Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – III – Gloria Jimeno Castro

Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – III – Gloria Jimeno Castro

Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – III

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Las colecciones españolas de novela breve en el primer tercio del siglo XX: el otro gran fenómeno editorial de la literatura de la Edad de Plata – III

José Blass, socio que invertía la mayor parte de su capital en Los Contemporáneos, albergaba sus dudas sobre la administración llevada a cabo por Zamacois. Intentando proteger sus intereses, propone que el periodista Manuel Alhama Montes, fundador de la revista Alrededor del Mundo, entrase a formar parte del negocio. Surge con ello un problema inesperado, Alhama Montes solo acepta si él se convierte en el único propietario de Los Contemporáneos. José Blass accede a sus condiciones, obligando a Zamacois a conformarse con el puesto de director, lo cual a la larga lleva al fundador de esta colección a abandonar en 1911 la revista, a causa de desavenencias con el propietario [1].

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Manuel Mendívil se hará cargo de la dirección de Los Contemporáneos durante dos años, y el primer cambio que impondrá será el abandono de la orientación erótico-naturalista que Zamacois confirió a su revista [2]. Para efectuar su plan, el nuevo director elegirá para publicar en su colección a literatos como Jacinto Benavente, Manuel Linares Rivas o Francisco Villaespesa; pero, además, se atreverá a incluir en sus páginas versiones de Dumas, Moliére, Lytton… Las dificultades económicas que atraviesa la colección a partir de 1913 revelaban cómo las intenciones de Mendívil eran poco factibles. A partir de este año, Los Contemporáneos habrá de imprimir piezas dramáticas y narraciones de escritores ya fallecidos, como Pedro Antonio de Alarcón, Gustavo Adolfo Bécquer o Shakespeare, para encubrir el poco interés de los autores españoles por colaborar en esta colección. Este nuevo rumbo de la publicación lleva a José de Elola, el director que sucede a Mendívil, a cambiar el nombre de la colección, Los Contemporáneos pasa a denominarse Los Contemporáneos y Los Maestros. La colección no recuperará su primitivo título hasta 1915, cuando tras numerosas vicisitudes, Augusto Martínez Olmedilla se ponga al frente de esta revista con tan azarosa y complicada trayectoria. Martínez Olmedilla trata de recuperar el interés y la confianza de los suscriptores de Los Contemporáneos, prestando una mayor atención a las secciones informativas de la revista. Incluye a tal efecto, crónicas políticas, reseñas bibliográficas y secciones de actualidad como Efemérides, Los deportes, Telones y Bambalinas.

En el año 1918, la colección ha de enfrentarse a un nuevo cambio, en esta ocasión, de formato, para hacer frente a la decadencia causada por la competencia que le hacía desde 1916 La Novela Corta. El papel, a partir de entonces, será de peor calidad, las ilustraciones desaparecerán de sus páginas, merced a lo cual, los responsables de la colección podrán permitirse una reducción del precio de los ejemplares, puesto que ya no tenían que abonar el sueldo de los ilustradores. Los ejemplares de Los Contemporáneos saldrán esta vez al mercado al precio de 10 céntimos, lo que posibilita que, por fin, se produzcan nuevamente beneficios económicos, gracias a los cuales Martínez Olmedilla logra mantener la publicación hasta su desaparición el 1 de abril de 1926 [3].

Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, gran conocedor de este fenómeno literario, nos muestra cómo tras los éxitos cosechados por El Cuento Semanal y Los Contemporáneos nacerán muchas otras colecciones de distinto signo. Desde el 30 de julio de 1910 se edita en Barcelona la colección Los Cuentistas, de vida efímera, como El Cuento Decenal, que se publica en Madrid en el año 1913 bajo la dirección de Lucas Acevedo.  En el mismo año sale al mercado El Cuento Galante, cuyos ejemplares poseían dieciséis páginas, y con una orientación claramente erótica. La dirección de esta colección se hallaba en manos de Emilio Carrere [4].

