Desear o no desear: La tragedia del deseo y la procrastinación – Rafael del Pino López
Overview
Desear o no desear: La tragedia del deseo y la procrastinación
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Desear o no desear: La tragedia del deseo y la procrastinación
Introducción
Si supiera qué es el deseo no escribiría sobre él. Tengo claro, intuyo, que para conocer a los demás, también a uno mismo, no hay camino más seguro que escribir sobre el deseo, por tanto, ¿por qué no escribir? Además de la literatura, tanto como las artes escénicas, como las artes plásticas, están a la altura de las circunstancias, nos acompañan y nos conducen a un lugar donde sufrimos prejuicios y defendemos anhelos.
Esta obra corta elaborada a partir de Hamlet, Desear o no desear, forma parte de un proyecto personal, no solo literario, El Deseo, iniciado hace algo más de un año con la pretensión de escribir, no solo como un trabajo ensayístico, o de acopio de ideas, opiniones y datos, sino, sobre todo, a nivel de construcción literaria de personas y de historias. Este proyecto, además de poesía, relato corto y teatro, incluye también pintura y fotografía. En cualquier situación, ahondar en la configuración de personajes y conflictos, no sería posible si no centro la mirada, me quito las máscaras, me siento vulnerable, y revelo mis fantasmas. Lo queramos o no, siempre nos plantamos ante nuestra propia historia, en la que saltan los afectos, la amistad, la pulsión, la libido, la pasión, la prohibición, la culpa, el Otro…., a través del hilo conductor de la subjetividad.
La tragedia de Hamlet no nos planta ante el Edipo / Poder / Género. Decididamente, Hamlet representa la tragedia del desear, la tragedia de la subjetividad neurótica obsesiva, torturado por remordimientos, escrúpulos de conciencia, dudas insoportables, detenido en sus actos. En Hamlet no se plantea la cuestión de ser o no ser, tampoco la de tener deseo o no tenerlo, sino la de “desear o no desear”, un dilema de elección imposible. Incapaz y culpable de no poder descifrar el enigma del deseo, Hamlet acaba buscando su castigo hasta encontrar el mismo final del padre: morir de un disparo por quien es su auténtico rival, él mismo.
No hay que olvidar que lo sagrado de la venganza sigue ofreciendo soporte a todas las máscaras del resentimiento moderno. La tragedia de Hamlet denuncia con el mayor atrevimiento posible el tedio de la venganza y su circularidad. Renunciar a la venganza en un mundo como el nuestro, que la sigue considerando un deber sagrado, significa enfrentarse con todas sus consecuencias a una sociedad actual hipócrita, marginadora y abismada a la nada.
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Desear o no desear
Personajes: Hamlet: vestido con chándal, en silla de ruedas y con una manta por encima. Espectro: voz de ultratumba.
No existe nada bueno ni malo;
es el pensamiento humano
el que lo hace parecer así.
[Una única escena. El fondo oscuro. Un único foco cenital ilumina la parte delantera central del escenario]
(Hamlet entra desde atrás en una silla de ruedas, avanza por sí solo a duras penas hasta el centro del escenario, se para, mira al cielo expectante, mira absorto al público. Se oye una voz lejana, profunda y contundente).
ESPECTRO: ¡Hamlet, soy el alma de tu padre!
HAMLET: ¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¿Qué es lo que quieres? (se mueve con la silla y mira hacia ambos lados queriendo identificar la procedencia de la voz)
ESPECTRO: Hamlet, ¡soy tu padre!, condenado a andar errante hasta que purgue los crímenes y excesos que he cometido en vida. Tienes que saber que la serpiente que me mordió de muerte, es la que se quedó con la empresa y con tu madre.
ESPECTRO: ¡Gracias a Dios que has venido!
HAMLET: ¡Deja a Dios en paz! El pecas, el hijo del enterrador, me dijo que viniese esta noche al cementerio, que te había visto vagar por aquí hace unos días. Me ha traído hasta la puerta, le he dicho que espere fuera.
