La afonía del rapsoda: versos imperfectos [Otras voces, otros ámbitos] – Presentación de la nueva sección de Café Montaigne – Rafael Guardiola Iranzo

La afonía del rapsoda: versos imperfectos [Otras voces, otros ámbitos] – Presentación de la nueva sección de Café Montaigne – Rafael Guardiola Iranzo

Overview

La afonía del rapsoda: versos imperfectos [Otras voces, otros ámbitos] – Presentación de la nueva sección de Café Montaigne

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Raffaello Sanzio – Il Parnaso [dettaglio] [1510 – 1511 – Stanza della Segnatura – Stanze Vaticane – Musei Vaticani – Città del Vaticano – Roma – Italia]

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La afonía del rapsoda: versos imperfectos [Otras voces, otros ámbitos] – Presentación de la nueva sección de Café Montaigne

Presentación

El lector encontrará en esta sección un registro sonoro de versos imperfectos, hechos jirones, descoloridos a veces, acompañado de la rémora de la escritura, a modo de remiendo gráfico. Este testimonio no deja de ser “la voz a ti debida” de la que habla Garcilaso de la Vega en sus Églogas. El rapsoda presta aquí su voz rota al poeta sabiendo que son una y la misma cosa. Intenta dar vida a los versos cuando todavía no se han enfriado, como si brotasen del manantial del que nacen las palabras más certeras y afiladas. Parecen surgir de una fuente quebrada y, en ocasiones, descarnada, en la que se desvela el ser de las cosas. Como en las películas judiciales norteamericanas, el lector dispondrá de la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

El rapsoda quiere que su voz rota envuelva al oyente con los mimbres de la libertad y la osadía que facilitan la imperfección y la voluntad de verdad. Estas últimas suelen escandalizar a los filósofos, aunque no se encuentren cómodamente tendidos en el diván del boudoir. En ocasiones, el rapsoda exhibe una voz engolada, tratando de estar a la altura de los versos que recita o sintiendo envidia de su magia. No obstante, su afectación no resta verdad a su acto, una empresa heroica en los tiempos que corren, porque el suyo es un acto de amor a la palabra.

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La espera

En la espera
la sangre no ha llegado
a acariciar ninguna orilla.
Dulce es en su amarga ausencia
como una corona de espinas despuntadas.

En la espera
solo hay espera
y los cuerpos desangrados
cantan su plateado silencio
entre los cristales rotos
de dos relojes de arena.

Porque los relojes
son tristemente mudos,
de la necesidad celosos,
artesanos píos de la razón
y de la demencia de los sueños.

En la espera
(solo hay espera)
dos puertas abiertas,
dos dinteles ortogonales
y terriblemente serios.

En la espera
no hay historia,
ni aventuras,
ni misterios:
solo dos puertas abiertas
que se adivinan,
silenciosas y grises
en la sonrisa de las ballenas,
en la llama de las antorchas
que se elevan palpitando
entre los tubos regios
de un órgano barroco
con lágrimas de madera.

En la espera se dibuja
un camino suspendido,
sin calor y sin certezas,
cosido a mi piel de cartón,
a las arrugas vegetales
del pensamiento y su derrota.
Un camino lácteo y plúmbeo
con dos dinteles dentados,
dos puertas sin cerrojo
que la luz persiguen y desean.

En la espera soy vulnerable,
mendigando una respuesta,
a pesar de la belleza,
entre relojes de arena.
Tengo que obedecer,
aunque digan que hay dos puertas.

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Rafael Guardiola Iranzo – La espera

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Rafael Guardiola Iranzo
Málaga, Octubre de 2025

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