Trasímaco o de la omnisciencia – Un diálogo platónico de Javier Sagastiberri

Trasímaco o de la omnisciencia – Un diálogo platónico de Javier Sagastiberri

Trasímaco o de la omnisciencia

 

Nada más acercarme al Pireo con Glaucón, paróme Trasímaco y, encarándose conmigo, me dijo:

-Sócrates: a menudo oigo discutir a los muchachos sobre la posibilidad de un Ser Supremo: Un ser omnipotente y omnisciente creador del universo. ¿Puedes tú concebir tal cosa? Cuando te escucho hablar de un Bien Supremo, creo entender que para ti es posible un Ser omnipotente y al mismo tiempo dotado de una suma bondad. Para mí es algo inconcebible. ¿Cómo puede llamarse bueno a un ser todopoderoso que no evite el sufrimiento de las criaturas? Si tal ente existe, yo lo tengo por le más despiadado de los seres.

-Trasímaco, Trasímaco, estás planteando el problema del mal en toda su crudeza. Da la impresión de que te estás adelantando a las preocupaciones de tu tiempo. Va a resultar que tiene razón ese autor que sostiene que toda la historia de la filosofía occidental se reduce a un conjunto de notas a pie de página de estos jugoso diálogos con los que nos entretenemos los griegos que no hemos de perder el tiempo trabajando como esclavos.

-No te hinches como un globo, Sócrates, y contesta recto y sin malicia. A ver si podemos evitar en este caso tres mil años de notas a pie de página, pues aborrezco la hermenéutica.

-Intentaré ser claro, aunque la materia es ardua. Te contestaré con una pregunta: ¿Crees o no posible que un ser omnisciente sea al mismo tiempo infinitamente bueno y no haga nada por impedir las causas que él, en su omnisciencia, conoce que llevarán a las criaturas a un gran sufrimiento?

-A ese ser omnisciente sólo puedo calificarlo de canalla redomado.

-Pues he de decirte que igual te equivocas.

.Ni juegues conmigo, Sócrates, y resuelve el acertijo. No quiero considerarte también a ti un canalla redomado.

-La solución tiene que ver con nuestra percepción del tiempo. ¿Cómo lo percibes tú? ¿Cómo sientes el tiempo en tu persona?

-Eso es fácil. Lo siento como un flujo, con una dirección determinada.

-¿El tiempo es para ti algo que fluye? ¿Sería algo así como una flecha? ¿Algo que no puede detenerse y siempre progresa en una dirección determinada’

-Más o menos.

-Estarás entonces conmigo en que tú y todos los hombres, al estar dentro del tiempo, no pueden ver todo lo que sucede a la vez, de una forma instantánea. En cada momento presenciarán  lo que ocurre en ese punto del flujo interminable, recordarán lo que ha acontecido, pero sólo podrán tener atisbos de lo que va a suceder. En definitiva, recordarán el pasado, percibirán de una forma oscura el presente e imaginarán el futuro. Pero, al formar parte de la materia del tiempo, no podrán contemplar de un vistazo y de forma simultánea el pasado, el presente y el futuro.

-¿Adónde nos lleva este diálogo, maestro’ No te he preguntado por el tiempo, sino por la compatibilidad entre la omnisciencia y la bondad. Te haces viejo, Sócrates, y, como los viejos, hablas y hablas, pero no dices nada.

-Concéntrate, Trasímaco. Has de entender que estoy llegando al meollo de la cuestión que te preocupa. No te pido que seas omnisciente, tan sólo un poco más inteligente de lo que en este momento te muestras. Espero haberte convencido de que si eres un ser que está dentro del tiempo, una criatura temporal, nunca podrás ser omnisciente. Tu vida en el tiempo es una línea que se cruza con otras líneas temporales en una especie de ámbito espacio-temporal todavía no bien conceptuado, pues nunca he visitado Alemania; incluso creo que esa gran nación no existe aún, ni me parece que le debamos nada los griegos a sus bancos. Como venía diciendo antes de que la Troika me nublara la mente, tu vida en el tiempo es una línea y tú te sitúas en un punto de la misma. Y no puedes captar la línea entera si estás dentro de ella. Para poder observarla en su integridad tendrías que estar «sub specie aeternitatis», fuera del tiempo, en el exterior de la línea.

-Empiezo a entenderte, Sócrates, pero me gustaría que fueras un poco más sistemático. Para la filosofía prefiero los tratados más que los diálogos.

-Intentaré satisfacerte. Voy a exponer de forma más clara cuáles son las condiciones que han de darse para lograr la omnisciencia. Creo que son sólo dos:

La primera, ya te la puedes imaginar: para lograr la omnisciencia has de estar fuera del tiempo.

Y la segunda, que no es más que un corolario de la primera, es que has de percibir el tiempo como si fuera un espacio. Sólo esa forma de percepción te permite conocer todos los sucesos, ser realmente omnisciente.

-Empiezo a entender tu razonamiento, Sócrates. Pero me sigue resultando algo especioso.

-No te preocupes, para eso existen los ejemplos. Una serie de sucesos concatenados entre sí por la relación causa-efecto puede representarse por una línea. La flecha nos indica el orden de los acontecimientos. Si tú estás en el tiempo, estás dentro de la línea. Si no estás en el tiempo, estás fuera de la línea y puedes mirar todos los puntos «a la vez», como si dijéramos, aunque sea una forma impropia de decirlo. Tu percepción no sería del tipo temporal. No sentirías el flujo. Verías una línea. Si estás fuera de los acontecimientos, sólo verías líneas, planos y espacios. Es decir, percibirías el tiempo como un espacio, al estar fuera de él. Y verías cada suceso como un punto ordenado en una línea.

