Ut pictura poesis. Acerca de «Oda a la Luz de Acequias y Tinaos», de Berto Martínez Tello & Antonio Sánchez Millán – Rafael Guardiola Iranzo
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Ut pictura poesis. Acerca de Oda a la Luz de Acequias y Tinaos, de Berto Martínez Tello & Antonio Sánchez Millán
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Ut pictura poesis. Acerca de Oda a la Luz de Acequias y Tinaos, de Berto Martínez Tello & Antonio Sánchez Millán [1]
Un pintor que compone una oda con sus trazos y colores. Un poeta que dibuja y pinta con sus versos. Tal vez el arte quiera imitar a la naturaleza y a la condición humana, siguiendo a Aristóteles. Y puede que la pintura y la poesía nacieran en el mismo parto, como sugiere Lomazzo y que compartan contenido y finalidad, es decir, physis, naturaleza, de acuerdo con el famoso dicho de Horacio: “como la pintura, así es la poesía” (Ut pictura poesis). El pintor y el poeta se hacen amigos, casi desde el primer momento. Esta es la historia de un libro-museo muy vivo que nos invita a “detenernos y demorarnos” y que, como nos recuerda José María Martín Cirvantos en el prólogo, en nombre de La Alpujarra: “Es una oda a nuestros paisajes culturales, a los conocimientos ecológicos locales, las prácticas, los manejos, las habilidades y capacidades de generaciones de personas que fueron capaces de construir entornos llenos de valores y belleza”. También es un proyecto solidario, puesto que los beneficios de este proyecto-libro se donarán a la Comunidad de Regantes de la Acequia de los Lugares con el fin de contribuir a cuidar y mantener las acequias, sin las que estas tierras altas no podrían sobrevivir.
Lo difícil es la síntesis, el tejido amoroso que perfilan los autores de la oda con lo mejor de sus lenguajes, construyendo la estructura de los “tinaos”, esos peculiares soportales alpujarreños, y siguiendo el curso de las acequias, el entramado arterial y venoso que recorre la tierra gracias a la técnica y la memoria de los antepasados. Y lo han conseguido, puesto que las imágenes y los versos son aquí el mismo espejo. Como, al parecer, afirmara Simónides, la pintura es “muda poesía” y la poesía “una pintura parlante”; y, añado, son una y la misma cosa gracias a la esmerada y cuidada edición de la editorial Dos Aguas. Me emociona, por ejemplo, poder reconocer en las imágenes la textura de la madera como soporte del óleo, o la excepcionalidad de tonos verdes y azules de la paleta del pintor, así como la disposición ultraísta de las palabras a modo de huella de una tipografía justa, también aristotélica y alimentadas con el nietzscheano “sentido de la tierra”.
Estamos ante uno de esos libros “que hay que tener”, como le gusta decir al historiador y arqueólogo malagueño Virgilio Martínez Enamorado, un investigador-seductor impenitente, catalizador de la memoria colectiva [2] como lo son también Berto Martínez Tello y Antonio Sánchez Millán de una forma deliberada. Por otra parte, estudiar, proteger y divulgar no son empresas sencillas sin una buena dosis de entusiasmo y creatividad. Y no olvidemos que podemos recoger, como frutos de esta experiencia estética multisensorial, el conocimiento, el placer, el juicio del gusto y el sentimiento bien temperado, como le gustaría a Kant.
