Reflexionando sobre la poesía con Rosa Romojaro y Enrique Baena – Sebastián Gámez Millán
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Reflexionando sobre la poesía con Rosa Romojaro y Enrique Baena – Sebastián Gámez Millán
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Reflexionando sobre la poesía con Rosa Romojaro y Enrique Baena – Sebastián Gámez Millán
A Rosa Romojaro y Enrique Baena, que nos han invitado a reflexionar sobre la poesía con estas y otras preguntas.
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1) ¿Qué entiendes por nuevos tiempos en el terreno creativo?
No sé hasta qué punto cabe hablar propiamente de “nuevos tiempos” en el terreno creativo. Al menos desde Baudelaire, al que algunos críticos señalan como el primer poeta –y crítico– moderno, se diría que hay un afán por la novedad que no siempre se traduce por “actualidad”, incluso por algo a mi parecer más relevante, “realidad”. Recuerdo de memoria una lúcida respuesta de Borges a un periodista: “¿Hay algún joven poeta que despunte?” –Sí, hay por ahí un joven Virgilio que apunta maneras…”. La creatividad, por lo menos en poesía, depende de cómo combinamos las palabras y de la imaginación, y eso sucedía con Homero y sigue sucediendo en el presente, salvo que nos refiramos a la I.A.
2) Entendiendo la intertextualidad como un tipo de transtextualidad, ¿en qué medida afecta a la nueva poesía?
Según Northrop Frye, “todo poema procede de otro poema”. Yo añadiría algo más fundamental: de la vida, de una vivencia de la vida. En este sentido, la intertextualidad son las tradiciones que actúan consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, en el acto creador. Recordemos a Eugenio D`Ors: “lo que no es tradición es plagio”. La poesía “posmoderna” o, como prefiero llamarla, “transmoderna” –término que tal vez equivale a “transtiempo”, quizá demasiado equívoco– se caracteriza por poseer mayor conciencia de los ecos de la historia, de ahí que se sirva de la ironía en su diálogo con la tradición con el fin de distanciarse de la angustia de las influencias (Harold Bloom): por ejempo, La destrucción o el humor (Juaristi)…
3) ¿Hay hibridación entre activismo, crítica y poesía? Si esto es así, ¿ello implica sacrificar la estética de lo que se viene considerando literatura de calidad o buena literatura?
En realidad, crítica y poesía son indisociables: no hay crítica sin poesía ni poesía sin crítica. Y no es necesario que el tema sea social o conecte con cuestiones políticas del presente. La poesía opera de forma más profunda sobre el lenguaje. La búsqueda de la palabra precisa o exacta es un ejercicio literario, pero al mismo tiempo epistemológico, ético y político. Ahora bien, si incluimos en la ecuación “activismo”, me atrevería a defender que lo hay, al menos de forma notable en ciertos poetas (pienso, sin ir más lejos, en Claes Andersson, Olvido García Valdés, Chantal Maillard, Ramón Andrés, Jorge Riechmann…). Esta hibridación entre activismo, crítica y poesía, aunque a veces haya sacrificado al menos parte de la dimensión estética por una comunicación más clara, como sucediera con la denominada poesía social, no necesariamente tiene por qué hacerlo: pienso, por ejemplo, en la recientemente desaparecida Julia Uceda, José Manuel Caballero Bonald, Aurora Luque, Isabel Pérez Montalbán, Raquel Lanseros…
4) ¿Podría seguir considerándose la poesía como una forma de resistencia?
Sí, es una forma de resistencia frente a todos los poderes que en mayor o menor medida nos oprimen; de explorar y experimentar; de arremeter contra los límites del lenguaje en una aventura por expresar lo que permanece sin haber sido dicho; de reflexionar sobre la lengua con la que pensamos, describimos y juzgamos el mundo; de cuestionar, criticar, nombrar y conocer lo que sentimos y pensamos acerca de nosotros y cuanto nos rodea; de elevar lo particular a universal, el “yo”, irreductiblemente singular, al “nosotros”, inevitablemente social, y en este sentido desempeña una función ético-política fundamental, no sólo por iluminar posibles universales antropológicos, sino también por representar voces que nos acojan a todas las personas –¿a todos los seres?–, incluso a aquellas que no cumplen las exigencias recíprocas de la comunidad moral; de redefinir y redefinirnos, pero también de cantar y celebrar el incomprensible milagro de estar vivos, a pesar de los pesares y siempre con algún pesar. Por tanto, es una afirmación de la vida.
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Sebastián Gámez Millán
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