Caravaggio y lo inefable – I : «Vocazione di san Matteo» – Francisco Molina González
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Caravaggio y lo inefable – I : Vocazione di san Matteo
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Caravaggio y lo inefable – I : Vocazione di san Matteo
¿Qué es pintar? La fascinación que surge cuando trazamos un grafismo o depositamos un poco de
pintura en una superficie es algo revelador, es como si lo hiciéramos por primera vez. Pollock
descubrió su forma de pintar al dejar caer casualmente un poco de pintura en el lienzo, de repente la
rutina de lo que había venido haciendo hasta ese momento se difuminó en su memoria mientras se
ampliaban sus sensaciones con lo que había encontrado. Así podríamos enumerar la forma de
proceder de muchos artistas. Por esto, pintar es descubrir la pintura.
En el caso de Caravaggio, la revelación pudo surgir al contemplar, ya terminado, la obscuridad que
se desprendía de la parte superior del lienzo en “La vocación de San Mateo” por la sombra de la
contraventana sobre una entrada oscura. Conviene señalar que tanto los tragaluces como las puertas
y oquedades oscuras van a ser constantes en sus obras de gran tamaño, como aparece aquí, apenas
perceptible y justo detrás del personaje que está de pie. Este hallazgo, de superponer sombras, le
llevaría a trabajar a partir de la imprimación a conseguir personajes integrados en atmósferas densas
e irrespirables. Así pues, no sólo descubrió la fuerza que daba recortar a sus figuras con un sólo foco
de luz sino también el misterio que se manifestaba al pintar el espacio vacío.
Pero, además, del notable hallazgo sobre la representación de espacios sin fondo, añadió la
dinámica de los elementos rítmicos de carácter abstracto, como se puede ver en esta pintura, a partir
de la diseminación del módulo en forma de cruz de la ventana, que se transforma en la referencia
cartográfica de las zonas de luz por todo el lienzo. En este sentido, el grupo de los individuos
sentados parecen moverse dentro de un cuadrado invisible, una de cuyas aristas coincide con el
lateral de la ventana y la otra con el perfil de la puerta, Este difuso esquema es el referente de otro
cuadrado casi negro y de menor tamaño, situado justo debajo de Jesús y Pedro. Por lo tanto, se la
puede definir la Vocación como una pintura de tendencia geométrica. algo innovador para la época,
donde la perspectiva había predominado durante varios siglos.
Más aún, el asunto no termina aquí, Caravaggio aumentó la complejidad del cuadro solapando a
estos elementos modulares con una diagonal lumínica que alterara toda la escena. En este sentido,
resulta evidente que la mano extendida de Jesús, justo debajo de la cruceta de la ventana refleja la
intención simbólica del autor de vincular ambas, y que, además, supusiera su propagación un
ejercicio reiterado de dedos índices señalando a Tomás.
Por otra parte, Jesús y San Pedro, que aparecen de forma modesta sin los querubines, acaban ocupando un espacio de punta de flecha visual, dirigida también hacia el mismo lugar. Todos este juego de órganos y espacios se contraponen con las manos cerradas, puños, que apiñan el dinero del personaje ajeno a la escena situado al final de la mesa.
De lo expuesto se desprende que el faro de luz adopta a su vez la forma de otro dedo indicador, una
metáfora de la mano del demiurgo, cuya presencia se puede considerar una correlación entre lo
divino y lo humano, pues su forma supone, por encima de todo, la sustitución de elementos
celestiales tradicionales, por intangibles como la luz, el aire, la atmósfera, que son el origen de lo
inefable en su obra, con toda su carga estética y simbólica.
La supuesta simplicidad o esquematismo de esta obra, anuncia y conjuga de forma muy incipiente
elementos muy diversos, como la representación de la oscuridad de las estancias vacías, el realismo
más descarnado por la utilización de un sólo foco de luz, la distribución geométrica del espacio, y la
sustitución del simbolismo mítíco y religioso por fenómenos naturales. Todo ello dentro de una
pintura religiosa convencional.
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Francisco Molina González