La verdadera protagonista de este libro es la amistad, lejos de las castrantes relaciones de poder y el estéril culto al yo. La amistad en sentido antiguo, como virtud, que se produce entre imágenes y versos y, consiguientemente, entre sus artífices. Un magnífico remedio para sanar las heridas del presente. Pues como afirma el filósofo cordobés José Carlos Ruiz, el dolor y la gloria son las dos caras del individualismo de nuestro tiempo [3]. Por una parte asistimos al imperio del vacío, la superficialidad, el asqueo y el hartazgo, al tiempo que la publicidad y la servidumbre al consumo nos promete la gloria, es decir, la plenitud, el logro de la autenticidad, la satisfacción de los deseos y el alimento de la llama de la ilusión. La tecnología –no la que es madre de tinaos o acequias, obviamente- está entumeciendo nuestro sistema nervioso, nos hemos abonado a la aceleración, a lo urgente, a aplaudir la celeridad con la que se producen los acontecimientos, a buscar lo ligero, fácil y cotidiano, el entretenimiento vacío, las distracciones narcotizantes, el secuestro de la atención, la preocupación enfermiza por un desarrollo personal seriado, la corrupción del sentido liberador del ocio y el desdén hacia la educación cívica y sentimental. El secreto quizá esté en “detenerse”, “demorarse”: “detenerse demorarse/ por la calle lanjarón en el hondillo/ descubre los tinaos/ descubre la habitación de lorca/ en el hotel España/ por las calles descubre/ veinticuatro fuentes (…) las personas de entusiasmo/ se detienen/ se demoran/ en los libros en las páginas de los libros/ en las palabras en las letras/ crean expanden cohesionan/ asociaciones de personas/ los seres culturales/ que sin saberlo hemos sido/ desde siempre”.
Como sostiene la teoría humanística de la pintura desde el siglo XV hasta el siglo XVIII [4], tanto la pintura como la poesía son una imitación de aquellas acciones humanas dotadas de una belleza o significación superiores; el tema y planteamiento general de las composiciones artísticas se caracterizan por su nobleza; las manifestaciones artísticas permiten la expresión de las pasiones humanas –pasiones que han pasado por el tamiz de la razón; se ha de perseguir el “decoro”, y por ello tenemos que ser escrupulosos a la hora de caracterizar a los diferentes tipos humanos y frenar cualquier exceso representativo; y se debe “instruir” a la vez que deleitar. Encuentro todos estos rasgos en la oda. Pienso, por ello, que nos encontramos ante un libro organicista y aristotélico pero con fuertes columnas platónicas, como las que señalan la vía que recorren habitualmente los textos y las practicas filosóficas de Antonio Sánchez Millán. Esta fue la opción de Bellori en el siglo XVII: la Idea se deriva de la naturaleza por medio de un proceso de selección de lo mejor. A este embellecimiento se consagran los autores, con incursiones en la categoría estética decimonónica de “lo pintoresco”, aunque ya saben que mi interpretación no es más que una de las posibles. Mi consejo es que no se fíen y pregunten directamente a Berto y a Antonio por el secreto de la disposición caprichosa del entramado de los “tinaos” o la misteriosa trayectoria de la luz en un espacio generosamente iluminado o en las cuevas de la mente.
Podrán comprobar entonces que ambos caminan buscando la belleza en su justo medio, entre el exceso y el defecto, reconociendo caminos forestales más que sendas perdidas, sabiendo que somos dioses [5], aunque no seamos capaces de superar la respiración de la physis, los cielos estrellados y el rumor de las aguas del deshielo. ¿La Alpujarra es solo un concepto?
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Rafael Guardiola Iranzo
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Notas
[1] [1] Martínez Tello, Berto y Sánchez Millán, Antonio, Oda a la Luz a Acequias y Tinaos, Almería, Editorial Dos Aguas, 2024, 117 pp.
[2] Virgilio Martínez Enamorado ha editado recientemente un estudio sobre el centro administrativo de Tākurunnā, el legendario país andalusí de los Nafza, que no se encontraba en Ronda, como se pensaba, sino en el enclave de Nina Alta, un espacio situado actualmente, en su mayor parte, en el municipio de Teba. También ha coordinado un volumen sobre La Peña de los Enamoradosde Antequera, uno de los dos gigantes dormidos, hombre y mujer –la Sierra de Archidona-, hitos del paisaje humano desde tiempos prehistóricos.
[3] Ruiz, José Carlos, Filosofía ante el desánimo. Pensamiento crítico para construir una personalidad sólida, Barcelona, Planeta, 2021, pp.81 y 82.
[4] Se puede rastrear su evolución en el libro de Rensselaer W. Lee, Ut pictura poesis. La teoría humanística de la pintura, Madrid, Cátedra, 1982.
[5] Les invito a recorrer el camino hacia nuestra divinidad en el poemario de Antonio Sánchez Millán, Paseo por los dioses, Madrid,Ediciones Rilke, 2020.
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