Acerca de Петербургъ / «Petersburgo», de Andréi Biely – II -Mercedes Jiménez de la Fuente

Acerca de Петербургъ / «Petersburgo», de Andréi Biely – II -Mercedes Jiménez de la Fuente

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Acerca de Петербургъ / «Petersburgo», de Andréi Biely – II

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Acerca de Петербургъ / «Petersburgo», de Andréi Biely – II

2. La construcción del espacio en la novela: la ciudad modernista, un espacio interior

‟A consequence of a pluri-dimensional discontinuous perception of the world, the study of time-simultaneity gave way to theories as distinct as Einstein’s relativity or Bergson’s subjective time. It becomes the object of modernist experimentation in the works of literary figures such as Marcel Proust, Virginia Woolf, James Joyce or Thomas Mann.” (López-Varela 2010: 5).

El especial énfasis en la representación del espacio y del tiempo que ponen los modernistas “manifiesta el deseo de capturar el fenómeno temporal en un marco espacial” (López-Varela 2009: 5). Si los escritores modernistas sitúan en primer plano la construcción del espacio y del tiempo como coordenadas que enmarcan las acciones de los personajes, estas vienen a representar los movimientos del ciudadano, sobre todo mentales, relacionados con los nuevos tiempos y la problemática del individuo moderno. Petersburgo es una novela de principios del siglo XX que podría compararse con otras novelas modernistas que también experimentan con el tratamiento del tiempo y del espacio; de hecho, se ha relacionado sobre todo con Ulysses de James Joyce y con Berlin Alexanderplatz de Alfred Döblin: la acción se desarrolla durante uno o varios días en una única ciudad recorrida por los personajes, la cual tiene tanto protagonismo como ellos; todo lo que ocurre está encuadrado dentro de un marco urbano que determina en cierta manera los sucesos, porque son esa ciudad y sus circunstancias, y no otras posibles, las que condicionan el vivir de los habitantes; la presencia del humor es importante. Biely comprime las peripecias de unos personajes durante el último día de septiembre y en unos pocos de los primeros días de octubre en el San Petersburgo de 1905. Alexander y Nikolai, protagonistas de la novela, se sorprenden cada uno de todo lo que les ha ocurrido en solo veinticuatro horas. No se trata tanto de acontecimientos externos como de fuertes y poderosas emociones que los llevan a comportamientos extremos, dudas exageradas o estados de delirio.

Ellos reaccionan ante lo que experimentan vitalmente, y son justamente los pensamientos y las acciones consecuentes el objeto de la narración. Sin embargo, a diferencia del Ulysses de Joyce o de Mrs. Dalloway de Virginia Woolf, por ejemplo, cuyo tiempo interno es un día y el paso de las horas va siendo minuciosamente señalado por el narrador (un reloj suena, etc.), en Petersburgo no solo no encontramos apenas referencias temporales durante los pocos días, reducibles a horas, en que transcurre la acción, sino que hay una deliberada intención de buscar la imprecisión en el tiempo. De esta forma, las escenas adquieren un carácter borroso, casi onírico. Si los personajes son sombras, seres que surgen de la nada para adoptar una forma humana, sus acciones son retazos de sueños o de pesadillas, fragmentos de tiempo.

Los únicos datos explícitos aparecen al principio de la historia: ésta comienza el último día de septiembre a las ocho y media de la mañana, hora en que el Senador Apollon Ableukhov se prepara para ir al Negociado; camino del trabajo, en un coche negro por las calles de la ciudad, un cañonazo marca las doce. No vuelve a hacerse ninguna mención concreta a las horas ni a fechas precisas. La naturaleza será quien nos indique, con sus bellos amaneceres y sus atardeceres, el paso del tiempo. Los acontecimientos del primer día son contados en el primer capítulo y en parte del segundo; los sucesos de algunos días después (no hay datos que permitan precisarlo, se habla de В эти мерзлые, первооктябрьские [“frosty days of early October”] ocupan los capítulos dos y tres; en el capítulo cuarto y en parte del quinto se narran los hechos de un día de octubre; los capítulos siguientes, del quinto hasta el octavo, recogen la acción del día después, que es el último. La dilatación del tiempo a lo largo de, prácticamente, toda la segunda mitad de la novela se corresponde con un momento de máxima intriga: Nikolai Ableukhov ha activado una bomba que explotará en un plazo de veinticuatro horas. Los acontecimientos se precipitan.

