Caravaggio y lo inefable – III: «Seppellimento di Santa Lucia» – Francisco Molina González

Caravaggio y lo inefable – III: «Seppellimento di Santa Lucia» – Francisco Molina González

Overview

Caravaggio y lo inefable – III: Seppellimento di Santa Lucia

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Michelangelo Merisi detto il CaravaggioSeppellimento di Santa Lucia [ca. 1608 – Chiesa di Santa Lucia al Sepolcro – Siracusa – Sicilia – Italia]

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Caravaggio y lo inefable – III: Seppellimento di Santa Lucia

Como decíamos, en la obra de Caravaggio desaparece lo milagroso y, en su lugar, surgen elementos
que se articulan con la idea pictórica del vacío, lo inefable estético. El entierro de Santa Lucía es
una pintura sombría, casi monócroma, la atmósfera se mastica, el muro palpita con una extraña
mancha gris que lo inunda todo. La escena está iluminada de forma descendente que se conjuga con
diagonales en aspas de los dos enterradores, recalcando su presencia por el golpe de luz en las
nalgas de uno de ellos, Ambos, con función de paréntesis, sirven para cajear como un sarcófago el
espectro de la difunta.

Michelangelo Merisi en este cuadro va a utilizar el báculo y la mitra del obispo como un módulo de diseminación, como lo hizo con la cruceta de la ventana de la Vocación. En este sentido, el cabezal del bastón clerical es la referencia de todas las curvas, que se inician en la espalda encorvada y el cráneo de uno de los sepulturero, el más iluminado, y continúa por la penumbra arqueada de la bóveda
arquitéctonica. A esta forma curvilínea se contrapone, a su vez, otra forma equivalente al otro lado
del lienzo, generada por la esquina de una estancia vacía y la sombra curva del gorro del obispo en
la pared. Esta estructura combada del báculo se propaga también en la inclinación de la cabeza del
personaje central, clero, de la capa roja y de otro asistente cercano. La duplicación de elementos es
la clave de esta pintura pues se repite con las caras de otros tres personajes que miran casi en la
misma dirección, uno de ellos probable autorretrato de Caravaggio en tres cuartos.

Por otra parte, la vara del báculo genera resonancias, pues es paralela al brazo de uno de los
enterradores. y su predominante posición marca el límite de lo visible de la escena. Otro foco de
reverberación son los perfiles del gorro eclesial, que se expanden como ondas al brazo y la pierna
de uno de los enterradores y, el otro perfil de la mitra, a la pierna del otro funerario. Pensamos que
las diagonales son las dominantes en esta obra de Caravaggio, pero las curvas ocultas generan
ritmos en toda la composición que se mueven como olas ascendentes hasta chocar como espuma
blanca en la rocosa mitra.

Como se ha visto en otras obras de Caravaggio, las manos, en su reiteración, se convierten en
signos, y si la del mitrado representa con su palma la paz eterna para la difunta, ligeramente detrás hay otra con forma de garra que representa el desgarro. Las manos con los dedos entrelazados del
eclesiástico de capa roja, que aparecen en algunas otras obras, aluden a la entrega, rendición, ante lo
imponderable.

En resumen, como en otras pinturas tiene presencia una puerta oscura, arco, que no se ve la salida, y
la atmósfera siempre cargada da el tono lúgubre al conjunto. En segundo lugar, como en el caso de
la cruceta de la Vocación se producen ritmos a partir de elementos simbólicos como el báculo y la
mitra, lo que deriva en reverberaciones de líneas y ecos de elementos. En tercer lugar, las manos
como componentes significativos de los estados del alma.

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Francisco Molina González

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