Pájaros eléctricos: sobre «Valparaíso, puerto principal», de Luis Correa-Díaz – Una reseña de Claudio Guerrero Valenzuela
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Pájaros eléctricos: sobre Valparaíso, puerto principal, de Luis Correa-Díaz – Una reseña de Claudio Guerrero Valenzuela
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Pájaros eléctricos: sobre Valparaíso, puerto principal, de Luis Correa-Díaz
Valparaíso, puerto principal (2024, edición en progreso que casi dobla la primera entrega de 2022: Viña del Mar, Chile: Altazor Ediciones) es la nueva entrega poética de Luis Correa-Díaz, la que se viene a sumar a su ya extensa producción de más de dos décadas. Poeta minutero, cronista aéreo o animal de calle, el sujeto que habita estos poemas se desplaza en un constante ir y venir por calles, plazas, cafés, terminales de trenes o de buses, cerros y lagunas. Como paseante que a menudo se deja sorprender por la fisonomía del paisaje, las noticias y los personajes que habitan la ciudad-puerto, una ciudad que permanentemente invita al viaje, su voz termina por configurar una posición de cronista. Guiado por un afán documental, bajo un principio de realidad, el sujeto observador e incrédulo toma nota, articula, sopesa y elucubra acerca de las noticias del reino porteño, teñidas de incendios, funerales narco o anuncios de nuevos trenes. Su posición es la de un sujeto que, como siempre se está yendo, se esmera en poder apuntar la mayor cantidad posible de cosas, superponiendo temporalidades y reafirmando un imaginario afectivo que vincula la ciudad con experiencias vitales relevantes del pasado, en un presente más bien diaspórico, disperso, que sirve de contraste, puesto que la ciudad-puerto ya no es perla, joya, principal ni mayoral. Es así como, al llegar el momento de la partida al Norte, puesto que el poeta vive en Georgia-Estados Unidos, todas las ensoñaciones del paisaje citadino entran en un inevitable suspenso, dejando entrever una mezcla de ubicua nostalgia con escéptico sarcasmo. Esta configuradora condición identitaria, por más que se pretenda rehuir o escapar de ella, es el mecanismo mañosamente cíclico con el que Correa-Díaz reaviva su permanente proceso de reaporteñización.
En Valparaíso, puerto principal el poeta recurre al dron como artefacto que permite ampliar esta mirada sobre la ciudad. Esto permite ofrecer una vista panorámica que opera como contrapunto respecto de los entroncados discursos turísticos acerca de la ciudad. Al ocupar este lugar de enunciación poética se vincula, en un gesto neopajarístico, con la alada tradición de la poesía chilena. La utilización de otro aparato tecnológico como lo es el teléfono celular, en cuanto soporte de escritura, así como la recurrencia a una hipermedialidad textual que incluye mapas, códigos QR y enlaces web que llevan a videos de Youtube donde podemos escuchar, además, la voz del poeta leyendo sus poemas en conjunto con otras voces que ofrecen otras lecturas de sus textos, todo desplegado al mismo tiempo en el soporte-libro, permite ampliar las posibilidades de aproximación crítica en un marco epistemológico que ha sido denominado bajo el concepto de humanidades digitales, pero que estimo no es excluyente. En este sentido, las entradas a la poesía de Correa-Díaz pueden ser diversas, hipertextuales. El poema mismo vendría a ser un hipertexto que se expande a otras textualidades al situarse siempre en referencia a otros textos.
Pero de todas esas potencialidades de lectura, me parece que una de las fundamentales es la función de cronista que el poeta echa a andar en su escritura. En cuanto testigo, en cuanto apuntador, en cuanto sujeto in situ, involucrado con la historia y el devenir de la ciudad afectiva a la cual va y vuelve siempre, el poeta reafirma una condición esencial para nuestros tiempos: la de ofrecer una mirada otra, por sobre la de los estrechos y precarios discursos periodísticos, turísticos u oficiales, bajo un principio que siempre pone por delante el sopeso de la lengua, estirando sus posibilidades y potencialidades más allá de sus usos funcionales. Es así como, por sobre los soportes escogidos, lo que pervive es un lenguaje que logra transmitir ondas de radio sobre la ciudad. Y no solo sobre Valparaíso, sino que también por espacios anexos, marinamente hermanos, como Viña del Mar, Pichidangui o San Antonio. Rastros de vuelos, ondulaciones, un lenguaje de pájaros eléctricos, de zumbido elocuente, pajareando sobre techos y ventanas, entre nostálgico y avispado, entre vivaracho y pajarón.
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Claudio Guerrero Valenzuela
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
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