Acerca de la «Nueva Filosofía» y la cuestión de su autoría: el caso de Luisa Oliva Sabuco Cózar, conocida como Oliva Sabuco de Nantes Barrera – II – José Biedma López

Acerca de la «Nueva Filosofía» y la cuestión de su autoría: el caso de Luisa Oliva Sabuco Cózar, conocida como Oliva Sabuco de Nantes Barrera – II – José Biedma López

Acerca de la Nueva Filosofía y la cuestión de su autoría: el caso de Luisa Oliva Sabuco Cózar, conocida como Oliva Sabuco de Nantes Barrera – II

 

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Rústica y genial Minerva de Alcaraz

(Actualidad de la Nueva Filosofía de Oliva Sabuco, 1587)

El hermoso prólogo que Octavio Cuartero escribió para la madrileña edición (1888) de la Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos; la cual mejora la vida, y salud humana… (desde ahora la llamaré para abreviar NF) confirma nuestro punto de vista: el armonismo es el punto de vista filosófico que más se adapta a nuestro genio hispano: armonista fue el cordobés Séneca, a quien por mucha militancia estoica que confesase no le molestaba apropiarse de doctrinas de Epicuro1 o Aristóteles si las estimaba razonables (o las razonaba estimables), toda la filosofía del hispanorromano, tan cercana a nuestra sobria idiosincrasia, se puede resumir en la consigna de vivir en armonía con la razón común de la naturaleza que somos; armonista fue el genial Fox Morcillo, quien quiso sintetizar en un pensamiento original lo que había de esencial -o ideal- en Platón, con lo que había de sustancial y verdadero en Aristóteles; también lo fue el más internacional de nuestros pensadores españoles del XVI, el valenciano Juan Luis Vives2; y, después de Oliva Sabuco, tan armonista fue la filosofía de Giner de los Ríos como el eclecticismo del olvidado Tomás García Luna, o el pensamiento de Campoamor, de quien Cuartero se confiesa discípulo, y que merecería más atención histórico-filosófica; Ortega no busca otra cosa sino la armonía entre el sujeto ideal y la circunstancia real; e incluso armonista se podría interpretar el esteticismo de E. D’Ors, o el entrañable misticismo de María Zambrano. Es un error histórico, efecto de un papanatismo que ha leído la historia de la filosofía en clave protestante, afrancesada, anglosajona o germanófila, creer que no hubo filosofía moderna en España o que nuestros nacionales están negados para la reflexión teórica. Nos sobra genio filosófico, y lo que es todavía mejor, nos falta naturaleza dogmática. NF es una prueba admirable y originalísma de ello.

La idea de que la salud no es sino la armonía interna de fuerzas contrarias era sin duda antiquísima, incluso preclásica. Puede ser recordada en los fragmentos que se nos han conservado de Pitágoras y Heráclito3. Quien escribe NF conoce perfectamente la tradición filosófica pagana antigua, que había recogido lo esencial de la sabiduría de los gymnosofistas4. Bastante original es sin embargo que la/el enigmática/o autora y/o autor de NF la haga depender tan directamente del sistema nervioso y de las emociones…, ¡cerebrales! Por lo mismo, también la noción de la enfermedad como conflicto anímico o defecto moral (injusticia) se hallaba ya muy presente y decisiva en los escritos juveniles y centrales de Platón. También en ellos se analiza la triple relación entre cuerpo, alma y mundo, en términos de consonancia sinfónica, de ajustamiento armónico, mostrándose la mutua interdependencia del alma, el cuerpo y el mundo (cosmos). No obstante, la concepción racional (logos) del alma y su entendimiento (noûs) es atemperada en NF por la secular tradición psicológica agustinista. Así, la clave de nuestra vida moral y política no es la racionalidad, sino la voluntad de ordenar al bien común dicha racionalidad y la acción práctica consiguiente, o –dicho sea en términos teológicos- de incardinarla a Dios, de convertirla en amor de Dios, hasta que Lo veamos directamente5.

