Entre la Lógica y la Filosofía Política: la aventura intelectual de Manuel Sacristán Luzón [Con motivo del centenario de su nacimiento: 5 de Septiembre de 1925 – 5 de Septiembre de 2025] – Sebastián Gámez Millán

Entre la Lógica y la Filosofía Política: la aventura intelectual de Manuel Sacristán Luzón [Con motivo del centenario de su nacimiento: 5 de Septiembre de 1925 – 5 de Septiembre de 2025] – Sebastián Gámez Millán

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Entre la Lógica y la Filosofía Política: la aventura intelectual de Manuel Sacristán Luzón [Con motivo del centenario de su nacimiento: 5 de Septiembre de 1925 – 5 de Septiembre de 2025]

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Manuel Sacristán Luzón [Madrid, 5 de septiembre de 1925 – Barcelona, 27 de agosto de 1985]

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Entre la Lógica y la Filosofía Política: la aventura intelectual de Manuel Sacristán Luzón [Con motivo del centenario de su nacimiento: 5 de Septiembre de 1925 – 5 de Septiembre de 2025]

Y, sin embargo, era de un fondo tan insobornable que en una depresión anterior a su muerte, mientras traduce a Gramsci, se identifica con el pensador al final de su vida y duda si ha sido un fracaso y si su militancia tenía sentido. Era, pues, extremadamente estricto, hasta el punto de que, junto a Gabriel Ferrater, intimidaba al resto de compañeros del Grupo Laye: Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Castellet, José Agustín y Juan Goytisolo…

A veces los filósofos se toman tan en serio la actitud crítica que les paraliza y les perjudica o va contra sí mismos o contra sus propios intereses. Quizá sea el daimon. Declaró que “el requisito indispensable para una investigación sin prejuicios es el reconocimiento de la propia ignorancia”. Pero al menos desde Sócrates el filósofo, es decir, el amante del saber y/o de la sabiduría, sabe que no sabe, y precisamente por ello está condenado a no dejar de buscar…

 Marxista confeso, Manuel Sacristán propuso, contra lo que defendía Gustavo Bueno, la eliminación de las Facultades de Filosofía y su sustitución por Institutos de carácter interdisciplinario. Por un lado, porque no consideraba la filosofía como un saber sustantivo, al modo de las ciencias, sino un saber adjetivo, es decir, existe “Filosofía de la Ciencia”, “Filosofía del Lenguaje”, etc., pero no algo así como “la Filosofía”; y, por otro, para evitar que la filosofía se convierta en una especulación vacía, al margen de las ciencias y de las prácticas humanas.

Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad de Barcelona, ciudad en la que residirá la mayor parte de su vida. Viaja a Münster (República Federal de Alemania) para estudiar lógica matemática y filosofía de la ciencia (1954-1956). Manuel Sacristán pensaba que el marxismo y la lógica no eran incompatibles, al contrario, se complementan: si el análisis de la praxis y de las ideologías desde la interpretación del marxismo permite proporcionar una fundamentación más rigurosa de la ciencia, el estudio de las ciencias naturales y de las ciencias formales permite elaborar con más rigor el marxismo.

Desde 1956 fue profesor de lógica, metodología, filosofía de la ciencia e historia de la filosofía en las Facultades de Filosofía y de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona. Pero en 1965 es expulsado de la Universidad por su postura antifranquista. A lo largo de su carrera tendrá numerosas dificultades, primero por su compromiso con el Partido Comunista Español, con el que rompe en 1979; después por su compromiso con sus convicciones morales, que no dejan de ser políticas. Tras la muerte del general Franco vuelve a ser nombrado catedrático.

Entre sus más aventajados discípulos cabe mencionar a Francisco Fernández Buey, Antonio Doménech, Félix Ovejero o Jorge Riechmann, que lo considera pionero del ecosocialismo. Javier Muguerza le dedicó La razón sin esperanza (1976), uno de los libros de filosofía escrito en nuestra lengua más importantes de la segunda mitad del siglo XX, que se abría con esta cita de El Principio Esperanza, de Ernst Bloch: “La razón no puede prosperar sin esperanza, ni la esperanza expresarse sin razón”; y concluía con estas célebres palabras: “Con esperanza, sin esperanza y aun contra toda esperanza, esa razón es, sin embargo, nuestro único asidero, por lo que la filosofía no puede renunciar sin traicionarse a la meditación en torno a la razón”.

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Sebastián Gámez Millán

Categories: Filosofía

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