ESPECTRO: Hamlet, escúchame, hijo mío. Ya te lo he contado antes. Aquella noche tu tío me pegó un tiro en el despacho, pero ni dios ni la pasma dicen conocer a mi verdugo, andan detrás de un ajuste de cuentas. Tú sabes muy bien que fue él.
HAMLET: ¿Por qué habría de saberlo?
ESPECTRO: ¡Hamlet!, me han llevado a las calderas, dicen que tengo que pagar una deuda que no puedo pagar, ¡ayúdame, hijo mío!
HAMLET: Ya me apareciste en sueños la noche de tu muerte para pedirme venganza. ¿Qué es lo que quieres ahora de mi? ¿Pretendes echarme la bronca porque no me decido, porque perderé la ocasión de ejecutar tu terrible mandato?
ESPECTRO: Eres tú quien debe salvar mi honra.
HAMLET: ¿Acaso no sabes quién soy, es que no me conoces? ¿Por qué tendría que vengarte? ¿Y cómo hacerlo? ¿En qué momento? ¿Por qué tendría que elegir entre la vergüenza y el talego?
ESPECTRO: Porque eres mi hijo, por eso te exijo venganza.
HAMLET: (mueve la silla hacia un lado y otro queriendo enfrentarse a él) ¿Y tú quién eres para exigirme vengar al vengador? Sabes muy bien que tu deseo (intenta señalarle con el dedo) es solo tu deseo, no es el mío, es el de mi propia muerte. ¿Me pides la venganza de un inocente o la de un asesino?
ESPECTRO: Hamlet, te lo ruego, ¡piensa en mí!
HAMLET: ¡Calla!, estoy pensando en un asesino.
HAMLET: De allí vengo, de su boda. Deja a mi madre en paz. Nunca la has merecido.
ESPECTRO: ¿Acaso no te importa? Dicen que se ha visto obligada a casarse con él porque no soportaba mi pérdida.
HAMLET: (se mueve en la silla a uno y otro lado) ¿Cómo te atreves a decirme eso? Mi madre nunca te quiso, no le hacías ni caso, se refugió en su círculo de amigas, las que tú odiabas tanto.
ESPECTRO: Buscaba lo que no encontraba en casa, nunca quise hacerle daño. Yo solo pensaba en ti, y en tu futuro.
HAMLET: ¿De qué futuro me hablas?
ESPECTRO: Dicen las malas lenguas que tu tío se ha casado con tu madre porque es el único que puede sacar la empresa a flote.
HAMLET: El negocio que tú te cargaste.
ESPECTRO: Es verdad que las cosas no iban del todo bien, pero yo era quien podía dar con las soluciones.
HAMLET: Y tú qué sabes de soluciones si no le prestabas atención, si comías más fuera que dentro.
ESPECTRO: Hamlet, abre los ojos, tu tío se ha quedado con la empresa, la que saqué adelante con el trabajo de toda una vida. Estaba a punto de venderla y él se enteró. Pensó que perdería el puesto de director de ventas, y eso le hizo perder la cabeza. Ahora te dejará sin nada. El nunca va a pensar en ti.
HAMLET: (se desplaza con la silla hacia un lado del escenario) (le increpa) ¿Acaso tenías interés en que yo me hiciese cargo de la empresa alguna vez? Siempre debía pedirte permiso para todo, hasta para las cosas más tontas.
ESPECTRO: Era por tu bien.
HAMLET: Jamás me diste ninguna responsabilidad, solo me hacías trabajar como un burro, sin horarios, sin vacaciones. En eso sois iguales mi tío y tú.
ESPECTRO: Escúchame, te lo ruego. Toda mi vida he tenido en la cabeza que tú fueses mi sucesor.
HAMLET: Siempre fuiste como un fantasma para mí, que en todo momento me dejaba la miel en la boca. Mi opinión nunca te importó.
ESPECTRO: ¿Cómo puedes decirme eso?, nunca has dejado de estar en mi mente, todo lo tenía organizado pensando en ti.
HAMLET: (da la vuelta a la silla y hace un además de irse, pero regresa) (silencio) ¿Y por qué no pusiste el negocio a mi nombre? Cuando te lo pedí el año pasado, cuando tuviste el amago de infarto.