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Tras las colecciones citadas, surgirá El Libro Popular, que se mantuvo en el mercado editorial desde 1912 hasta 1914, siendo dirigida por Francisco Gómez Hidalgo. Esta publicación no presenta grandes novedades en cuanto a los nombres de los colaboradores, que básicamente eran los mismos que participaron en las colecciones anteriores; sin embargo, muestra un cambio en el aspecto formal: una ligera reducción en su tamaño [5].

Es La Novela de Bolsillo la publicación que marcará un nuevo rumbo en la historia de las colecciones de novelas breves españolas [6]. Tal como indica su nombre, reduce sus dimensiones a 15,5 x 11,5 cm., a un formato de bolsillo, una innovación que será imitada por las colecciones que la sucedan. La Novela de Bolsillo, por tanto, no es una colección literaria más de las muchas que inundaron el panorama editorial de las primeras décadas del siglo XX, sino que constituye una pieza muy relevante en la evolución de las colecciones de relatos cortos en España, puesto que con sus cambios formales y editoriales revoluciona los hábitos lectores y la recepción de este tipo de literatura. Su nuevo formato permitirá la lectura en cualquier lugar, en la misma calle, frente a lo que sucedía con las colecciones precedentes, de tamaño folio, y que exigían una lectura acomodados en un butacón, en una mesa, y con uso, incluso, de atril, para manejar dichos ejemplares.

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Entre los años 1914-1916 La Novela de Bolsillo publicó cien números, obra de 79 escritores, en cuyas colaboraciones se distinguen distintas tendencias estilísticas. En su nómina de colaboradores se registran los nombres de algunos autores ya famosos en la época, como Joaquín Dicenta, y otros que comenzaban su carrera literaria, como Ramón Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flórez, Antonio de Hoyos y Vinent o Álvaro Retana. Aunque, claramente,  quienes mantienen con sus colaboraciones la colección durante sus dos años de vida son los miembros de la bautizada por Sainz de Robles como <<promoción de  El Cuento Semanal>>: Felipe Sassone, Fernando Mora, José Ferrándiz, Cristóbal de Castro, Pedro de Répide, Andrés González-Blanco, Emiliano Ramírez Ángel, Eduardo Barriobero y Herrán, Augusto Martínez Olmedilla,  Alejandro Larrubiera, José Francos Rodríguez… 

       El director de la colección, Francisco de Torres, incluyó en su proyecto literario, además, a cuatro escritoras, que eran conocidas por sus colaboraciones periodísticas en la prensa de la época y en las colecciones precedentes, tal es el caso de Carmen de Burgos, Gloria de la Prada, María de la Paz Valero Martín, a quien se les une otra escritora poco conocida, Ermerinda Ferrari. 

El 15 de enero de 1916 irrumpe en el panorama editorial La Novela Corta, una nueva colección dirigida por José Urquía. De esta se publicaron hasta 449 títulos, cifra espectacular que concita la atención de Roselyne Mogín-Martin, quien en su estudio sobre esta colección nos desvela cómo sus responsables supieron aprovechar las innovaciones editoriales propuestas y popularizadas por La Novela de Bolsillo, y que se impondrán como paradigma digno de ser copiado por las colecciones que le sucedan. Subraya, asimismo, cuán decisiva fue La Novela Corta, toda vez que consagró como genérico el nombre elegido para presentarla en el mercado [7].

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El título de esta nueva colección literaria no debe inducirnos a error, pues tal como hemos visto en otras que le preceden, no todo lo publicado en ellas era novela, ni todos los autores seleccionados eran españoles [8]. De hecho, durante su primer año de existencia, La Novela Corta reproduce en sus páginas obras teatrales de Benito Pérez Galdós, Joaquín Dicenta, los hermanos Álvarez Quintero, Gregorio Martínez Sierra y Villaespesa. Fue tal el éxito de los números dedicados a estas obras teatrales que José Urquía, director de la colección, toma la decisión de crear otra colección semanal, La Novela Teatral, cuyo primer número fue Trata de blancas de Felipe Trigo [9].

