Lecturas – XI – Rafael Massa
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Lecturas – XI
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Lecturas – XI
Gustave Flaubert
Madame Bovary
2021-04-25
Aun sin necesidad de leer una sola de las páginas que les han dado origen, es posible referirse a una quijotada como el acto del loco que persigue un sueño que sabe imposible, adjetivar como dantesca a la pesadilla que apenas nos atrevemos a imaginar o referir a lo kafkiano del camino que nos resulta absurdo, incomprensible, y lo que es peor, ineludible. De Gustave Flaubert heredamos el menos popular bovarismo, que no es más que el espacio de la frustración entre las aspiraciones sobre lo que suponemos que merecemos y la cobardía que nos paraliza. Sobre ese fracaso, en este caso entre lo que decimos sentir o imaginar y lo que somos capaces de expresar, Flaubert, en palabras de Rodolfo –no es posible pensar, ante la belleza de su novela, que fuese para sí mismo-, el amante que ya se aburrió de Emma y sus intentos de retenerlo, declara que “Hay que combatir las frases exageradas, encubridoras de sentimientos mediocres”, para luego tomar su voz, la del escritor y rematar, entre signos de exclamación:
«¡Como si la exuberancia cordial no se desbordase algunas veces en metáforas de las más vanas, puesto que nadie puede dar nunca la exacta medida de sus deseos, de sus ideas ni de sus dolores, y puesto que la palabra humana es como cascado caldero al que arrancamos melodías buenas para hacer bailar a los osos cuando se pretende conmover a las estrellas!«
Por suerte, basta leer Madame Bovary para comprobar que, con Flaubert, es posible imaginar al oso danzando feliz cuando el cielo, acongojado, desprenda sus lágrimas.
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Rafael Massa