ESPECTRO: Sabes muy bien que no me fiaba de tu comportamiento, siempre estabas encanutado y con ganas de fiesta. Lo hacía para que no te faltase el trabajo en un futuro. Pero ahora puedo confiar en ti, y tú serás quien saque adelante la empresa.
HAMLET: (le interrumpe) ¡Cállate! ¡Dios te castigue, si no lo ha hecho ya! Siempre me faltaron tu presencia y tu cariño. No aparecías por casa, solo tenías ojos para el dinero negro, el trapicheo con la coca, y los escarceos con mujeres que se pusieran a tiro.
ESPECTRO: No me hables así, ¡soy tu padre!
HAMLET: No soy tonto, antes de que te sincerases, ya conocía tu catadura moral, tus chanchullos y tus crímenes, no hace falta que los confieses ahora.
ESPECTRO: ¡Tú no eres mi hijo!
HAMLET: (mira a uno y otro lado) ¡Soy tu hijo!, de eso sí estoy seguro, y me avergüenzo. Tan seguro como que no podré volver a andar por mis propios pies. (Hay un silencio, se dirige al público) Tenía perdida la cabeza, solo dos días después de tu muerte me salí de la carretera con la moto, no recuerdo nada más.
ESPECTRO: Te salvaste, y eso es lo que importa. La providencia ha querido que puedas rehacer tu vida, solo es cuestión de tiempo.
HAMLET: ¡Te equivocas!, nada podrá rehacer mi vida. Ofelia, la que nunca aceptaste como mi novia, la que quise por encima de todo, venía de paquete y murió en el acto.
ESPECTRO: Pero tú no fuiste el culpable, fue un accidente. Ella no sufre ya.
HAMLET: Siempre creí amarla, aunque ella estuviese encantada de que todos hablasen de su belleza. Después de su muerte en el accidente no estoy seguro de haberla amado, soy un ser despreciable. Quizás debió antes casarse con un imbécil, o meterse a monja.
ESPECTRO: No era una mujer para ti, no te merecía.
HAMLET: ¡Calla! No sabes de qué hablas. Has conseguido que la rechace. Nunca me perdonaré haber sido la causa de la obscena y repugnante descomposición de su cuerpo. Yo la quería en su belleza envidiada por todos. Estaba destinada a mí, aunque todos la pretendiesen. Solo me quedan remordimientos.
ESPECTRO: Hamlet, no te mortifiques. Tú eres el que estás vivo y tienes la oportunidad de vengarla también a ella, porque su desgracia fue causada en tu descontrol tras la injusta muerte de tu padre.
HAMLET: ¡No me hables más de padres! El suyo enfermó de tristeza y anteayer mismo se quitó la vida, siento que he sido yo mismo quien le he matado. Ahora soy un muerto en vida. Debí palmarla en el accidente para no volver a saber de ti.
ESPECTRO: Hamlet, no digas eso, ¡soy tu padre!, quizás no lo hice del todo bien, pero yo te quiero, tu madre y yo te queremos….
HAMLET: (se mueve con la silla buscándole) ¡Deja a mi madre en paz! Al principio le supliqué que no se casase con mi tío, hasta esta misma tarde se lo rogué, pero ha sido inútil. Siempre me contesta lo mismo, no quiere quedarse sola.
ESPECTRO: Tú sabes muy bien de lo que habla la gente. Dicen que su nuevo marido no le hará feliz, que su vida será una desgracia.
HAMLET: ¿Y por qué no le haría feliz alguien distinto a ti? Después de tu entierro mi madre parecía aliviada y feliz.
ESPECTRO: ¡Maldita mujer!
HAMLET: Nunca pensaste en ella.
ESPECTRO: Pienso en ti y en tu futuro.
HAMLET: (se dirige al público) Se me prohibió hacer tu duelo para que no se parase el negocio. Pero nunca llegaré a ser el heredero ni el dueño de la empresa.
ESPECTRO: Escúchame, Hamlet, todavía se podría recuperar el negocio.
HAMLET: (gira la silla hacia atrás) Jamás tendré la certeza de si lo que debo hacer es lo que deseo hacer.
ESPECTRO: Nadie tiene por qué saber lo que realmente deseas.
