En Yuste – Un poema de Gloria Jimeno Castro
Overview
En Yuste [Poema]
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En Yuste
Caminando por Yuste al acabar un año más,
la naturaleza y la austeridad reinante en el paraje
te arrastra con las hojas caídas de su jardín,
deliciosamente ocre, a indagar en tus sueños
caídos, en tus logros brillantes, en tus lágrimas
derramadas, en tus grises nublados, que velan tus pupilas
de improviso, negándose a percibir blancos y dorados,
soles y celestes firmamentos de nubes de algodón de
la infancia feliz e inconsciente, sin dolor ni amarguras.
Quien todo lo tuvo, quien fue emperador y estuvo
envuelto en brillos y oros, en intrigas y poderes desmesurados,
quien veía aparecer ante sus ojos toda la belleza y arte anhelados,
se esconde en la naturaleza melancólica, entre muros fríos y austeros,
entre galerías sencillas, sin ornatos, sin estridencias, sin ruidos,
sin falsedades, sin imposturas impuestas por intereses.
Y lo comprendes, sientes también la necesidad de
renunciar, de esconderte hastiado de mentiras, de intereses,
de gritos innecesarios, de palabras vacías y manidas, falsas,
incoherentes, hirientes y mal pronunciadas por mentes insensibles.
Los naranjos y los olivos del jardín de Yuste te recuerdan
que lo sencillo y natural es lo que sostiene las columnas
del alma y de la mente, lo que insufla armonía y tranquilidad
al convulso interior de pensamientos estresados,
agolpados por impulsos constantes que
no se pueden ni frenar, lanzados por frenéticos
soldados de la urbe, que como mercenarios buscan
minar esperanzas, deseos y auténticas sensibilidades.
Grises y negros, sombras y oscuridades del monasterio,
del interior, de tu propio interior, te impulsan a salir de tus
internas galerías al jardín de amarillos, naranjas, verdes esmeraldas,
de montes tintados de blanco por la fría nieve que habla
de finales, de muertes y de nuevos comienzos.
La naturaleza eterna, cíclica, y las piedras centenarias
y perdurables te hablan, te invitan a escucharlas,
a dialogar con ellas y con el espíritu ya sosegado
de un emperador, que también se cansó de todo, y
todo quería enterrar bajo hojarasca y piedras grises
para hallar la paz y la quietud del alma.
Dialoguemos alma y naturaleza, dialoguemos con las
piedras levantadas por humildes manos y anónimas
para almas místicas, inquietas, anhelantes de paz,
de algo incomprensible e inefable y tan deseable.
Caminando por Yuste al acabar un año más,
la naturaleza y la austeridad reinante en el paraje
te arrastra con las hojas caídas de su jardín,
deliciosamente ocre, a indagar en tus sueños
caídos, en tus logros brillantes, en tus lágrimas
derramadas, en tus grises nublados, que allí,
por fin, atisban paz y verdad.
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Gloria Jimeno Castro
1 de enero 2026
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