Celebrar Andalucía [Con motivo de la celebración del Día de Andalucía – 28 de Febrero de 2024] – Sebastián Gámez Millán

Celebrar Andalucía [Con motivo de la celebración del Día de Andalucía – 28 de Febrero de 2024] – Sebastián Gámez Millán

Celebrar Andalucía [Con motivo de la celebración del Día de Andalucía – 28 de Febrero de 2024]

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Evaristo Jesús Guerra Pareja – Atardecer en la vega de Antequera [2024]

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Celebrar Andalucía [Con motivo de la celebración del Día de Andalucía – 28 de Febrero de 2024]

¿Se puede celebrar el día de Andalucía sin incurrir en provincianismos y nacionalismos? Supongo que sí, todo depende de cómo se celebre, aunque por estas tierras se acostumbra a confundir patriotismo con nacionalismos y patrioterismos, a pesar de que mientras estos dos últimos excluyen, el primero une. La diferencia entre el primero y los otros está una vez más en el ejercicio interminable de la autocrítica. No sé si tenemos razones para sentirnos orgullosos, puesto que en no pocas ocasiones este sentimiento ciega y nos impide reconocer, pero contamos con motivos para agradecer haber nacido en esta tierra, bajo este cielo y esta luz transparente que reverbera sobre los cuerpos.

Dicen que este es el pueblo más viejo del Mediterráneo, más aún que griegos y romanos; en esta tierra se concibió la primera Constitución de España; aquí han nacido glorias de nuestras artes y letras, como Velázquez y Picasso, como Góngora, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, como Lorca, Vicente Aleixandre o Luis Cernuda; pensadores de la talla de Averroes y Maimónides, Ibn Gabirol y María Zambrano, Emilio Lledó y Javier Muguerza; músicos como Manuel de Falla, Camarón o Paco de Lucía; aquí nació el que tal vez haya sido el principal arquitecto del sistema educativo más fructífero que ha conocido España, Francisco Giner de los Ríos; uno de los políticos más decisivos del siglo XIX, Cánovas del Castillo, y otro de los más decisivos del siglo XX, Felipe González… Excelentes científicos no abundan, ¿quiénes de vosotros quieren serlo? 

Antes que preguntarse por lo que esta tierra puede hacer por nosotros, preguntémonos más bien qué podemos nosotros hacer por ella, porque la grandeza de un espacio geográfico y cultural, más aún que en su riqueza natural, está sobre todo en sus habitantes. ¿Qué es Andalucía sino lo que los andaluces hacemos de ella y de nosotros? Aquí será difícil que siendo realistas no nos sintamos divididos entre la vergüenza y el orgullo, entre la miseria y el esplendor… Pero, en todo caso, recíprocamente es como nos forjamos: de esta tierra venimos, pero esta tierra es así por cómo la cultivamos y nos cultivamos. 

Ahora bien, las identidades –ser andaluz, catalán, vasco, español– no son espacios cerrados ni excluyentes, como si solo se pudiera ser andaluz o anti-andaluz, y como si ser andaluz tuviera que ir contra una identidad nacional, pongamos España; sino que como piedras arrojadas al río se asemejan a ondas concéntricas que se comunican y multiplican: somos de una localidad, de una provincia y a la vez andaluces, españoles, europeos y ciudadanos del mundo…

De hecho, si nosotros hemos nacido en esta tierra, bajo este cielo y esta luz transparente que reverbera sobre los cuerpos, nuestras raíces culturales, por las que nos nutrimos del mundo, se extienden por lugares inimaginables: ¿qué hubiera sido de Velázquez sin la pintura italiana y, en particular, sin Tiziano y sin Rubens? Picasso no hubiera descubierto el cubismo sin Cézanne, el Greco, las máscaras africanas o la escultura ibérica; Juan Ramón Jiménez no hubiera llegado a la poesía pura sin la poesía simbolista francesa, que a su vez se alimenta de Góngora. Esto es la cultura en su sentido más amplio y profundo: un diálogo abierto sin cesar, un camino de ida y vuelta sin fin.

Por ello, aunque agradezcamos haber nacido o crecido en esta tierra, nuestro horizonte es el mundo. Los méritos artísticos, literarios, filosóficos, científicos, educativos, políticos… que no traspasen las fronteras autonómicas o nacionales pueden tener valor, sí, pero no formarán parte de ese diálogo universal que nos constituye y abraza por abajo y por encima de esos muros imaginarios que levantamos como una patria chica y provinciana o nacionalista sin advertir que a menudo nos limitan y encierran. Andaluces, adonde quiera que anden, andad con luces, o sea, con el conocimiento del amor para guiar con arte la vida, que no es solo tuya o mía, es de todos y de nadie.

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Sebastián Gámez MIllán

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