Sobre este asunto puede leerse el bellísimo capítulo “De la felicidad que puede haber en este mundo”, en el que Oliva, tras darnos magníficos y armónicos consejos prácticos, extraídos lo mismo de Platón que de Fray Luis de Granada, lo mismo de Cicerón que de Garcilaso de la Vega, del De contemptu mundi, de Las coplas de Mingo Revulgo o de los bellísimos versos de Fray Luis de León… nos indica que la trágica angustia existencial de nuestra condición tiene un significado trascendente, que ese tan humano «no hartarse con lo que tienes y no estar contento, esa sed y hambre te viene también de parte del alma (…), que como fue criada con tanta capacidad que puede caber en ella Dios, por eso nunca se hincha ni satisface con las riquezas, y cuanto más tienes, más deseas. Aunque ganes todo el mundo, no hinchirás ese deseo y capacidad de tu alma; porque como un triángulo no se puede henchir con una figura redonda, que es el mundo, así tu alma no se puede henchir con todo el mundo, si no es con Dios”. Comentando este pasaje, Sánchez Ruano nos remite a las Confesiones del Obispo de Hipona: ‘Fecisti nos, Domine, ad te, et irrequietum est cor nostrum donec requiescat in te’, “Nos hiciste para ti, Señor, e inquieto está nuestro corazón hasta que repose en ti”.

No obstante, algunas posiciones de la filosofía de NF pueden parecer materialistas: se coloca el alma en el cerebro, cuya condición es tan paradójica como que tiene sensaciones de todos los daños y conexiones del cuerpo aunque no las tenga de sí mismo… siente pero no se siente. O se hacen tributarias de la sensación todas las facultades cognitivas. Campoamor consideró “ultramaterialista” la posición de Sabuco porque absorbía la fisiología por la psicología. Pero por mucho que se apuren las armónicas condiciones fisiológicas o psicológicas de la vida humana, su concepto en la NF sigue siendo socrático e idealista; su finalidad, moral: la felicidad. Y la alegría verdadera depende sobre todo de la esperanza de bien y de la buena conciencia, de las virtudes morales, la música, la vida al aire libre y la conversación amistosa (eutrapelía), la cual, interminable conversación, no es otra cosa que el amor propiamente humano (como ha sugerido mi discretísimo colega J. A. Marina, en uno de sus celebrados ensayos).

La posición de Oliva es superior a la de Gómez Pereira o Renato Descartes, incluso me atrevería a decir que se adelanta a toda la antropología moderna6. Así, mientras que el autor de Antoniana Margarita (1554) reduce los animales a meros autómatas, negándoles las facultades propias del alma, NF se anticipa a la etología contemporánea atribuyendo movimientos, afectos y pasiones propias, tanto del alma vegetativa como al “espíritu sensitivo”, siguiendo en esto a los clásicos griegos (más prudentes que los modernos en casi todo). Y al contrario que el gran racionalista francés, en la antropología de NF no hay escisión esquizoide entre el cuerpo y el alma en nosotros, pues obviamente tendemos a ser una sola cosa y no dos: unidad psicosomática. En efecto, Descartes había separado tan radicalmente la extensión, del pensamiento, que luego toda la filosofía moderna halló serias dificultades para asentar puentes entre la sustancia material (o espacio-temporal), y el espíritu creador e inventivo propio de nuestra condición libre. Para la tradición cartesiana, el espíritu resultaba tan libérrimo que no dependía de nada ni de nadie, ni siquiera del cuerpo, sólo dependía directamente de Dios, a no ser que Dios acabase siendo el Yo Racional mismo, tal como sucedió en el idealismo alemán más exagerado; y por su parte, el cuerpo resultaba ser demasiado esclavo, una máquina deambulando ciega en un espacio tan absoluto como inhumano, con un fantasma (Geist) en su interior.

Precisamente la interacción y comunicación entre el alma y el cuerpo es el gran tema de NF. La cuestión de la relación de las pasiones con el bienestar físico y mental ocupa la mayor parte de los escritos firmados por Sabuco. Sin embargo, no hay confusión –como sucede hoy con harta frecuencia- entre etología y psicología humana. También los animales se enfadan, por supuesto, pero nosotros tenemos dolor entendido, estereoscópico, en tres dimensiones: recordamos los males, nos acongoja el presente, y nos asusta y angustia el porvenir. Nuestra condición nos parece mejor si tenemos en cuenta que también nuestra alegría puede ser estereoscópica. Nuestra memoria puede seleccionar recuerdos agradables, nuestro pensamiento puede elegir acciones que no nos deparen enojo, y nuestra imaginación puede esperar la salvación en Dios. Como ha dicho recientemente el popular siquiatra Luis Rojas Marcos, nosotros nos diferenciamos de los monos, sobre todo, porque podemos emocionarnos por un pensamiento. Podríamos ir más lejos: la gran capacidad creadora del animal simbólico en que consistimos se sigue sobre todo de la posibilidad de promover sentimientos dichosos, saludables y decentes, usando el pensamiento lógico y la imaginación simbólica. De hecho, ampliando nuestro vocabulario moral mejoramos ipso facto nuestra percepción moral; la crisis de valores equivale así a la miseria del lenguaje que usamos para pensarlos. A falta de cultura moral, seguimos juzgando, desde luego, pero lo hacemos con un rústico e impreciso instrumento, en lugar de utilizar un bien calibrado “valorímetro de precisión”.

