Caravaggio y lo inefable – II : «Morte della Vergine» – Francisco Molina González

Caravaggio y lo inefable – II : «Morte della Vergine» – Francisco Molina González

Overview

Caravaggio y lo inefable – II : Morte della Vergine

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Michelangelo Merisis detto il CaravaggioMorte della Vergine [1604 – Musée du Louvre – Paris – France]

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Caravaggio y lo inefable – II : Morte della Vergine

En La muerte de la Virgen, sucede algo parecido como en La vocación de San Mateo, donde una
enorme cortina, que tiene la función del faro de luz, sincroniza con el color rojo del vestido de la
difunta. Cortina, que está sujeta en un sólo punto del techo y es presa de un viento repentino encima
de la cabeza de la Santa en el momento de su fallecimiento, como si fuera el ángel de la muerte.
Esta similitud cromática refuerza su vinculación porque tanto la cortina como el vestido de la virgen
tienen una forma similar, donde la manga con la mano caída puede representar el último suspiro que
da alas al movimiento del enorme cortinaje.

Nuevamente, como en la Vocación, el conjunto central vuelve a encuadrarse en una forma
cuadrangular a partir del límite inferior del lienzo hasta la horizontal difusa que va desde donde se
juntan la cortina roja con el primer apóstol de túnica amarilla hasta el apóstol del rostro sombrío que
está encima del cabecera de la Virgen. Este motivo cromático citado se repite en la parte inferior de
la escena, con el límite visible del vestido rojo del vientre de la difunta y la falda amarilla de María
Magdalena. Esta coincidencia subraya la intención del autor de generar ritmos visuales tanto con las
formas como con los colores para dar coherencia a un conjunto tan diverso.

Por otra parte, de las seis manos visibles, la mayoría están en la cara de los apóstoles, reflejo del
dolor, mientras que las de la virgen, una reposa en su pecho y la otra cae abandonada. Si se observa,
se puede considerar que cuatro de ellas se alínean de forma cuadrangular, símbolo en el final del
siglo XVI, de la transitoriedad de la vida, situando la de la Virgen en el cruce de todas ellas y, lo
más llamativo, es que resulta equidistante de los márgenes luminosos de la escena. Otra
composición de las manos es que tres de ellas generan una diagonal que forma un aspa central con
la luz, juego de oblicuas tan habitual en la obra de Caravaggio. Dicho de otra manera, el pintor
tiende a volver a equilibrar las líneas compositivas descendentes del cuadro con otras similares tanto
físicas como luminosas, algo muy inusual hasta ese momento en el arte de Occidente.

Por último, y como viene siendo una constante, todo parece indicar que debajo de la cortina, en la
zona oscura, pudiera haber una puerta como en la Vocación, donde superpondría, a partir de la
imprimación, distintas intensidades de capas de pintura oscuras, consiguiendo con ello una atmósfera
mortecina, metáfora de lo inefable.

En resumen, esta obra introduce la representación del viento, aparentemente de carácter sobrenatural,
en el momento del fallecimiento de la Virgen. Por otra parte, también introduce la repetición
esquemática, quizás inconsciente, de formas y colores. Y en tercer lugar una geometría difusa a
partir del lugar que ocupan las manos de los personajes. En Caravaggio todo es más complejo de lo
que parece por la omnipresente oscuridad.

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Francisco Molina González

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