Nosotros, los fantasmas – A propósito de «Perro fantasma», de José Daniel Espejo Balanza – César Rodríguez de Sepúlveda

Nosotros, los fantasmas – A propósito de «Perro fantasma», de José Daniel Espejo Balanza – César Rodríguez de Sepúlveda

Nosotros, los fantasmas – A propósito de Perro fantasma, de José Daniel Espejo Balanza

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Nosotros, los fantasmas – A propósito de Perro fantasma, de José Daniel Espejo Balanza

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Leí Los lagos de Norteamérica de José Daniel Espejo Balanza (Pre-Textos, 2019) en los días de la pandemia. De esa clase de libros que dan visibilidad a aquello que ―por convención, por pereza o por puritito miedo― preferimos mantener en la penumbra, aquello que sacado a la luz nos golpea porque comprendemos que no estamos a salvo mirando por la ventana, sino frente al espejo, y en precario equilibrio.

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En Los lagos…, lo autobiográfico se vuelve lacerante: la voz se autolesiona continuamente y nos hace partícipes de su infelicidad, que es también la nuestra. La introspección despiadada es el principio metodológico del libro: abrirse en canal y exhibir la herida supurante. Interpela. Conmueve. Destroza.

La apuesta de J.D.E.B. en su nuevo libro, Perro fantasma, es, por una parte, continuar el desolador strip-tease personal iniciado en el libro anterior, proseguir levantando el mapa personal de la ruina; por otro, dar cabida a más voces y a más historias aparte de la propia. Investigar y visibilizar la exclusión social construyendo una obra coral, a la manera de la Antología de Spoon River de Edgar Lee Masters. Una topografía espiritual de la miseria, trazada, no desde el confort de sentirse fuera de ella, sino desde dentro, por quien está chapoteando en el mismo fango que los personajes marginales a los que da voz.

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Algo arriesgado, y hasta, tal vez, pretencioso, puede haber en construir un discurso sobre la marginación a través de voces interpuestas, de personajes que habitan la realidad desesperanzada y sórdida a que han sido expulsados por el sistema. Podría resultar un mero ejercicio de ventriloquía: más o menos resultón, pero descaradamente artificioso. No es el caso de este libro, porque las voces ―voces de fantasmas―  se superponen, se agolpan, subsumen y devoran a la borrosa figura que hay detrás. Hay poemas escritos en primera, en segunda y tercera persona: hay tantas voces no identificadas ―insistamos: son fantasmas― que es imposible deslindar dónde empieza y termina cada una.

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Escritura de la dislocación. Para trazar el mapa de la herida, conviene esta superposición de voces. Conviene también desmontar la ortotipografía convencional, sustituir por barras, simples o dobles, los signos de puntuación, quebrar la sintaxis, romper las palabras por la mitad para que se les vean las entrañas. Conviene que no haya nombres, solo voces que se cruzan en medio de la desolación, en un extrarradio de Murcia que es también el Infierno de Dante o la Comala de Rulfo. Qué angustia este murmullo continuo, sin esperanza, con alguna que otra breve y engañosa tregua, pero con el único horizonte de la repetición, la alienación y la muerte.

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Los poemas de este libro son artefactos perfectamente construidos para forzarnos a ver aquello que preferiríamos no tener que ver. Ojo: no solo el desamparo clamoroso, estridente, de los más severamente excluidos, los sin techo, los deglutidos y excretados por el sistema; también esos otros, en los que acaso sea más fácil reconocernos, que supuestamente tienen un encaje adecuado en el sistema y, sin embargo, adolecen de incomunicación, de desesperanza, de infelicidad. Es este un libro muy político, en la menos vil de las acepciones de esta palabra, y muy radical: el mal es sistémico, no lo solucionan buenos propósitos ni parches puntuales. Esto, como la muerte de los ríos ―tremendo el poema dedicado al río Segura― no es resultado de un fallo en la máquina. La máquina está, en realidad, muy bien diseñada para alcanzar su objetivo: el provecho de unos pocos se logra a través de la infelicidad y la alienación de muchos. Y, a medio plazo, de la destrucción de todo, y de todos.

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¿Cuál es el lugar del arte, de la poesía, en este mundo? Habita una contradicción: por una parte, permite construir artefactos muy eficaces para visibilizar la injusticia; por otra, es una maldición para el creador, que se vuelve aún más vulnerable: en uno de los poemas, planteado como el guion de un largometraje, un artista plástico dedicado a «descontextualizar desechos» termina viendo su casa invadida por la materia fecal. Imposible, después de visitar el infierno, sacudirse el polvo del traje y seguir camino como si tal cosa. No: el olor de la mierda ya no se quita,

    «y ya no sabemos si gritarle al tipo que escape

     Si cerrar los ojos ―y la nariz― para escapar del susto

     O darle la mano y dirigirnos con él

     Al lago de la mierda para siempre».

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De cómo la belleza ―hay en este libro poemas de una insoportable belleza― se nutre de la fealdad, de la injusticia y de la mierda, como la garza majestuosa del primer poema:

    «el monstruo que soy la primavera

    El río lleno de mierda y una garza

    Que bebe de él

    Majestuosa».

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César Rodríguez de Sepúlveda

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Nota

José Daniel Espejo Balanza. Perro fantasma. Prólogo de Begoña Méndez. Editorial Candaya, Barcelona, 2023. ISBN: 978-8418504624.

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