La voluntad es en esto, como en todo, la facultad específica y especial, aunque encuentre su asiento en el cerebro y no donde la ponían los antiguos (en el vientre o el corazón)… «También la voluntad está allí [cerebro] y no en el corazón, miembro cárneo y no apto para las especies» (NF, Col. 1º, T. LXII). Las palabras en cursiva fueron suprimidas por la Inquisición. En la edición de Sánchez Ruano (Salamanca, 1867) se ofrecen en un apéndice todos los pasajes censurados por la Inquisición con la aparente intención de que “el lector deseche como heterodoxas y condenadas las proposiciones de Oliva que el Santo Oficio anatemizó”. Uno se divierte pensando lo mucho que debe el ingenio literario español a las constricciones ejercidas por la ortodoxia católica. Pero en efecto, NF no erraba al afirmar que el cerebro es la sede del alma, raíz de la vida, origen y principio de todos los movimientos del cuerpo y centro de la sensibilidad y de la nutrición, donde se elaboran los buenos y los malos jugos como savias y fuerzas vitales (Vera philosophia de natura mistorum, hominis et mundi). No es de extrañar que la mayor parte de la energía que tomamos de los alimentos la consuma el sistema nervioso.

La antropología de NF es, para a​ñadirle contemporaneidad, una antropología dinámica: «También por otra semejanza se dijo el hombre mundo pequeño, porque así como en este mundo todas las cosas que tienen vida (…), todas tienen una reliquia y sabor de Luna, que o están en cremento o en decremento; y así el hombre, o está en cremento, que es la salud (…) o está en decremento y enfermedad» (NF, 1º, LXII). O sea, que como los árboles: o crecemos o menguamos. La salud se conserva en el movimiento, lo que explica por qué el trabajo es más saludable que el ocio, padre de todos los vicios… «La pereza y ocio demasiados, y mucho dormir, hace caer del celebro humor y jugo vicioso, que hace gafos y tullidos (…). La ociosidad es imagen de la muerte, y el ocioso, del hombre muerto; corrompe la salud del hombre, como las aguas estancadas, que no se mueven, se corrompen y hieden» (Coloquio del conocimiento de sí mismo, Título XIX, “De la pereza y ocio…). ‘Itaque omnis forma vivens motum paternum sapit, nihilque vivens phisyeum consistentiam habet’ (Dicta brevia circa naturam hominis). Pero el arado de Oliva Sabuco -esta “rústica Minerva”, como ella misma se llama- cava más hondo: cuando describe los fenómenos naturales ya apunta indicios de que la materia no es inerte por esencia, sino activa de suyo: ‘omnia in motu’, ‘omnis forma mutatur in horas’ (Dicta brevia…).

Por tanto el hombre es un árbol del revés cuyas raíces cerebrales conectan con el cielo, de donde cayeron el ánima racional y la voluntad creadora. La recurrencia de este símbolo del árbol celestial, presente en el esoterismo hebraico, la consideración venenosa del menstruo, la escasez de símbolos cristianos (lo cual no obsta para que atribuyamos al autor de NF una profunda religiosidad anticipadora del deísmo), o la dura crítica tanto a la tradición médica árabe como a la cristiana, juegan como indicios que apuntan a un origen judío o converso de la familia Sabuco, contra la opinión de Sánchez Ruano, que se atrevió a ensayar la hipótesis morisca. Creo que la profesora Beatriz Cruz Sotomayor comparte con nosotros esta especulación del origen judío o converso de la familia Sabuco7. Aunque desde el punto de vista del valor de la obra este dato histórico sea por completo irrelevante, como también lo es el enigmático y tal vez irresoluble problema de la autoría8, el travestismo del autor, el acento femenino del arranque de la obra, la dificultad para considerar profano en medicina a quien tanta medicina de la época y de la antigüedad conoce, el extraordinario dominio de las fuentes y el manejo ejemplar tanto del latín como del español (terso, sobrio, extraordinariamente vivo), todos estas circunstancias no hacen sino añadir encantos a una obra tan original como poco conocida, y peor comprendida y estimada, incluso en su tiempo.

