Manifiesto a favor de la sinestesia: por una sensibilidad múltiple del mundo, del tiempo y del arte – João María André [Traducción del portugués al español a cargo de Sara Oportus] – Sara Oportus

Manifiesto a favor de la sinestesia: por una sensibilidad múltiple del mundo, del tiempo y del arte – João María André [Traducción del portugués al español a cargo de Sara Oportus] – Sara Oportus

Manifiesto a favor de la sinestesia: por una sensibilidad múltiple del mundo, del tiempo y del arte – João María André [Traducción del portugués al español a cargo de Sara Oportus] – Sara Oportus

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René François Ghislain Magritte – L’Oeil [1968]

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Manifiesto a favor de la sinestesia: por una sensibilidad múltiple del mundo, del tiempo y del arte – João María André

Si, durante la Antigüedad, el conocimiento y la percepción han sido estructurados fundamentalmente por el sentido de la visión (“teoría” proviene del verbo griego theoro, que significa “veo”) y, en la Edad Media, la construcción y el intercambio de saber utilizaron como dispositivo fundamental el oído en la dimensión comunitaria en la que acontecían, la Galaxia Gutenberg, como la llamó McLuhan, restableció, durante toda la Modernidad, el sentido de la visión que, a partir de la época Marconi, también recuperó parcialmente el oído en el campo de los audiovisuales. Los otros sentidos fueron siendo relegados a actividades menores (como el sentido del gusto o el olfato) o al ámbito privado e íntimo (como el sentido del tacto). Las últimas décadas y la experiencia de la comunicación durante el período pandémico han contribuido aún más a centrar la atención en el sentido de la vista, apoyado en el sentido del oído en el marco de una primacía de la comunicación a distancia, en la que la experiencia de la vida y del mundo fue reemplazada por la percepción remota de imágenes visuales y acústicas. Los espacios de resonancia se han reducido, tanto en número como en diversidad.

Pero si, como dice Hölderlin, “donde está el peligro, también crece lo que salva”, la conciencia del empobrecimiento estésico y estético en el que vivimos despierta la necesidad de recuperar los sentidos perdidos y sobre todo su interrelación y complementariedad, junto con sus diferentes virtualidades o potencialidades.

El sentido de la vista es en sí mismo muy diferente del sentido del oído. Por alguna razón, el panóptico de Bentham, repensado por Foucault en Vigilar y castigar, y en el Gran Hermano de G. Orwell son, ante todo, una referencia o una crítica al poder objetivante de la visión: la visión es un sentido mucho más dominante que el oído, que está marcado sobre todo por la receptividad, por el acogimiento, por su carácter holístico y su apertura a otros, al mundo y a sus formas de expresión. Y sólo el juego de ambos sentidos implicaría que, aprendiendo la lección de la historia, nos acostumbrásemos a ver como quien escucha (sin olvidar que la escucha también debe complementarse con algunas virtudes de la visión).

Pero la sinestesia de la visión con el oído sigue siendo una sinestesia pobre y reductora. La experiencia del mundo, del tiempo y del arte debe hacerse también con los otros sentidos: olfato, gusto y tacto. El olfato ha pasado a ser privilegiado por las industrias y por las artes de lo que podríamos llamar la cosmética del aroma y de los perfumes, y el gusto constituye el dispositivo más movilizado por las llamadas industrias y artes de la gastronomía. El tacto fue, quizás, el más olvidado de todos los sentidos en la cultura occidental, aunque tiene, como órgano, la superficie más extensa de nuestro cuerpo: no sólo los dedos, sino la piel que nos cubre, nos resguarda, nos separa y nos liga, física y materialmente, con el mundo.