La Novela Corta es una colección caracterizada por el formato de bolsillo, impresa en un papel de muy mala calidad, y carente de ilustraciones, lo cual hizo posible que su precio fuese bajísimo: 5 céntimos.

La Novela Corta pertenecía a Prensa Popular, empresa que agrupaba otras colecciones como La Novela Teatral y El Libro Azul, las revistas Friné, Flirt, La Gracia, los semanarios infantiles Bebé y Caperucita, la revista deportiva Goal y El Folletín.

En 1921 comienza a publicarse La Novela Semanal, perteneciente a Prensa Gráfica, empresa editora propietaria de otras publicaciones periódicas muy relevantes como Mundo Gráfico, La Esfera y Nuevo Mundo [10]. La Novela Semanal ofrecía sus páginas a toda clase de escritores, dejando a su libre elección el tema sobre el que debían versar sus historias, aunque la lectura de esta colección revela una clara preferencia de los colaboradores por los relatos de temática erótica.

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Esta colección se vendía al precio de 25 céntimos, y formalmente se distinguía por sus excelentes ilustraciones, obra de los más afamados dibujantes del momento. Empero, tal como venimos observando en la trayectoria editorial de otras colecciones de relatos cortos, La Novela Semanal entrará en una profunda crisis, en este caso, de forma comprensible, ya que sus editores no pueden competir económicamente con el propietario de La Novela de Hoy, Artemio Precioso, el cual pagaba entre 1.000 y 3.000 pesetas a los autores por cada novela [11]. Huelga decir que los escritores ante tales remuneraciones aceptan ofrecer sus servicios en exclusividad a Artemio Precioso, y desdeñan a las antiguas colecciones en las que colaboraron y adquirieron renombre. Desde 1922, Artemio Precioso poseía la colaboración en exclusiva de Joaquín Belda, El Caballero Audaz, Alberto Insúa, Antonio de Hoyos y Vinent, Wenceslao Fernández Flórez, Rafael López de Haro, Pedro Mata, Álvaro Retana y Luis de Araquistáin [12]. La colaboración más significativa es, sin embargo, la de Vicente Blasco Ibáñez, amigo personal de Artemio Precioso, y colaborador en exclusiva también de su publicación. Su importancia radica en que él, debido a su prestigio como literato, atrajo a la colección a un nutrido grupo de lectores entusiastas de sus novelas [13].

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Ya en el año 1926 nace La Novela Mundial, que plasmará los nuevos planteamientos ideológicos de la Dictadura de Primo de Rivera, puesto que esta colección se propuso como objetivo dar otro rumbo al género de la novela corta, que en los últimos años se vinculaba con una orientación erótica.

Fueron 130 números los publicados por esta colección, según la información aportada por Alberto Sánchez Álvarez-Insúa y María del Carmen Santamaría Barceló en el análisis que llevan a cabo sobre esta colección [14].

En el transcurso de los años veinte, junto a estas colecciones mencionadas, conviven otras de vida efímera, que Alberto Álvarez Sánchez-Insúa ha enumerado en su exhaustiva catalogación de las colecciones literarias de España [15], y que se mantuvieron en los quioscos entre los años 1907 y 1957: La Novela Gráfica (1922), La Novela Selecta (1923), La Novela del Jueves y La Novela Chica (1924), Nuestra Novela (1925) [16], La Novela Popular (1925) y  Cuentos del Sábado (1929).

Particularmente numerosas fueron las colecciones de novela erótica: Biblioteca Demi-monde, Biblioteca Festiva, Biblioteca Verde, La Novela de Noche [17], Colección Afrodita, Cuentos Picantes… Por su carácter singular merecen ser citadas algunas otras curiosas colecciones seriadas, que Álvarez-Insúa ha podido consultar y que nos ha dado a conocer: La Novela para el Tren, La Novela con Regalo [18], La Novela Deportiva, La Novela del Chófer o La Novela de la Modistilla [19].