HAMLET: (mira hacia varios lados y señala con el dedo) (exaltado) ¿Y quien eres tú para decirme eso? Ya me he comportado como el loco del barrio durante estos dos meses.
ESPECTRO: ¡Hamlet! Te necesito sano para que cumplas la venganza.
HAMLET: ¡No tienes derecho a ponerme a prueba!
ESPECTRO: Simplemente tienes que cumplir con lo que está establecido desde el principio de los tiempos: Ojo por ojo…..
HAMLET: Ahora me dirás que los castigos ejemplares hacen callar para siempre.
ESPECTRO: Los castigos merecidos siempre claman justicia.
HAMLET: (se dirige al público) Solo piensas en el aquí y el ahora. Confundes la venganza con la justicia. No sabes, nunca lo has sabido, que el resentimiento alimenta una y otra vez el sufrimiento de las personas.
ESPECTRO: ¿Acaso no necesitas que pague el culpable de mi muerte?
HAMLET: No conoces el alcance de la palabra perdón.
ESPECTRO: Jamás habrá perdón para el culpable.
HAMLET: ¿De verdad estarías dispuesto a defender que el pueblo palestino se ha ganado un genocidio ejemplar?
HAMLET: Jamás callará para siempre la víctima de una venganza.
ESPECTRO: Tu venganza la callará.
HAMLET: (mueve la silla de un lado para otro, queriendo buscarle) Nunca quisiste entenderlo. ¡Es tu venganza, no es la mía! La gente debe saberlo para evitar que el futuro traiga malentendidos, intrigas y más muertes.
ESPECTRO: Hamlet, hijo mío…, Hamlet, Hamlet
(Dirige la silla al centro del escenario, mira al cielo, baja la mirada lentamente. Sin dejar de mirar al público mete su mano derecha por debajo de la manta que le tapa las piernas)
HAMLET: (mirando al publico) Me obligas a una elección imposible. Desear o no desear, esa es la cuestión.
(Saca una pistola debajo de la manta y, muy despacio, se la pone en la sien)
(NEGRO)
(disparo)
FIN
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La tragedia de Hamlet no nos planta ante la cuestión Edipo / Poder / Género. Hamlet representa la tragedia del desear, la tragedia de la subjetividad neurótica obsesiva, torturado por remordimientos, escrúpulos de conciencia, dudas insoportables, detenido en sus actos.
Cuando el alma de su padre le confiesa andar errante hasta que estén purgados los torpes crímenes que cometió en su vida, la petición de venganza para con su asesino, su propio hermano, solo le empuja a querer retrasar lo que ya ha asumido. Se siente herido de muerte. En Hamlet no se plantea la cuestión de ser o no ser, tampoco la de tener deseo o no tenerlo, sino la de desear o no desear.
El dolor culpable de existir se refleja en la encrucijada “desear o no desear”, un dilema de elección imposible. Incapaz y culpable de no poder descifrar el enigma del deseo, Hamlet acaba buscando su castigo hasta encontrar el mismo final del padre: morir de un disparo por quien es su auténtico rival, él mismo.
No hay que olvidar que lo sagrado de la venganza sigue ofreciendo soporte a todas las máscaras del resentimiento moderno. La tragedia de Hamlet denuncia con el mayor atrevimiento el tedio de la venganza y su circularidad.
Es muy posible que miremos a otro lado para no ver lo que nos enseña la tragedia de Hamlet: que la venganza hay que ponerla en cuestión, que su legitimidad soporta una represalia perpetua. Renunciar a la venganza en un mundo como el nuestro, que la sigue considerando un deber sagrado, significa enfrentarse a todas sus consecuencias en una sociedad actual hipócrita, marginadora y abismada a la nada.
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Rafael del Pino López
Psiquiatra. Director del Plan Integral de Salud Mental 2008-2012 de la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias – Junta de Andalucía. Presidente del Consejo de Honor del Grupo de Gestión del Conocimiento adscrito al Programa de Salud Mental del Servicio Andaluz de Salud (SAS) – Escuela Andaluza de Salud Pública – Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias – Junta de Andalucía.
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