-Me da la impresión, Sócrates, de que vas más allá de lo que afirmabas en un principio.

-Así es, en efecto. De una manera oscura, pero que podremos ir afinando en sucesivos diálogos, hemos llegado a tres evidencias que voy a intentar expresar de forma breve y elegante:

1ª- Omnisciencia y omnipotencia son cualidades incompatibles.

2ª- La omnisciencia es compatible con cualquier comportamiento ético.

3ª-La existencia de un ser omnisciente no invalida la libertad en el ser humano. La omnisciencia no supone necesariamente el determinismo.

1ª – Para ser omnisciente has de percibir el tiempo como espacio. Has de estar fuera del tiempo. Pero si estás fuera del tiempo, no puedes ser causa de fenómenos temporales. Eso significa que tu voluntad no puede cambiar el curso de los acontecimientos. Por lo tanto, ser omnisciente significa casi lo contrario que ser omnipotente. Para ser omnipotente has de poder actuar, producir algún efecto. Para ser omnisciente, has de ser espectador. Luego un ser omnisciente es un ser mucho más débil que cualquiera de nosotros, pues le está vedado intervenir en aquello que ve. Al estar fuera de cualquier línea de tiempo, nada puede hacer para torcer una de esas líneas.

2ª – La omnisciencia es pues la suprema debilidad. Luego es perfectamente compatible la existencia de un ser omnisciente y la existencia del mal. Aunque ese ser fuera infinitamente bueno, nada podría hacer para evitar el sufrimiento.

3ª – Por ello mismo, tampoco la existencia de un ser omnisciente afecta a la cuestión tan debatida en tiempos posteriores a los nuestros: la controversia acerca del determinismo y el libre albedrío. Un ser omnisciente lo ve todo desde fuera del tiempo. Pero que lo vea todo de esa manera no significa que las cosas sólo puedan haber sucedido de una forma y no de otra (determinismo). Lo único que significa es que todas las líneas temporales son percibidas como espacio por el ser omnisciente. Pero que él las perciba así no quiere decir que la existencia de ese ser introduzca algún matiz de inevitabilidad a lo que sucede dentro del tiempo. El debate sobre la libertad o el determinismo, por tanto, no se ve afectado por esa cuestión.

Para terminar, debo añadir algo que se me ha ocurrido al hilo de las anteriores afirmaciones. La omnipotencia no existe, es imposible. Y esto, creo yo, se explica fácilmente como consecuencia de dichas afirmaciones. Un ser puede ser muy poderoso, y con fuerza para someter los acontecimientos a su voluntad. Para que lo consideremos omnipotente ha de poder conocer todos los sucesos, es decir, ha de ser omnisciente. Pero la omnisciencia es la suprema debilidad, según hemos demostrado. Luego la omnipotencia es imposible.

-Querido Sócrates, sin entrar a discutir sobre la audacia de esta última afirmación, que me parece un poco gruesa, tengo que objetar algo en las consideraciones que realizas alrededor de la tercera. Si un ser omnisciente sabe todo lo que voy a hacer, ¿cómo puedes decir que soy libre? Es claro que estoy determinado a hacer lo que ese ser ya sabe que voy a hacer.

-Está claro, Trasímaco, que tú nunca serás omnisciente, pues eres incapaz de pensar sin categorías temporales. Supongamos que tú seas libre; ese ser omnisciente está fuera del tiempo y ve la línea que tú creas con la forma que tú, en tu libertad, das a esa línea. Si le das otra forma, lo que verás será otra línea diferente. Pero no pienses que la ve «antes» de que tú realices las acciones y, por tanto, estás determinado a hacer lo que él ve. Él no ve tu línea temporal ni antes ni después de que suceda. Él percibe un espacio que no tiene antes ni después para él. Luego, tú libremente (así lo hemos supuesto), trazas tu línea temporal y él verá, en su percepción espacial fuera del tiempo, la línea que tú trazas. De la misma forma la percibiría si tú, en vez de ser libre, estuvieras determinado a hacer lo que haces. Luego la omnisciencia es neutral en relación a este aspecto de la discusión.

-Y sobre esta discusión, ¿tú qué opinas, venerado maestro?

-Yo opino que tengo hambre y sed después de tanta cháchara. Dejemos estas cuestiones para los filósofos que nos sucedan. Acerquémonos a aquella taberna que tiene varias mesas en e exterior y pidamos vino de retsina para regar nuestras gargantas. propongo, además, engullir un poco de ese queso tan sabroso que desde aquí se huele, acompañado de negras olivas. Lástima que no conozcamos todavía el tabaco para acabar la jornada como se merece. Las volutas de humo flotando alrededor de nuestras cabezas siempre han sido un acicate para la meditación filosófica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-Quizás fuera aún mejor el humo de la maría para esas meditaciones.

-Trasímaco, te ruego un poco de humildad: pretendemos inaugurar tres mil años de filosofía occidental. Dejemos la maría para los filósofos orientales.

 

Javier Sagastiberri

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Categories: Filosofía, Literatura