Petersburgo también comparte con otras novelas de principios de siglo la ruptura con la narración tradicional en lo que se refiere al orden del discurso. La historia no se cuenta de forma lineal y como un todo, sino que se presenta fragmentada, dividida en partes que se yuxtaponen entre sí, en ocasiones como secuencias simultáneas o desordenadas en el tiempo, sugiriendo caos. George Reavey escribe en el prefacio de la edición de Cournos: “It is an extraordinary novel  conceived on many levels and deliberately constructed to produce an impression of chaos and nightmare” (Biely 1987: vii). López-Varela explica cómo esta técnica, relacionada con el novedoso tratamiento del tiempo y del espacio, obliga al lector a componer la historia contada: “in Ulysses he [Joyce] defines the city as aggregate of parts where the co-present of the city inhabitants and their simultaneous errands offer the portrait of the modern fragmented metropolis where humans are only able to apprehend a small portion of this urban space that the narrative’s modernist techniques render whole only to the reader who can trace the spatiotemporal relations to other urban figures” (López-Varela 2010: 7). Pero a diferencia del Ulysses o de Mrs. Dalloway, por nombrar los ejemplos del artículo citado, en la novela de Biely el empleo del monólogo interior y de la corriente de conciencia no se adueña totalmente del discurso, sino que aparece en determinadas secuencias focalizadas en los personajes sobresalientes; en realidad, el narrador de Petersburgo está muy presente en la narración. Se trata de un narrador omnisciente muy conversador y subjetivo. Atendiendo a las funciones del narrador establecidas por George Genette (1989), hace uso tanto de la “función de control” como de la “función de comunicación”: la primera aparece cada vez que el narrador alude a la articulación de la organización interna del texto; con la segunda establece un diálogo con el lector, auténtico “narratario” del discurso. Al final del primer capítulo interviene filosofando sobre la creación; dice que si bien un ser de ficción es producto de la fantasía del autor, un “mere idle cerebral play”, una vez creado comienza su existencia propia porque “thoughts too have their own particular existente” (Biely 1987: 38).

Esta idea del pensamiento como juego cerebral se repite a lo largo de su novela.

Veremos más abajo cómo los personajes son sombras que van tomando consistencia humana, cómo se concede una gran importancia a la descripción de las sensaciones y los delirios mentales de algunos de ellos, al límite entre la percepción subjetiva y otra realidad que va más allá de la realidad física. La voz autorial está también muy presente, llegando a expresar experiencias autobiográficas del propio escritor.

Tres historias interrelacionadas entre sí componen Petersburgo:

1. Historia de los Ableukhov: Nikolai [Nikolai Apollonovich Ableukhov (Nikolenka/Kolenka)], Apollon [Apollon Apollonovich Ableukhov], padre de Nikolai y Anna [Anna Petrovna Ableukhova], esposa de Apollon y madre de Nikolai.

2. Historia amorosa de Nikolai y Sofya [Sofya Petrovna Likhutina], esposa de Sergei Sergeyevich Likhutin (Seryozhka) .

3. Historia del dirigente revolucionario que vive en la clandestinidad, Aleksandr [Aleksandr Ivanovich Dudkin], relacionado con Lippanchenko [Nikolai Stepanovich Lippanchenko (Lipensky)], verdadera encarnación del mal.

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Фотооткрытка. Чехов М.А. в роли Аблеухова. «Петербург». Москва, Московский Художественный академический театр второй / Mijaíl Chéjov como Apollon Apollonovich Ableukhov – Teatro de Arte de Moscú [1925 – Segunda producción de la obra] [Fuente: https://goskatalog.ru/portal/#/collections?id=23407627]

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La primera es el relato de una familia desintegrada que, cuando se le presenta la posibilidad de volver a unirse, tiene en contra al azar y se separa definitivamente bajo los efectos de una bomba que inoportunamente estalla al final de un día presidido por la angustia de quien la ha activado sin intención real de hacerlo. El hijo dejará el hogar familiar y el país para no volver hasta la muerte de sus progenitores. Se siente culpable por haber desencadenado el complot del atentado contra el padre al ofrecerse a consumar él mismo la acción, meses atrás, ante un grupo de revolucionarios. La segunda cuenta el desengaño amoroso de Nikolai, enamorado de una mujer casada, Sofya Petrovna. El romance empezaría el mismo día de su boda con el teniente Serguey Likhutin, amigo íntimo de Nikolai. El joven se siente muy ofendido cuando ella, una dama superficial y de limitada inteligencia, lo rechaza. Decide tomar venganza y burlarse de ella, y ella, a su vez, se vengará de él. La tercera se centra en uno de los personajes más interesantes de la novela, el ex preso político Alexander Ivanovich Doodkin. Por consejo de Lippanchenko, un malvado activista de confuso origen, vive escondido en una paupérrima buhardilla situada en la Línea Decimoséptima de la Isla Vasilyevsky. Este hombre de notable inteligencia y cultura va siendo destruido poco a poco a causa de la miseria en la que vive, presa del insomnio y de las alucinaciones, arrastrado al alcoholismo por su falso protector, de quien no es más que una víctima.