¡Y tan actual! Me referiré a algunos aspectos más que corroboran este juicio de la actualidad de la NF. En la obra se espigan ejemplos de cómo influyen los colores en el ánimo y se enfatiza el importante papel de la imaginación y de la fantasía en la economía de las emociones. Quien escribe la obra sabe muy bien que la moral y la política dependen del concepto que tenemos de nosotros mismos, que tanto la ética y política, como también la psicología, dependen del conocimiento de sí y de la imagen que nos formamos de nosotros. Como explica Sánchez Ruano, la obra de Oliva desarrolla una “antropología instintiva” avant la lettre, un tratado de las sensaciones, los afectos y pasiones; y a la vez, una antropología intelectual que trata de la inteligencia; y otra práctica que estudia nuestra voluntad, nuestro querer (Sánchez Ruano). Esta estructura se corresponde con la teoría desarrollada en NF sobre las tres celdas o salas del cerebro: la primera, sede de la percepción y el entendimiento; la segunda, sede de la imaginación, del juicio, de la estimativa y la voluntad; la tercera, sede de la memoria, que conserva la especies (figuras sin espacio).

Siempre he pensado que uno de los más originales aportes del pensamiento filosófico hispánico de todos los tiempos, por lo menos del más independiente respecto de la religión, sin excluir la etapa musulmana, es el aprecio que siente por la imaginación en la economía cognitiva y práctica de la mente humana. La escolástica había despreciado esta facultad, tachando injustamente a la fantasía de “loca de la casa”. También aquí, NF es una muestra paradigmática del punto de vista nacional y moderno, incluso postmoderno: «La imaginación es un afecto muy fuerte y de grande eficacia. Es general para todo, es como un molde vacío, que lo que le echan eso imprime. Y así, si la imaginación es de afecto que mata, también mata como si fuera verdad (…), en tanto que si se sueñan o piensan dichosos y felices, obra en ellos como si fuera verdad. Y, por tanto, te doy este consejo: juzga el día presente por felice.» (Col. del conoc. de sí mismo, tit. LIII). La imaginación tiene por consiguiente un papel central no sólo en nuestro bienestar moral sino también en nuestro bienestar físico9.

Goleman o Damasio tendrían que haber citado como precedente a Oliva Sabuco en sus brillantes trabajos sobre Inteligencia emocional. En ese terreno nos jugamos los humanos la consecución de los fines naturales de nuestra acción moral: salud, felicidad y dignidad. Por lo mismo, las emociones que se salen de madre, provocan manías y pasiones que fácilmente devienen enfermedades10. NF había puesto también de manifiesto el importante papel mediador de la imaginación en la movilización o aplicación de nuestros conocimientos en todas nuestras actividades vitales, desde las más cotidianas a las más trascendentes, por eso, como aclara el pastor filósofo “todos los animales traen la cabeza baja, mirando a la tierra, y el hombre solo la trae alta, siempre derecho, mirando el cielo (…), porque como el origen y nacimiento del ánima del hombre fue del cielo, quedose así, como colgada dél, y tomó su principal asiento, y silla en la cabeza, y celebro del hombre (como la raíz de las plantas quedó asida al revés en la tierra) y allí en el alcázar real, donde había de estar el ánima divina» (Col. del conoc. de si mismo, LXVI). No es menor el papel que juega la imaginación en el campo ético al permitirnos “ponernos en lugar de los demás”, al imaginarnos como siendo otros.