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Si las colecciones de novela breve en la década de los años veinte mostraban preferencia por la literatura erótica, a partir de 1931, y debido al cambio del régimen político, pasarán a contener un marcado contenido ideológico. Este es el caso de publicaciones como La Novela Roja, La Novela Política y La Novela Ideal [20].

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Durante los años cuarenta, la novela breve y las colecciones que la impulsaron entrarán en decadencia y, progresivamente, van perdiendo aquella popularidad de la que gozaron entre los españoles de principios del siglo XX; a pesar de ello, aún continúan inundando los quioscos publicaciones como Los Novelistas, que data del año 1938, o La Novela del Sábado, que nace en enero de 1939 [21]. La Novela Actual surge en el año 1943, y en 1952 sale a la venta Novelistas de Hoy, colección de novela breve en la que se dan cita los novelistas de postguerra: Camilo José Cela, Carmen Laforet, Darío Fernández Flórez, Ignacio Agustí, Álvaro de la Iglesia y Manuel Pombo Angulo [22].

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La elección del título La Novela del Sábado para encabezar una colección de relatos cortos vuelve a registrarse en 1953, queriendo retomar tal vez aquella, siendo sus colaboradores más notables escritores como José María Pemán, Enrique Jardiel Poncela, César González Ruano, Miguel Delibes, Ana María Matute…

La Novela del Sábado es la última colección de novelas breves [23], en cuya nómina de colaboradores figuran representantes de todas las promociones de escritores, que contribuyeron a que este fenómeno de las colecciones literarias seriadas fuese todo un hito en la literatura española del siglo XX, por el que tantos españoles se aficionaron a la lectura de novelas.

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De todo lo dicho se deduce como corolario que, gracias a las colecciones seriadas, que compitieron en el mercado editorial español durante las primeras décadas del siglo XX, la narrativa breve se revitalizó en nuestro país, un detalle muy significativo que la historia de la literatura española debería subrayar con marcado énfasis.

Para concluir este artículo, en el que se han repasado las colecciones literarias seriadas españolas del siglo XX, y que prueban que durante aquella época había retoñado la novela corta en España, permítasenos presentar una reflexión de Chesterton, acerca de las causas del creciente éxito de los relatos cortos a principios del siglo XX. Palabras estas, que se nos antojan también apropiadas para comprender la preferencia de los autores españoles del primer tercio del siglo XX  por este género:

No es, no, un accidente el que forma nuestra preferencia moderna por las narraciones cortas, sino el signo de la fragilidad y fugacidad de la vida, como el indicio de que la existencia para nosotros no es más que una impresión o, acaso una ilusión tan solo. Cada novela corta al uso parece un sueño; posee la belleza irrevocable de lo que es falso […] En una palabra: si los escritores modernos escriben la vida en narraciones cortas, es porque sienten profundamente que la vida es, en sí, una historia extraordinariamente corta… [24]

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Gloria Jimeno Castro

Doctora en Lengua española y sus Literaturas

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Notas

[1] Eduardo Zamacois, op. cit., pp. 358-359.

[2] Luis Sánchez Granjel, Eduardo Zamacois y la novela corta, ed. cit., p. 61.

[3] Luis Sánchez Granjel, “La novela corta en España (1907-1936)”, loc. cit., p. 489.

[4] Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, Bibliografía e historia de las colecciones literarias en España (1907-1957), ed. cit., p. 26.

[5] Acerca de la trayectoria y contenidos de esta colección, véase Amelina Correa Ramón, El Libro Popular, Madrid, CSIC, 2001 (Literatura Breve, 7).

[6] Consúltese mi tesis sobre la mencionada colección,  Gloria Jimeno Castro, La Novela de Bolsillo (1914-1916): una colección literaria de “transición”, leída el 1 de febrero de 2021 en la Universidad Complutense de Madrid.

[7] Roselyne Mogín-Martin, La Novela Corta, Madrid, CSIC, 2000 (Literatura Breve, 4).

