte, crucigramas y catástrofes.

*

II

El dandy

He pasado la vida ensayando poses delante del espejo
para el día de mi muerte.
Quizá en mi sillón Flaubert,
rodeado de mis libros polvorientos,
con una margarita medio ajada en el ojal derecho
y las Máximas de Marco Aurelio entre las manos
-como si la vista me sirviese entonces para algo.
Diciendo a mis deudos y parientes,
si alguno me queda, los últimos consejos:

Todo esto es un juego vagamente divertido
y siempre gana la Casa.
Da lo mismo a qué apostéis; sólo hacedlo
sin perder la compostura y, si es posible,
sin codazos ni aspavientos. No abdiquéis
de lo que importa, la Belleza; y no aflojéis jamás
ni el rigor de la sintaxis
ni el nudo de la corbata.

*

III

Historia de la Literatura

Garcilaso no sabía que a Elisa le olía el aliento,
que expelía largos pedos en las altas horas de la noche
y que mostraba un extraño color en la orina,
como de una cierta enfermedad renal.

Fray Luis nunca contó de su huerto
que estaba plagado de orugas venenosas;
y que el uso de la azada producía
en su espalda un lumbago insoportable.

Góngora era un viejo avaro que guardaba
sus exquisitos manuscritos en un cartapacio
de maloliente piel de cordero
-olor que él prefería al de la plebe,
siempre tan ignara y sin latines.

Quevedo corregía su cojera
con un taco de madera en su zapato.
Mostraba un gusto pésimo para las meretrices
-las prefería obesas y rurales-
y, además, nunca pudo sospechar
que él, gran cantor del Tiempo y de Parca,
tendría un mal entierro de tercera.

*

IV

Madrigal científico

A Enrique García-Maiquez,
a quien debo el título de este poema

Aprovecho esta corriente de protones y electrones, 

que los pobres poetas llaman tacto

y que fluye entre mis dedos como inquietas

 hileras de hormigas pululantes,

para tocar otra vez  el rostro amado,

que legos científicos definen  

como estructuras proteínicas complejas,

antes que la entropía final disuelva  

la materia y apague la energía,

 y nos convierta en nada o torbellino

de algún agujero negro -eso que llaman

los antiguos polvo enamorado.

*

V

La noria

Si las palabras no tienen sustancia
y son un vacuo sonido, vibraciones
del aire en mis aurículas
-como el ruido de este lápiz al caerse
o el zumbido de un abejorro inoportuno- ,
qué hago yo, pobre idiota,
dando vueltas a esta noria interminable
de los versos tontos y las rimas
que suenan a mala música de feria
-esa que gusta a los abuelos y espanta a las palomas.
Qué hago, digo, escribiendo para nadie,
despistado en este jardín de oídos que me ignoran,
con la incurable alegría del bruto,
Sísifo con zapatos nuevos.

*

VI

El sabio

Sobre tu calva brillante
que en el ágora luce con luz propia
(es complejo el tema
-decías-: habrá
que adoptar una óptica exhaustiva
)
crecerá la hierba
indiferente y viva.
Para entonces, nada
serán la tesis,
la antítesis,
la hermenéutica,
el epítome.
El musgo cubrirá,
con su humedad pastosa,
el aparato crítico
de tus obras completas.
Melancólico fin.
Pero quizá te cite
algún letrado amigo
en nota a pie de página
o sirvas como entrada
de la bibliografía
de la monografía
de alguna separata
o algún desaprensivo
te haga el favor del plagio
y alargue (inútilmente)
tu minúscula gloria.

***

Tomás Salas

Categories: Literatura

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