Soledad y virtualidad – Luis Roca Jusmet

Soledad y virtualidad – Luis Roca Jusmet

Soledad y virtualidad

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Fotograma de L’Année dernière à Marienbad [1961 – Alain Resnais]

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Soledad y virtualidad

«[…] God, but life is loneliness, despite all the opiates, despite the shrill tinsel gaiety of «parties» with no purpose, despite the false grinning faces we all wear. And when at last you find someone to whom you feel you can pour out your soul, you stop in shock at the words you utter – they are so rusty, so ugly, so meaningless and feeble from being kept in the small cramped dark inside you so long. Yes, there is joy, fulfillment and companionship – but the loneliness of the soul in it’s appalling self-consciousness, is horrible and overpowering.»

Sylvia Plath [extract from The Unabridged Journals of Sylvia Plath]


En este mundo virtual en que estamos inmersos podemos relativizar lo que significa estar solo: ¿lo estoy cuando me comunico con alguien? ¿Hace falta una imagen, una voz, o es suficiente con un intercambio de palabras por Whatsapp?. Por este camino difícilmente tendremos un planteamiento para pensar el problema. Porque efectivamente, hay un problema relacionado con la pregunta, que a lo que hace referencia es a una idea subjetiva y vinculado a un afecto.

¿Cuál es la idea y cuál es el afecto de este «sentirse tan solo»? Esta es la verdadera pregunta. Los seres humanos necesitamos a los otros, tanto desde el punto de vista material como desde el personal. Necesitamos sentirnos reconocidos por los otros y también pertenecer a un grupo, pero sobre todo necesitamos compartir. Es este deseo de estar con el otro el que responde a una necesidad humana.
La sociedad moderna ha liquidado la comunidad en nombre del individuo. La constitución del sujeto como referencia tiene consecuencias devastadoras, aunque también es lo que hace que tengamos un margen de libertad personal. Perdemos la identidad simbólica, la que nos da el grupo: un lugar, un papel, unas creencias que por tradición nos cohesionan con una determinada comunidad. Quedamos aislados y si disponemos de recursos materiales y personales podemos construirnos como un sujeto ético que se relaciona con los otros desde singularidad. Pero si no es así la individualidad es la pérdida de la pertenencia a la comunidad sin ganar libertad personal.

Lo que nos salva de la soledad son los lazos que tejemos realmente con los otros. En las sociedades tradicionales hay un Gran Otro (la Tradición) desde donde tejerlos. En la sociedad moderna este Gran Otro se va disolviendo. Tejer los lazos es entonces un proceso laborioso y a veces imposible. El neoliberalismo hegemónico nos vende la gran mentira que somos autosuficientes. Esto refuerza un individualismo competitivo, en la que el otro se convierte en un medio para el éxito. La sociedad de consumo, por otra parte, nos orienta hacia la satisfacción a través de los objetos.

En este panorama aparecen las redes sociales con unas consecuencias ambiguas. Porque ciertamente nos posibilita una relación con otros. Pero lo que falta para establecer lazo es poner el cuerpo. Los encuentros de los cuerpos son importantes a la hora de establecer lazos. Lo son porque no somos sujetos virtuales que nos movemos en un espacio imaginario sino cuerpos subjetivados que compartimos lugares. Lo que ocurre en las redes sociales es un síntoma de este individualismo defensivo, de este miedo al encuentro con el otro. Un síntoma que a su vez profundiza esta separación de encuentros porque nos atomiza en nuestro mundo. Pero a la vez nos permite unas maneras de conexión desde nuestro aislamiento. Esta es la auténtica paradoja: es lo que nos aísla y nos permite salir de nuestro aislamiento.

Quizás la única salida sea aprender a estar solos y desde esta soledad compartir con los otros. Esto implica perder el miedo a la soledad. Pero también potencia la vida en común, saber que somos precarios y vulnerables, que todos nos necesitamos. Y por supuesto tener confianza en nosotros mismos, saber que tenemos algo que aportar y algo que compartir. Y finalmente volver al cuerpo.

Pero como dice el texto citado de Sylvia Plath hay algo en nuestra condición humana que tiene que ver con la soledad y que hemos de asumir. Hay que saber estar solos y hay que tejer estos vínculos que nos unen a los otros. La sociedad tardo-moderna parece que va en dirección contraria: cada vez nos cuesta más saber estar solos y, a la vez, vincularnos a los otros. Algo ha fallado en la lógica de la modernidad para encontrarnos en la peor deriva de esta promesa de libertad personal. Nuestra es la responsabilidad de poner en marcha apuestas éticas y políticas para salir de ella.

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Luis Roca Jusmet

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