El olvido de los durmientes – XIV – Los dioses nos hablan en sueños – María Elena Arenas Cruz

El olvido de los durmientes – XIV – Los dioses nos hablan en sueños – María Elena Arenas Cruz

Overview

El olvido de los durmientes – XIV – Los dioses nos hablan en sueños

***

Luca Giordano – Il sogno di Salomone [circa 1694-1695 – Museo del Prado – Madrid – España]

***

El olvido de los durmientes – XIV

Los dioses nos hablan en sueños

En la historia del arte y de la literatura existen numerosos cuadros y textos en los que un personaje mantiene, gracias al estado enajenante de la dormición, una comunicación especial con la divinidad, que solo así puede transmitir una información de especial importancia. Hay una tradición antiquísima según la cual los dioses hablan a menudo con los mortales a través de sus sueños, como sucede, por ejemplo, en el mito de Ceix y Alcíone. El relato está en las Metamorfosis de Ovidio y cuenta cómo Hera, cansada de que Alcíone la importunara con plegarias para que su esposo no muriera en el peligroso viaje por mar en el que se había embarcado, ordena a Hipnos que informe a la reina de Tesalia de que Ceix ya había naufragado y fallecido. El dios de los sueños envía a su hijo Morfeo, que duerme a Alcíone y, transformado en la triste figura de su esposo muerto, le susurra al oído:

¿Me reconoces, Alcíone, o es que la muerte ha cambiado mi rostro? Mírame: soy tu esposo. Tus plegarias ya no pueden ayudarme. El viento del sur destruyó mi nave en el mar Egeo y las olas ahogaron mis gritos, que pronunciaban tu nombre. No te engañes con falsas esperanzas. Levántate, vístete de luto y llora por mí, para que no descienda al inframundo sin haber sido llorado.

Alcíone pretende abrazar en sueños la fantasmal imagen, pero esta se desvanece al instante.

La escena fue recogida en una copia fidedigna de la plancha original realizada por el grabador alemán Virgil Solis en la célebre edición de Las transformaciones de Ouidio en lengua española : repartidas en quinze libros, con las allegorias al fin dellos, y sus figuras para prouecho de los artifices de Pierre Bellère [Pedro Bellero] en su casa de Anuers [Anvers / Antwerpen / Amberes], de 1595, con traducción atribuida a Ihorge de Bustamante.

*

Ceyx/Morpheus appears to Alcyone. Engraving by Virgil Solis for Ovid’s Metamorphoses Book XI, 650-749. Fol. 150r, image 12. / Céyx/Morphée apparaît à Alcyone. Gravure de Virgil Solis pour les Métamorphoses d’Ovide, livre XI, 650-749. Folio 150r, image 12. [Scan by Hans-Jürgen Günther – Source: http://www.latein-pagina.de/ovid_illustrationen/virgil_solis/buch11/vs11_12.htm]

*

Una vez despierta, Alcíone se dirige desesperada hacia la playa y se lanza al vacío desde la roca en la que despidió a su esposo, pero los dioses de apiadan de ella y la transforman en alción, el ave marina en la que a la vez también transforman a Ceix. Cuando estas aves vuelan cerca de la costa en invierno, Eolo atempera el frío y reduce los vientos para permitir que las hembras incuben sus huevos. Son los llamados “días del Alción”, que permiten salir a navegar en enero y febrero.

Aunque en el Eclesiastés (43, 5-6), se nos amonesta y advierte contra el fantasioso placer de interpretar los sueños que recordamos como una fuente de información sobre el futuro (“cosa vana son la adivinación, los agüeros y los sueños; lo que esperas, eso es lo que sueñas”), no obstante, este recurso es muy frecuente en los libros considerados sagrados. Por ejemplo, en la Biblia, los sueños de José y su interpretación de los del faraón, a través de los cuales Dios dirige el destino del pueblo de Israel (Génesis, 41, 1-45); los sueños de Nabuconodosor, interpretados por Daniel (Daniel, 2, 1-47; 4, 1-25) o los sueños de Abimelec (Génesis, 20, 1-15) o Salomón (Reyes, 3, 4-15). También fue a través de un sueño como supo José que María no le había sido infiel (Isaías, 7, 14). Es interesante señalar que, tanto en estos como en otros ejemplos, las palabras o las imágenes soñadas, al ser de procedencia divina, están lejos de ser enigmáticas, antes al contrario, son explícitamente claras, pues no hay nada más peligroso que malinterpretar o confundir los deseos de un dios. Para evitar esta posibilidad, las divinidades ofrecen datos precisos sobre el lugar donde quieren que se levante un templo o sobre las intenciones que tienen respecto al concreto futuro del elegido o del clan al que pertenece. Incluso, como apunta el filósofo Orígenes, “Dios no castiga a nadie sin antes haberle avisado”.