La idea de la filosofía ética como therapeya psyches (cuidado del alma) fue un invento socrático, y actualmente hace fortuna con la propuesta de Lou Marinoff, el autor del popular Más Platón y menos Prozac. La obra de Luisa Oliva es un eslabón histórico importante en esa cadena. Contra la depresión y estrés (esa melancolía y esa angustia que atenaza a los urbanícolas de las “avanzadas” sociedades del presente) NF propone una serie de medidas psicofisiológicas, que sustituyan la tensión por armonía, entre el microcosmos que somos y el macrocosmos al que pertenecemos:

  • Actividades y trabajo moderado, pues tampoco vale el trabajo como huida o adicción. Se lamenta en NF que tantos se dediquen a trabajos improductivos y de lo poco protegidos que están quienes con sus tareas útiles y provechosas nos proveen de lo imprescindible para la vida: «Ahora vemos lo que pasa, y cuan pocos echan mano a la esteba del arado, y cuan muchas las contiendas, marañas y pleitos, y muchos los letrados, y muchos los zánganos, y muchos los mercaderes, y los que se dan á holgar: que cierto en esto también se había de mejorar el mundo favoreciendo mucho á los labradores, que estos son los que llevan el trabajo…» (Coloquio de las cosas que mejoran las repúblicas).

  • Huir de la rutina que provoca fastidio, pero no tanto que olvidemos que la rutina –como dice el filósofo galduriense Emilio López Medina- es “el preservativo de la locura”.

  • Contacto con la naturaleza, medio ambiente sano… Rumor de árboles sacudidos por el viento.

  • Aromaterapia, cromoterapia.

  • Buena conversación, en que podamos desarrollar nuestras actitudes morales (no sé si contaría el chateo que evita los riesgos, pero impide la satisfacción natural del contacto físico).

  • Amistad y amor a su semejante (da salud al hombre, o sea, a la mujer y al varón).

  • Ausencia de ruidos, o el deleite de la buena música.

  • Placeres sencillos, austeros, sobrios11.

  • Armonía alma-cuerpo. El pesar es entendido como “discordia entre alma y cuerpo”.

  • ”Empentas” espirituales (afectos): esperanza de bien, alegría y contento.

  • La templanza es la tercera “empenta pues conserva el “calor concertado del armonía segunda del estómago”.

La NF es una muestra importante de que la filosofía española del siglo XVI no fue sólo aristotélica (escolástica) o mística, sino también escrutadora, independiente y reformista (en el sentido propio de esta palabra). Constituyó y constituye obra original, enigmática, sorprendente, situada en esa transición de la Edad Media al Renacimiento en que se abren nuevas perspectivas, pero aún se conservan los valores del pasado, de la sociedad tradicional y campesina, el encantamiento de la naturaleza, vista más como Creación divina, que como un mero medio a explotar o en el que depredar, en esa caldera del Renacimiento en que hierven como embriones muchas de las criaturas más refinadas pero también muchos de los dragones y monstruos más terribles de nuestra contemporaneidad presente. Como escribió Octavio Cuartero en su bello prólogo de 1888 a NF, “no recordamos ni una teoría, ni un sistema de los que más ruidosamente se han discutido en Europa del siglo XVI a nuestros días, que antes no bullera en germen o hallárase a la perfección desenvuelto en obras de pensadores españoles”.

De la NF resulta apropiable lo que también lo es de las obras clásicas del pensamiento del XVI, ¡ojo, que si son españolas pueden estar inéditas u olvidadas!: su naturalismo que apuesta por la aceptación de lo que somos (tierra) sin renunciar a lo que ansiamos (cielo); su armonismo, que busca la conciliación de los opuestos, cuerpo y alma, alma y mundo, acentuando también –y en otro plano- más lo que une a autores diversos que lo que los muestra adversos; su pacifismo cosmopolita (irenismo, se llamó entonces) que halla fórmulas para la integración y el diálogo entre las culturas más distantes o las naciones enfrentadas por la avaricia de los hombres y la ambición de los políticos; una concepción integral de la educación, que no descuida lo imaginativo y lo emotivo por primar lo racional, y que insiste en el valor de lo narrativo y de las ilusiones, tónicos de la voluntad; una comprensión unitaria de lo que somos: naturaleza y cultura, cuerpo y alma, memoria y espíritu creador, tradición e inventiva; una apuesta decidida por la dignidad del humano, basada sobre todo en su capacidad de elección y de transformación perfectiva (progreso): pues la honra está en nuestras manos y no en las ajenas (‘honor in manibus tuis’).

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José Biedma López

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Notas

1 Mi colega Eduardo Ruiz Jarén opina que la sensibilidad moral de doña Oliva es principalmente epicúrea. Cfr. su excelente trabajo divultativo: Oliva Sabuco de Nantes. Filosofía, ciencia y mujer en el Renacimiento del Sur. Jaén 2006.