Desde el principio sabe que el destino de otros pensadores comprometidos como él no es otro que la locura. Igualmente pude ser útil un breve resumen del argumento. La pésima relación padre-hijo es uno de los temas principales de la novela. Nikolai, un aventajado estudiante de Filosofía, hijo del odiado Senador Apollon Ableukhov, se ve involucrado en un intento de atentado contra su padre. Son prácticamente dos extraños que viven juntos desde que su madre, Anna, los abandonó hace dos años. Incluso sienten una gran hostilidad mutua. A principios de otoño el joven, trastornado por un desengaño amoroso, ha olvidado la promesa que hizo al Partido en verano de ser él mismo quien ejecutara el asesinato. La agitación social está en la calle, se reparten panfletos contra el poder, se celebran mítines, se reúnen los conspiradores contra el poder del zar; todo anuncia un nuevo brote de la revolución de 1905.

La trama de la novela comienza, pues, in medias res. El primer día en el tiempo interno, treinta de septiembre, narra el primero de una serie encadenada de acontecimientos. Lippanchenko cita a Alexander en un restaurante para entregarle un hatillo con la bomba que ha de llevar a Nikolai, junto con una carta donde se le recuerda la palabra dada. Camino del restaurante, Alexander se ha cruzado con Apollon y lo ha reconocido; también el anciano se ha quedado impresionado por los ojos del único transeúnte que se atreve a mirarlo dentro del elegante coche de caballos con el que se dirige al Negociado. Mientras tanto, los pensamientos del joven aristócrata están ocupados en cómo vengarse de la dama que lo ha rechazado, días antes, llamándolo “payaso rojo”. Se trata de Sofya Likhutina, también relacionada con los revolucionarios. Alexander llega a casa de Nikolai y le entrega el envío (una lata de sardinas que contiene el explosivo), pero olvida la nota. Los días siguientes es noticia un desconocido vestido de dominó rojo que se aparece en los lugares más inesperados: es la respuesta de Nikolai ante el agravio sufrido. Con este disfraz asusta a Sofya, quien reacciona planeando entregarle la carta, llegada a sus manos a través de un miembro del Partido, y, vestida de la Pompadour, asiste al baile celebrado en casa de los Tsukaton. En la fiesta aparecen el dominó rojo y el jefe del Negociado. Nikolai, al leer la nota, huye precipitadamente y deambula pensativo y asustado por la ciudad durante toda la noche. Apollon también pasea por las calles antes de regresar a su casa, tras enterarse de la identidad del dominó rojo y de ser informado de lo que se planea contra él. Padre e hijo llegan casi a la vez a su hogar. La inevitable conversación entre ellos no se produce por un imprevisto: la noticia de que la madre ha regresado.

El joven Ableukhov, excitado por la misión encomendada e incapaz de hacer nada, va en busca de Doodkin, quien empatiza con él e intenta ayudarlo enfrentándose a quien resulta ser el verdadero responsable del plan, Lippanchenko. Pero una vez más es vencido por este horrible hombre, que se apodera de su voluntad. Al final del día, en pleno delirio, Alexander regresa para asesinarlo. Durante ese tiempo Nikolai continúa perdido por la metrópolis hasta que Serguei Likhutin, reconciliado con su esposa, se lo lleva a su casa para evitar que cometa el atentado. Cuando por fin Nikolai consigue llegar a su mansión, ya ha tomado la decisión de destruir el artefacto, mas es demasiado tarde: en su ausencia su padre se lo ha cogido sin saber qué era. El tiempo corre en su contra pues había activado la bomba antes de salir. De madrugada, después de una velada familiar conciliadora gracias a la presencia de la madre, se oye una explosión en el estudio del senador. Solo produce daños materiales; sin embargo, el futuro común de los Ableukhov ha terminado.

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Бакст Леон – Андрей Белый / Leon Bakst – Retrato de Andréi Biely [1905] [Fuente http://img12.nnm.ru/d/b/3/7/5/6a01e8ded93b998e38d742843f7.jpg]

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Mercedes Jiménez de la Fuente

Categories: Crítica Literaria

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