Hay, por tanto, una larga tradición de obras de arte en las que se recoge o escenifica este tipo de anuncios o avisos que la divinidad hace a los humanos en sueños. Un ejemplo podría ser el lienzo mural pintado por Murillo para colocarlo en Santa María la Blanca, en Sevilla, de donde fue desmontado por el mariscal Soult durante la invasión francesa. Fue después devuelto y se conserva en el Museo del Prado.  Se trata de El sueño del patricio (1665):

*

Bartolomé Esteban Murillo – El sueño del patricio, también conocida como La fundación de Santa Maria Maggiore de Roma I: El sueño del patricio Juan [1665 – Museo del Prado – Madrid – España]

*

La Virgen les transmite al patricio Juan y a su esposa su deseo de que edifiquen una iglesia en el monte Esquilino. Murillo plantea una densa penumbra que se ilumina con la aparición de la Virgen, que tiene en brazos al niño; esta apunta con el dedo el espacio exterior, donde la nieve caída ha señalado milagrosamente el lugar donde habrá de levantarse su templo. La escena es absolutamente silenciosa. Más abajo, en primer plano, se ve al patricio Juan y a su mujer profundamente dormidos; a los pies de ella hay un perrillo que también duerme, de manera que se produce una gradación o escala desde lo más frágil y anónimo hacia la figura del acaudalado pero generoso patricio.

En esta línea, uno de los cuadros que a la vez resulta poderoso, enigmático y poético es El sueño de Jacob del Museo del Prado, en el que, aparentemente, no pasa nada: solo hay un hombre dormido sobre una roca contra un cielo imponente en el que se destaca una densa luz entre nubes. Si no conociéramos la historia bíblica, la palabra sueño del título sería una descripción objetiva de lo que en él sucede, el sueño profundo en el que Jacob aparece sumido.

*

Jusepe / José de Ribera – El sueño de Jacob [1639 – Museo del Prado . Madrid – España]

*

Dos elementos llaman la atención en este maravilloso cuadro: por un lado, la presencia de ese árbol tan seco, tan grande, tan poco acogedor… Jacob no se cobija en él, sino que simplemente apoya parte de su cuerpo, a modo de contrapeso respecto a la cabeza, que suavemente descansa en la mano; no obstante, el árbol y el cuerpo parecen formar una unidad, un todo indisoluble, ya sea porque la paleta de grises y marrones es la misma, ya sea por el efecto visual que convierte el costado del hombre en una prolongación del tronco del árbol. Por otro lado, sorprende la magnitud de los cielos, que ocupan casi las dos terceras partes del cuadro, haciendo de él uno de los más luminosos del pintor. En esa inmensidad, entre oscuras nubes que parecen el anuncio de una tormenta, se abre paso una masa de luz clara y rosada, como si el sol buscara todavía un resquicio por el que colarse y postergar la inminente tromba de agua que se adivina.

Y, sin embargo, todo lo que se ve, la luz, la roca, el árbol, el pastor, las nubes, todo es apariencia y símbolo; hay un sentido profundo que se le escapa al profano que no conoce la historia bíblica y que precisamente está en lo que Ribera no pinta. Pues Jacob no duerme sin más, fatigado de la caminata, sino que sueña un sueño muy preciso, según nos cuenta el Génesis (28, 10-17):

Camino de Berseba a Jarán tuvo Jacob un sueño en el que veía una escalera que apoyándose en la tierra, tocaba con la cabeza en los cielos, y por ella subían y bajaban los ángeles de Dios. “Yo soy Yahvé, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. La tierra sobre la cual estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será esta como el polvo de la tierra y te ensancharás a oriente y occidente, a norte y a mediodía, y en ti y en tu descendencia serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo estoy contigo, y te bendeciré adonde quiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra, y no te abandonaré hasta cumplir lo que te digo”. Despertó Jacob y se dijo: “Ciertamente está Yahvé en este lugar, y yo no lo sabía”. Y atemorizado, añadió: “¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos.

Es evidente que, a diferencia de la mayoría de las representaciones del episodio, Ribera no pinta a los ángeles transitando por la escalera, ni pinta las puertas del cielo, ni se atreve con la majestad de Yahvé pronunciando tan confidenciales promesas; Ribera no hace explícito ninguno de estos elementos, sino que convierte la visión en algo apenas sugerido, en una nebulosa de luz rosazulada que ni siquiera emana de la cabeza del hombre dormido, sino que se confunde y fusiona con las nubes de los celajes que se levantan por encima y detrás de él. En este sentido, más que una construcción irreal o soñada del propio Jacob, más que un producto de su dormitar, que es la interpretación primera de las palabras bíblicas, esa poderosa luz parece aquí enviada desde lo alto, desde un punto preciso en el infinito que, por eso mismo, se pierde fuera del cuadro. El pintor ha sabido ver que el sueño de Jacob no procede de las vivencias de Jacob, de su inquieto y voluble inconsciente, sino que es un sueño inducido, provocado, un sueño de contenido extraño y ajeno al yo que lo sueña, puesto que es la divinidad la que lo llena y define; es por ello un sueño especial, la manifestación de los deseos, planes o designios secretos de los dioses; se trata, en definitiva, de una revelación, aunque el pintor se haya guardado mucho de hacer su contenido conceptual explícito. Solo vemos la fosforescencia lumínica proyectada desde arriba; la comprensión de su significado habrá de ser un trabajo hermenéutico para los iniciados en los textos sagrados [1]; para los demás, el carácter evocador o elusivo del cuadro no será sino la prueba de su dimensión misteriosa o, sencillamente, poética.

***

María Elena Arenas Cruz

__________________________

Nota al texto

[1] Los entendidos en la materia señalan que los elementos fundamentales para la interpretación del tema son dos: el sueño con los ángeles, alegoría de la ascensión de Cristo, y el hecho de que Jacob descanse la cabeza sobre un promontorio: el betel o piedra fundamental (no angular) del Templo, y por extensión, del destino religioso del Pueblo de Israel.

About Author