Recuerdo del Saturniano – Antonio Costa Gómez
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Recuerdo del Saturniano
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Recuerdo del Saturniano
Era el rival de Cela, una vez tuvieron una discusión sobre Estados Unidos. Y Sender tuvo un cabreo monumental. Porque él trabajaba en aquel Estados Unidos mucho más elegante, donde aún se amaba la cultura y la libertad. Una cultura viva y una libertad sin tapujos. Cuando era de verdad “el sueño americano”.
Sender simpatizó con el anarquismo y siempre tuvo algo de disidencia y de travesura. De soledad que no se encuadra en ideologías simplistas. Su obra fue poliédrica y sorprendente, no se dejaría nunca encasillar, atendía a los aspectos misteriosos de la vida. Con personajes rebeldes en el sentido más hondo. Conectaban con Camus y con los templarios.
En Las criaturas saturnianas Sender presenta dos tipos de aquelarres. Uno dentro del cristianismo, que se inspira en el diablo contra el Dios tirano, como Byron o William Blake. Otro viene de antes del cristianismo, es una religión cósmica y rebelde como la que planteaba Eliade en sus mitos.
Rudof Witkower, en Nacidos bajo el signo de Saturno, sobre los artistas, dice que los saturnianos son melancólicos. Pero también son los inquietantes, los que cuestionan.
Sender siempre se salió del molde. En El rey la reina plantea una relación erótica y misteriosa entre dos personas de clases e ideologías distintas, en una casa solitaria de Madrid en guerra. La gente pelea feroz por sus ideologías (no sus ideas) pero ellos salen de todo simplismo.
En Réquiem por un campesino español los vencedores van a fusilar a un vencido, pero es un cura del bando vencedor el que intenta salvarlo. Y lo ve como una persona, no como un sindicalista ni un ideólogo. Salta todo simplismo. Ahora se habla de “memoria histórica” (es una contradicción en los términos, la memoria es subjetiva y caprichosa, la Historia debería ser objetiva) y él hizo esa contribución nada simplista. Y rechazó la intolerancia y la cerrazón en todas partes. Como Albert Camus.
En La tesis de Nancy una norteamericana que se lía con un gitano en España descubre que le lengua española no significa lo que dice el diccionario. Ni el país es lo que sale en las guías turísticas. Con humor dice algo muy serio. Hay un montón de malentendidos, pero Nancy acaba aprendiendo. Sender amaba la España contradictoria y también el Estados Unidos del “sueño americano” donde daba clases (no el de Trump).
Ya Crónica del alba empezaba hablando de cuando él era un muchacho travieso e incontrolable. Un rebelde como personalidad, no como ideología.
Ramón J. Sender defendía el misterio y la contradicción. Odiaba todo simplismo. Como yo dije en un artículo, el simplismo es el peor crimen. Porque lo mata todo.
Rivalizaba con Cela y ahora no lo recuerdan todo lo que debieran. Recuerdan a muchos otros mucho más mediocres.
Tal vez no interese, no se puede instrumentalizar y usar como bandera de esto y de lo otro. No se le pueden sacar réditos, siempre escandalizará a todos y se les escapará a todos. En todo caso, dio una de las más hondas visiones de España. Y también del mundo cuando era más abierto y menos intolerante que ahora. Lo suyo era literatura de verdad. Pero no les conviene a los grupos festejar la Literatura.
Lo suyo nunca fueron los grupos, nunca pudieron sujetarlo los grupos. Se zafaba de las clasificaciones como una ardilla. Daba clases en la universidad de Albuquerque y seguro que sería fascinante acudir a sus clases. Porque juntaba la sabiduría (que no es la mera erudición) con la vitalidad y la pasión por lo que enseña. Se zafaba de categorías y de secuestros. Por eso, tal vez, ahora no quieren celebrarlo mucho. No les sirve de pendón a los unos contra los otros. Y más bien, como Unamuno, sirve para inquietar a los unos ya los otros.
En Las tres sorores un grupo de anarquistas, en el bando republicano de la guerra civil, investiga sobre unas monjas rebeldes de hace siglos que se negaron a acostarse con poderosos clérigos. Y las mataron. De algún modo eran monjas anarquistas, la libertad y el misterio van de la mano. Y en el bando republicano la libertad de vivir luchaba contra el dogmatismo y la aridez.
El propio Azaña en La velada de Benicarló dice que es un calvario cruzar la España republicana entre fanatismos y burocracia kafkiana. La supuesta república de la legalidad y las libertades la secuestraron unos pocos prepotentes.
Les recomiendo leer a Ramón J. Sender en estos tiempos de simplismos. Como leen con el mismo provecho a Arturo Pérez Reverte. También para desintoxicarse, para salir de esquemas.
Fue un escritor al que no pudieron secuestrar. Fue un escritor para lectores que tampoco se dejan secuestrar. Que nadie ha fabricado en serie.
Un escritor que nos ayuda a escapar de trampas y encierros a través de los pasadizos de la condición humana y la visión simbolista. A través de la literatura sin cortapisas ideológicas. Fue un gran escritor, y como gran escritor alguien desconcertante. No te daba píldoras, buscaba regalarte tus propios recovecos iluminados.
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Antonio Costa Gómez
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