2 E. Ruiz Jarén considera probadas su influencia en NF.

3 Parece un tanto peregrino o exagerado suponer un conocimiento profundo de la filosofía oriental por parte de la autora de NF, suponer que había tenido oportunidad y tiempo para leer no sólo toda la literatura clásica occidental, sino además el Kama Sutra , la tradición taoísta, etc.; o que “chilo” viene del taoísta “ch’i lo”, a través del griego Khylos (jugo), pero es lo que hacen María Elena Vintró & Mary Ellen Waithe en su meritoria “General Introduction & Translators’ Notes to the Two-volume English translation of first edition (1587) of Oliva Sabuco: Nueva Filosofía… New Philosophy of Human Nature”. Domingo Henares, uno de los mejores conocedores de la NF, critica la traducción inglesa del título, al faltarle literalidad. Es sabido que en filosofía, “hombre” ha significado desde antiguo, “la condición humana”, y no sólo el “varón varonil”, que diría el poeta. En cualquier caso, lo que sí es cierto, como dicen las autoras citadas, es que “she does not strictly follow the tradicional Judaeo-Christian account of Genesis. She claims that she mainly follows Plato’s description of the Creation in the Timeaus”.

4 El parecido entre el taoísmo y Heráclito por ejemplo puede deberse más a analogías culturales derivadas del parecido nivel de desarrollo urbano y económico, que a una influencia directa o indirecta de textos o enseñanzas, muy improbable hasta la época helenística.

5 En Vera Medicina, cuando el doctor que dialoga con el pastor Antonio pregunta a éste de dónde le vienen sus conocimientos, este contesta en clave iluminista: lo que el alcanza a vislumbrar y decir le viene de Dios mismo, allí en el prado, entre los rebaños.

6 Mary Ellen Waithe confirma este punto de vista: “Sabuco’s view is more explicitly among the precursors of contemporary medicine and psychiatry than in the Cartesian view”, A History of Women Philosophers/2 vv., Netherlands,1989.

7 En algún texto sobre la suerte de los conversos o sobre los sefarditas españoles he leído que fue común que muchos de ellos escogieran en la España tardo-medieval nombres y apellidos vegetales para evitar los del santoral cristiano. “Oliva” y “Sabuco” remiten a plantas muy mediterráneas. “sabuco” es la forma arcaica de “saúco”, el nombre de un arbusto que llega a árbol, de la familia de las caprifoliáceas, de hojas aserradas, con fruto de color negruzco o rojo, y cuyas flores se usaron cocidas como sudorativas en medicina tradicional.

8 El tema de la autoría de NF se ha politizado en la actualidad, y así sobre la autoría se esgrimen argumentos más retóricos y sofísticos que científicos o dialécticos (académicos). El asalto feminista al poder puede ser considerado perfectamente legítimo y necesario –incluso mágico y santo, desde luego, tras siglos de opresión machista- pero en ningún caso el fin justifica la bondad ética de los medios. La tergiversación no puede ser considerada un buen medio. Por el momento, no hay razones científicas que nos permitan asegurar al cien por cien la autoría femenina de NF, y no es serio ocultar los importantes indicios documentales a favor de la autoría paterna de NF, o distorsionarlos. Tampoco es imposible que Miguel Sabuco y Oliva Sabuco colaborasen en la redacción definitiva de la obra. En cualquier caso, los hechos son contingentes, como meramente probables las explicaciones históricas que elaboramos sobre ellos. La necesidad es un concepto lógico-matemático, no empírico. De modo que quien afirme la “necesidad” de los hechos históricos (¡qué bien lo vio Popper!) nos priva de la dignidad de nuestra condición (fundada en la libertad) y se comporta como un fanático o fanática, peligroso o peligrosa.

9 “The imagination has a central place in physical as web as moral web-being” (Mary Ellen Waithe). La misma autora también se refiere al “central rol of the imagination in human moral emotions”.

10 Como ha escrito la muy sensata pedagoga sueca Inger Enkvist también se puede llamar autocontrol, autodeterminación, perseverancia y capacidad para motivarse a sí mismo lo que “por razones desconocidas” Goleman llama “inteligencia emocional”, en lugar de “autodisciplina” y “consideración hacia los demás”. La educación en peligro, Grupo Unisón ediciones, Madrid, 2000.

11 Como afirma Eduardo Ruiz Jarén, NF insiste en virtudes no destacadas por el cristianismo.

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