Gramática del asombro – A propósito de «Todavía el asombro» [XV Premio de Poesía Blas de Otero – Ángela Figuera – 2022], de Javier Gilabert – Una reseña de César Rodríguez de Sepúlveda

Gramática del asombro – A propósito de «Todavía el asombro» [XV Premio de Poesía Blas de Otero – Ángela Figuera – 2022], de Javier Gilabert – Una reseña de César Rodríguez de Sepúlveda

Gramática del asombro – A propósito de Todavía el asombro [XV Premio de Poesía Blas de Otero – 2022], de Javier Gilabert [Reseña]

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Gramática del asombro – A propósito de Todavía el asombro [XV Premio de Poesía Blas de Otero – Ángela Figuera – 2022], de Javier Gilabert [Reseña]

Quedan, por suerte, premios literarios que recompensan a la buena literatura, a la buena poesía. De estos es el que ha recibido ‘Todavía el asombro’, libro manantial, reflexión serena ante la belleza y la conciencia de su caducidad. Ejercicio de desnudez, de despojamiento, en que el poeta abre puertas y ventanas del alma para que entre la luz. Y el asombro.

En el título, la clave está en el adverbio. Todavía. El asombro es condición natural del niño, pero el tiempo puede secar de raíz su facultad para percibir lo maravilloso. Hay que conservar, como Javier Gilabert, esa capacidad, sin la cual la vida no es sino triste derrota. En el poema liminar, «Gramática del asombro» , nos muestra su concepción de la poesía: «el poema es el centro del lenguaje»  y «el instante es el centro del poema» . Y el instante, el fuego sustraído al devenir irremediable del tiempo, solo es perceptible a través del asombro. Lo formula admirablemente Gilabert: «El asombro es la carne del instante / y arraigan sus cimientos en la luz» . Toda una poética, que a mí, además, me resulta enormemente cercana (mi primer libro se llamó, precisamente, Luz del instante).

Sobre estos cuatro pilares conceptuales (voz/instante/luz/poema) está construido este libro diáfano, de una sencillez conquistada, como en el famoso poema de Juan Ramón Jiménez, a través del despojamiento. Me ha recordado mucho este libro al que recientemente ha publicado otro poeta que estimo también grandemente, el abulense Antonio Pascual Pareja: La hermosa pobreza. En ambos la desnudez es condición necesaria para ser traspasados por la luz.

La cita que sirve de epígrafe al libro en su conjunto proviene de un conocido poema en que Catulo, el poeta latino, nos alerta sobre nuestra condición efímera. Porque somos efímeros, precisamente, hemos de afilar nuestros sentidos, hemos de aprender a mirar verdaderamente, no solo a ver: asombrarnos, por ejemplo, del tesón con que la hiedra se aferra a los muros, de las formas cambiantes de las nubes o del humo. Es necesario, siempre, «mirar el mundo con unos ojos nuevos» (p. 45). Decía el poeta argentino Oliverio Girondo que «la costumbre nos teje telarañas en los párpados». Gilabert nos enseña que contra la costumbre hay que andar en perpetua rebeldía. Volver a nacer, un día tras otro.

La segunda parte del libro, «El instante», va de la celebración del alba al miedo terrible al ocaso, que no debe, en modo alguno, ensombrecer la luz de la vida:

No dejes que lo malo por llegar
ocupe el pensamiento con su sombra.
Tan sólo es posesión el mero instante,
la luz que se nos da
.

La luz,

             la vida aquí,

                                 la vida ahora.

Y de la luz habla la tercera sección del poemario, que, muy oportunamente, tiene como título un conocido verso de Claudio Rodríguez, «Siempre la claridad viene del cielo». Precisamente porque nos aguardan las sombras, hay que abrir los sentidos a cuanto la vida tiene de luminoso:

Detrás de cada sombra está la luz.

Entre las dos existe

.

espacio suficiente.

La disposición tipográfica del poema registra precisamente esa distancia, ese espacio, que es el que la vida nos invita a conquistar.

La última parte del libro es la consagrada al poema, cuarto y último de los pilares sobre los que la obra está construida (recordemos: voz/instante/luz/poema). Gilabert vuelve a recordarnos cómo la tarea del poeta consiste, ante todo, en ver, y después, en crear, en contribuir también él al asombro, suscitarlo en los otros:

Inventan geometrías imposibles
las nubes a su paso,
         y me fascina
pensar que al otro día la ventana
probablemente muestre
un cuadro muy distinto.

Quisiera hacer lo mismo en el papel.

La contemplación de la naturaleza suscita el asombro. «Abrir los ojos es romperse por el centro», decía José Lezama Lima. Es misión del poeta recoger la luz y reflejarla.

El libro se cierra con un soneto blanco, a modo de coda final, que es uno de los dos únicos poemas de cierta extensión d)el libro, junto con el primero (el signo de este libro es la brevedad, la concisión, la exactitud:

Siento fascinación por los poemas
que ocupan poco espacio en el papel
y envueltos en silencio te destrozan.

Envuelta en un silencio significativo, eficaz, demoledor está a menudo la poesía de este libro, que tiene, además, un marcado sabor clásico, en gran medida por estar escandido casi siempre en luminosos endecasílabos. También, claro está, por la presencia de los clásicos: se cita a Catulo, a quien ya mencionábamos, y también a otros autores latinos, como Marcial y San Agustín. Y los no menos clásicos, aunque más próximos a nosotros en el tiempo, Claudio Rodríguez, Rafael Guillén y Miguel de Unamuno.

Un libro hondo, sereno, reflexivo, verdadero, es esta nueva entrega poética de Javier Gilabert. Gramática del asombro: escuela de poesía y de vida.

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César Rodríguez de Sepúlveda

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Nota

Javier Gilabert. Todavía el asombro [XV Premio de Poesía Blas de Otero – Ángela Figuera – 2022]. Ediciones El Gallo de Oro, Bilbao [Bizkaia], 2023. ISBN: 978-8412699678 .

Categories: Crítica Literaria

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