«El Carpintero de Belén» y dos poemas más de Iván Suárez Santana

«El Carpintero de Belén» y dos poemas más de Iván Suárez Santana

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El Carpintero de Belén y dos poemas más de Iván Suárez Santana

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El Carpintero de Belén y dos poemas más de Iván Suárez Santana

I

El Carpintero de Belén

Yo, el carpintero de Belén,
Quien no negó los fundamentos de sus reyes,
Que no tuve casta, ni pródigos, ni leyendas memorables;
Escuché en silencio la mentira de Moisés,
El misterio de su pueblo destinado al crimen.

Soy un hombre que tuvo el pan del sudor de la madera,
No fui nombrado por biógrafos ni enciclopedias,
No fui la memoria del judío errante,
No me fueron dados los sueños del extraño paraíso.

Todos aluden al sortilegio de la cruz,
Hablan en silencio del traidor ahorcado,
Oran a la virgen que no fue sino mi amante,
Mis lamentos y mi muerte de eterna soledad.

Nadie pregunta el origen de mis padres,
De dónde vengo o adonde fui,
Quienes fueron los magos que predijeron mi exilio,
Quien se sacrificó al fuego de mi hogar
Cuando fui abandonado por mi mujer y mi hijo
Y mendigué por las calles del Sabio Salomón
Con una rosa en la mano y una espada en la frente.

Como un ermitaño cansado de todo
Me abandoné en los bosques como una bestia más;
Las noches y los días fueron mi templo alucinado,
Mi justificación ante el Dios que no conocí,
El Dios que se negó a la muerte,
El Dios de nadie.

Nunca preguntaron que vino preferí,
Cuanta humillación tuve que callar,
Cuantas cruces arrastré con mis ojos atados;
Soy la memoria irrumpiendo en la noche blanca.

Yo, carpintero de Belén.
No me fueron dados los jardines ni pesebres,
Ni una estrella negra en el abismo de mi nacimiento,
Ni un espejo llorando sucias lágrimas verdes,
Ni una piedra sagrada para morir sin pretender los destinos,
Ni la sombra,
Ni la nada.

No me fue dada la visión de la historia,
El memorial,
La vida.

Mi hijo renunció a mi sangre
Para inyectarse el veneno del dios de las iglesias;
Mi amante se entregó al festín de los santos.

Soy un hombre que sólo vivió de leyendas y mitos,
Un hombre más que llegó para ser olvidado
En la soledad de un libro.
La carne seca trémula
Inoculada por la rabia del desierto,
De las noches inyectadas en los huesos,
En las copas maldecidas por los demonios que nos viven,
Neuróticos o esquizofrénicos viciosos,
Lobos de una misma manada,
Atrapados como presos los ojos de la borracheras,
Nos busca nos miente
Nos arroja a la calle,
Al olvido.
Morir en ti no es estar muerto,
Es júbilo, bendición
Alegría de tus labios
Canciones de tus pechos revoloteando en mi garganta,
En mi antiguo dolor de hereje,
De hombre.

[de Memoria del infierno]

*

*

II

A-1

Siento a Dios en mis intimidades intentando comprarme con sus quejas,
Arrastrando el cansancio de su nombre
Y el hombre que corre por mis venas.
Los muertos de la aurora son muros verdes y fríos,
Árboles del hastío como un canto fúnebre en el agua
Donde beben el destino los sórdidos carceleros del sueño.
En esta noche que se pudre en la cara de una mujer
Miro al diablo en la luz de su miseria,
Mis manos abiertas sangran igual a ríos metafísicos,
A amores no sanados,
Pececillos escapando de tus labios crepusculares,
Del pasto que crece sobre esta ciudad de patas muertas.
El día se extiende como una serpiente por mi rostro,
De ti solo me queda un aullido en lo hondo de la carne,
Un ángel caído en esta ciudad hambrienta,
Un golpe de cuchillo contra los huesos,
Y la soledad un tiránico perro del infierno mordiéndome el corazón.
Enfermo de mí;
Enfermo de ti,
A cada paso voy quedándome sin nada,
Me voy borrando,
Como un hambriento animal de la noche que cura sus llagas con su lengua.
Mírame morir,
Mírenme…
Miserable como un vil leproso arranco mis ojos y los tiros al ombligo del mundo, la muerte.
A ese amor tatuado en el rostro de la trágica luna llena,
Saltando en el pasto como un servatillo recién nacido,
En la tasa de café que te envenena por dentro.
Solo queda el crimen contemplándose en los espejos que lloran,
Al que regresa de su muerte
Con una cicatriz profunda navegando en su alma,
Extraña criatura que nunca comprendió y se deja arrastrar
A esa aguas turbulentas sin ofrecer resistencia.
Se deja matar mirándote a los ojos.
Miradme aquí
Sobre esta cama de cenizas pudriéndome por dentro,
En las manos de un loco regando flores en un templo arruinado por tantos ruegos.
Mi carne huele a rejas.
A pólvora y naufragios.

[de El ocaso del suicida, inédito]

*

*

III

A-12

Ah, hermano lobo,
Si nuestros destinos se cruzaran en un arrabal de buenos aires,
En una plaza de toros,
Que viejo tango se ceñiría a nuestra cabeza,
Como se tensa la soga al cuello del ahorcado.
Tú con tus pecados,
Yo con los míos que ya pesan como un ladrón en la cruz,
Con la muerte pisándonos cerca,
Cantando al son de un bandoneón.

[De Memoria del infierno]

*

Unknown author – Astor Piazzolla playing [ca. 1975 – Scanned from Clarín newspaper]

*

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Iván Suárez Santana

Categories: Las aguas del olvido

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