[8] Véase Carlos GarcíaRomeral Pérez, “La Novela Corta de José de Urquía”, en Noticias Bibliográficas, n.º 100, julio-agosto 2004, pp. 38-39

[9] A propósito de este particular, hay que tener presentes los datos presentados por José Antonio Pérez Bowie en La Novela Teatral,Madrid, CSIC, 1996 (Literatura Breve, 1).

[10] Sobre esta colección existe una monografía a cargo de José María Fernández Gutiérrez,La Novela Semanal, Madrid, CSIC, 2000 (Literatura Breve, 5).

[11] Luis Sánchez Granjel, Eduardo Zamacois y la novela corta, ed. cit., p. 102.

[12] Véase el estudio realizado por Julia María Labrador Ben, Marie Christine del Castillo y Covadonga García Toraño, La Novela de Hoy, La Novela de Noche y El Folletín Divertido. La labor editorial de Artemio Precioso, Madrid, CSIC, 2006.

[13] La figura de Artemio Precioso, que logró que su colección en los años 20 alcanzase metas hasta entonces impensables en el mundo editorial, y que supo con astucia hacer un gran negocio con la literatura, cobra toda su importancia con la lectura de la monografía de Manuel Martínez Arnaldos, Artemio Precioso y la novela corta, Albacete, Diputación, 1997 (Col. Arcanos).

[14] La Novela Mundial, Madrid, CSIC, 1997 (Literatura Breve, 2), p. 118.

[15] Véase Bibliografía e historia de las colecciones literarias en España (1907-1957), ed. cit.; y también Las colecciones literarias en el Madrid de Alfonso XIII (1902-1931), Madrid, Ayuntamiento, 1997.

[16] Sobre esta colección, véase José María Villarías Zugazagoitia, Nuestra Novela, Madrid, CSIC, 2003 (Literatura Breve, 10).

[17] Existe una tesis de licenciatura acerca de esta colección:Covadonga García Toraño,La Novela de Noche: una colección de novela corta de la década de los 20, Madrid, UCM, 1986.

[18] Datos imprescindibles sobre esta colección se aportan en M. Luis, La Novela con Regalo. Proyecto de Investigación General Las colecciones de novela corta (1900-1939). Tesis de Licenciatura, Madrid, UCM, 1984.

[19] Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, Bibliografía e historia de las colecciones literarias en España (1907-1957), ed. cit., pp. 101-117.

[20] Muy esclarecedoras sobre el contenido de las colecciones literarias que perviven durante los años treinta en España resultan las investigaciones llevadas a cabo por el profesor Gonzalo Santonja: La Novela Proletaria (1932-1933), Madrid, Ayuso, 1979; La novela revolucionaria de quiosco (1905-1939), Madrid, El Museo Universal, 1993; Las Novelas Rojas, Madrid, Ediciones de La Torre, 1994. Sobre La Novela Ideal se han ocupado, además, Carlos Serrano en “Relato breve y literatura militante: en torno a La Novela Ideal”, enAurora Egido e Yves-René Fonquerne (eds.), Formas breves del relato, Zaragoza, Universidad, 1986, pp. 221-234; y Marisa Siguan Boehmer, Literatura popular libertaria: trece años de La Novela Ideal (1925-1938), Barcelona, Península, 1981.

[21] El contenido y la orientación de esta colección literaria es ofrecido por María Ángeles Naval,La Novela de Vértice y La Novela del Sábado (1939), Madrid, CSIC, 2000.

[22] Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, Bibliografía e historia de las colecciones literarias en España (1907-1957), ed. cit., p. 48.

[23] Véase José María Fernández Gutiérrez, La Novela del Sábado (1953-1955), Madrid, CSIC, 2004 (Literatura Breve, 12).

[24] Gilbert Keith Chesterton, Vida de Dickens, en Obras completas, tomo IV, Barcelona. Plaza y Janés, 1970, pp. 240-241

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Categories: Crítica Literaria

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