El desafío es, así, doblemente vectorizado: por un lado, superar la unidimensionalidad del sentido de la vista o, como mucho, la bidimensionalidad de los sentidos de la vista y del oído a través de la multidimensionalidad de todos los sentidos, rescatando de su inferioridad u olvido el olfato, el gusto y el tacto; por otro lado, quebrar la atomización de los sentidos, percibiendo y sintiendo, ecosistémicamente, que en cada sentido todos los demás están presentes y contraídamente actuantes, sabiendo que cada uno de ellos implica y desenvuelve capacidades diferentes en la relación con el mundo. Vemos con los ojos, pero también vemos con los oídos, con el gusto, con el olfato y con el tacto; oímos con los oídos, pero también escuchamos con los ojos, con el gusto, con el olfato y con el tacto; saboreamos con el gusto, pero el sabor es incomparablemente mejor si lo saboreamos también con los ojos, los oídos, el olfato y el tacto; olemos con el olfato, pero lo que vemos también tiene olor, así como lo que oímos, lo que saboreamos y lo que tocamos tiene un aroma específico; y sentimos las cosas al tacto, pero los ojos también sienten el mundo táctilmente, al igual que los oídos, el gusto y el olfato. ¿Y qué es un beso sino un acto en el que tocamos a otra persona por el tacto y el sabor de nuestra propia boca, por la mirada ampliada de su rostro, por el soplo de su respiración, por el aroma íntimo de su presencia? ¿Cuándo fue que conseguimos besar a alguien con todos nuestros sentidos?

Mi mensaje para el futuro es, por tanto, el mensaje de la sinestesia en el sentir conjunto de todos los sentidos. Sentir con todos los sentidos el mundo, las cosas, las personas, las atmósferas, los ambientes, los deseos, las alegrías y las tristezas, las esperanzas y las desesperaciones. Sentir el tiempo con todos los sentidos: porque el tiempo se puede ver, oír, incluso en el silencio de su fluir, y también se puede oler, tocar y saborear (Byung Chul-Han): hay tiempos amargos y dulces, tiempos duros y tiempos suaves, musicales, tiempos ruidosos y silenciosos, tiempos aromáticos y malolientes, tiempos oscuros y tiempos luminosos. Y las expresiones humanas también tienen que ser sentidas y percibidas con todos los sentidos, empezando por las palabras, que no sólo se oyen, sino que se ven, se saborean, se huelen y se tocan, vibrando en nuestra piel y resonando en ella hasta lo más íntimo de nuestro cuerpo, lo que algunos llaman alma.

Y, más que todo, el arte tiene que ser el espacio y el tiempo de nuestros cinco sentidos: tenemos que aprender a ver la música y su danza, oler su aroma, sentir su tacto, saborear su melodía mientras escuchamos sus sonidos. Y lo mismo puede decirse del teatro, la pintura, la escultura, la fotografía, el cine, la danza e incluso la arquitectura.

Sentir al mismo tiempo con nuestros cinco sentidos: ¡sólo así haremos del mundo, del tiempo y del arte nuestro hogar y nuestra morada, es decir, el hogar de nuestro cuerpo y de nuestra alma, el hogar del todo único que somos!

Paradela da Cortiça, Octubre de 2023

João María André

[Traducción del portugués al español a cargo de Sara Oportus – Buenos Aires, Noviembre de 2023]

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PD: poema escrito en la época de las mascarillas, en plena pandemia

Perdimos el rostro

No bastan los ojos. Perdimos el rostro,
la materia sutil que los ojos habitan
las curvas recortadas en los pliegues de la luz
y también las cicatrices escritas por el tiempo
en la cara que alguna vez fue el hogar de su infancia.

No bastan los ojos. Perdimos el tacto
y con él el sabor que es el tacto de la boca,
la textura misteriosa de los besos,
el agua simple y calma de la ternura
que se desliza sobre la piel y se demora en los labios
como si fuera ahí el nacimiento del día.

No bastan los ojos. Perdimos la música,
las palabras simples en la límpida pureza
de sonidos, esta danza en la que respiran
los poemas iluminados en la geometría del cuerpo.

No bastan los ojos. Perdimos el olor
el singular perfume de cada ser,
el laberinto en el que erramos oliendo el sudor.
con el que siempre se teje la pasión por la diferencia.

Son mudos los ojos sin la línea que guía
las manos tan inquietas de la mirada
en los secretos ocultos en el mapa del rostro.
Son mudos los ojos sin aquellos sentidos
con el que escuchamos las almas de los demás
y nos quedamos dentro de su mundo.

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[Traducción del portugués al español a cargo de Sara Oportus – Buenos Aires, Noviembre de 2023]

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Figueira da Foz, Agosto de 2020

João María André

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Sara Oportus

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